Valentina, de Guido Crepax

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

Valentina era una de mis tantas carencias como lector de tebeos. Cosas de nacer cuando el invento llevaba ya en marcha cien años, qué le voy a hacer. Afortunadamente he podido empezar a ponerme al día gracias a la reedición que está publicando en tomos Norma; hace un par de meses publicaron el tercero.

            Es una serie que viene con la vitola de obra maestra, lo cual a estas alturas es mejor obviar cuando uno se enfrenta a cualquier cómic, porque he aprendido que es un calificativo que a menudo no sólo es excesivo, sino que responde a la nostalgia, o simplemente a la coyuntura de su momento. Vamos, que no todas las obras maestras del cómic lo son leídas décadas más tarde, y yo creo que precisamente eso es lo que debería ser una obra maestra: atemporal. Así que siempre es preferible dejar la etiqueta a un lado y leer por uno mismo.

            Pero no quiero perderme: estaba con Valentina. La creación de Guido Crepax está en mi cabeza junto a muchas otras del tebeo europeo que a mediados de los sesenta abrieron una puerta hasta entonces vetada: aquella que llevaba a lo adulto. Lo que se entendía como adulto en el cómic entonces, claro, que no es exactamente lo que ahora, en el tebeo actual, algunos entendemos como adulto. Pero fue un gran paso. Con los Hugo Pratt, los Liberatore, Crepax comienza a realizar historietas que trascienden los límites férreos de lo juvenil e infantil que imperaban en el cómic de su época. Y ése es su primer y gran valor. Y además en Valentina se aprecia ese tránsito muy bien. En su primera historia, La curva de Lesmo (1965), Crepax arma una aventura tradicional no muy diferente de la que podía encontrarse en los cómics de Bonelli, con sus intrigas, sus intentos de asesinato, y sus magnates con oscuros secretos. El protagonista es, o iba a ser antes de que Valentina irrumpiera en escena, Neutrón, un personaje masculino intrépido al uso, una especie de investigador con la facultad de paralizar con sus ojos a las personas y a las cosas: nada que no hubiéramos visto ya, y no sólo en los cómics de superhéroes, sino también en los folletines o en el pulp. En los siguientes van apareciendo elementos que también remiten a ese pulp, más o menos fantásticos: dobles alienígenas, magia, y sobre todo una civilización intraterrestre que tendrá mucha presencia en varias aventuras, pero al mismo tiempo Crepax empieza claramente a verse constreñido por esos temas y se escapa en cuanto puede. Él quiere hacer otra cosa, no quiere hacer el tebeo de siempre para niños, lo que demuestra que esa necesidad, esa inquietud artística que hoy anima a la mayoría de los novelistas gráficos ha estado ahí desde hace tiempo, lógicamente.

Crepax, como casi siempre les sucede a los francotiradores del arte, a la avanzadilla, paga los inconvenientes del ensayo y error. Él empieza a introducir nuevas fórmulas y nuevos elementos, principalmente un erotismo elegante y sofisticado centrado en la figura sensual de Valentina, convertida ya en protagonista absoluta, pero también comienza a dibujar escenas oníricas que se convierten muy pronto en el gran atractivo de Valentina: la increíble imaginación de Crepax dibuja un mundo de sadomasoquismo extrañamente delicado, alimentado por los deseos nada reprimidos de Valentina, cuyos sueños se mezclan con la realidad continuamente. Por supuesto, la habilidad de Crepax para dibujar mujeres —para mí, increíblemente más atractivas que las de Manara, famoso por ellas— tiene mucho que ver con el éxito de esta propuesta, pero también el bondage elaborado, la ropa de principios de siglo, la estética art decó y esa decadencia que impregna cada ilusión de Valentina. Es curioso porque hoy, cuarenta y tantos años después de las primeras historias, todavía conservan la mayoría de escenas esa carga erótica y excitante. Que todavía ponen, vaya. Y eso es un gran mérito, porque la sensibilidad ha cambiado muchísimo, y los gustos sexuales creo que también.

Pero cuando decía antes que Crepax pagaba el precio de ser el primero, no me refería a todo esto, que lo hace más que bien. Me refiero a que se siente obligado a contar una aventura, tiene que haber peripecia, algo que justifique el tebeo, porque los tebeos cuentan cosas. Y Valentina que es un excelente cómic de sensaciones, de ambientes y de surrealismo puro que llega directo al cerebro, tiene que cargar con tramas que, en muchas ocasiones, da la sensación de que no interesan demasiado a Crepax. Muchas realmente cuestan entenderse o seguirse, avanzan a trompicones o no lo hacen en absoluto. En alguna de las primeras historias tiene que recurrir al torpe recurso de explicar una vez ha terminada la acción qué es lo que ha pasado. En otras sencillamente todo es tan farragoso e incomprensible que es mucho más gozoso entregarse al disfrute de la estética y olvidarse del argumento. Pero, más adelante, en historias posteriores, como Baba Yaga (1971-1972), cuando Crepax dedica más atención a esas tramas y están más hechas, más maduradas, su propuesta pierde mucho encanto, como si ese mundo de los sueños que inventa fluyera más cómodamente en un mundo real con menos sentido. Es una paradoja de difícil solución.

Todo esto, por supuesto, da lo mismo, en realidad. Si Valentina ha pasado a la historia es por sus muchas virtudes, no por sus defectos. Por la sensibilidad de Crepax y su gusto algo perverso, y por su sensualidad algo melancólica, que se acentúa con los años, según va envejeciendo Valentina. Y también, evidentemente, por su talento como dibujante. Crepax entiende muy pronto que la extravagancia visual que quiere mostrar, esas ideas locas que se le ocurren para sus estampas eróticas, necesitan una puesta en escena acorde con su ambición, y así se lanza a la experimentación más radical con el montaje de página, a la que concibe como un todo orgánico que diseñar como tal, no como mera acumulación de viñetas. Juega con tamaños y formas, alarga las viñetas, las acorta, acumula pequeñas sucesiones de imágenes de detalles simultáneos, y sobre todo sorprende siempre, de un modo extraordinario. Tiene cierta influencia, o al menos yo se la veo, de Harvey Kurztman o Jim Steranko. Se suele mencionar también el cine y las técnicas cinematográficas como una fuerte influencia, pero no estoy muy de acuerdo. Crepax hace hincapié en el marco, en lugar de hacerlo transparente, para empezar usando un elemento extradiegético como es el contorno de la viñeta para señalar si la acción contenida en la misma es real o pertenece al mundo onírico de Valentina. Sinceramente, estoy convencido de que el jazz que tanto le gustaba influye mucho más en la narrativa de la serie que cualquier otra cosa. Crepax es un maestro del blanco y negro, quizás de los mayores que ha tenido el cómic, y un excelente entintador que dota de un acabado algo sucio y muy atractivo a sus dibujos. Tiene además un aire descuidado en su trazo, una manera ligera de dibujar las figuras, que no tenía nada que ver con los estilos imperantes en Europa, donde el acabado era perfecto y el dibujo bonito, vistoso. Crepax además comienza dibujando de una manera tosca, con mucho ángulo recto, de un modo que me recuerda poderosamente al que años más tarde tendrá Eddie Campbell de dibujar los rostros y los cuerpos. Después, progresivamente, estiliza las figuras y se vuelve más sinuoso, más curvo, buscando —y encontrando— un estilo mucho más acorde con la voluptuosidad de sus escenas.

Además, claro, está Valentina. Como personaje y como mujer, se convirtió muy pronto en un icono. Y su análisis es fascinante y contradictorio. Por un lado, es una mujer sexualmente liberada, consciente de su cuerpo y sin ningún tipo de complejo. El mero hecho de sentir apetito sexual, de imaginarse a sí misma en todo tipo de situaciones excitantes, ya supone una revolución en la época. Valentina además tiene una profesión de hombre, es fotógrafa, viaja por todo el mundo y es medianamente independiente. Además mantiene relaciones con varios hombres a la vez, no pasa por el altar para tener un hijo, y lo que es más relevante: no cambia de estilo de vida cuando lo tiene. Sigue haciendo exactamente lo que hacía, incluso en el terreno sexual. Tiene una ausencia de moral —ella y Crepax, claro— refrescante y maravillosa. Sin embargo, por otro lado es un personaje muy pasivo. Valentina, excesivamente ingenua, se deja arrastrar siempre al peligro por necesidades de guion, es constantemente engañada y necesita ser salvada por un varón. Como corresponde a su erotismo, tiene una tendencia asombrosa a quedarse desnuda o a cambiarse de ropa constantemente, pero en ese exhibicionismo no sería lógico ver machismo: ella también disfruta de su cuerpo y de su desnudez. Valentina tiene muchas caras, aunque no lo parezca, y además es una mujer de una belleza extraña, nada típica, magnética, que puede excitar más con una mirada sutil dibujada por Crepax que con su cuerpo desnudo. Y finalmente, también es una mujer culta de su tiempo, en contacto con las escenas artísticas de cada ciudad que visita, amante del arte y de la música, aunque a veces haga gala de cierta frivolidad y pase demasiado tiempo en la cama, abúlica, en brazos de su propia y desbordante imaginación.

Me queda mucho por leer, porque Crepax, a pesar de que hizo muchas otras cosas, nunca abandonó del todo a su personaje fetiche, algo que por otro lado era inconcebible no tener en el cómic europeo hasta hace un par de décadas. Imagino que Valentina no mantendrá el mismo nivel, como no lo mantiene ninguna otra serie una vez al autor se le acaban las ganas o las ideas, aunque espero que mantenga ese sentido de lo erótico tan particular y la experimentación constante, que no caiga en trucos y amaneramientos. Sí supongo que tendrá un interés claro: Valentina envejece, y en su última aventura morirá. Y creo que el tipo de historia que hace Crepax puede tener mucho interés con una mujer madura. Ya iremos viendo, en todo caso. 


About these ads

15 comentarios

Archivado bajo Reseñas

15 Respuestas a “Valentina, de Guido Crepax

  1. el tio berni

    Una espléndida reseña, casi me dan ganas de leer Valentina, que solo he catado en pequeñas dosis y nunca disfrutado en demasía. Por cierto, la extraña belleza de Valentina no era otra que la de Louise Brooks.

  2. Gracias, berni! Es curioso lo que me pasa a mí: le veo los defectos, pero cuando esos defectos desaparecen, la serie me gusta menos. Y lo de Louise Brooks no lo sabía, pero, sí: http://tinyurl.com/caxxh2t

  3. jeremias ariel

    No eres del todo justo con Valentina, a mi entender.

    La peripecia lastra un poco en el primer libro tal vez. Las peripecias del segundo y tercer volumen son algo muy distinto.
    El capitulo en que hace un recuento de lo sucedido al final es “la fuerza de la gravedad”, justamente, uno de los mejores. En realidad este, junto con “Marianna va a la montaña” (memorable en esta historia la secuencia en que se ubica Philip Rembrandt en el medio de Marianna y Valentina y Crepax juega ocn los planos y contraplanos y el corte de la viñeta para dar a entender la mimetizacion de ambas a nivel fisico e intelectual) y “Valentina de botas” son una saga cuyo argumento, y conceptos que los componen son en realidad fascinantes, y tienen mucho mas peso filosofico y fundamento del que se suele señalar.
    En esta saga Crepax plantea como unas entidades extrañas a este mundo manipulan a los protagonistas de la historia (aunque diera la impresión de que manipulan a toda la humanidad) para sacar provecho de ellos. Crean maquinas capaces de emular y aprender los sentimientos humanos con el objeto de preparar un medio adecuado para dicha explotacion. Plantea cosas tan interesantes como el reemplazo de personas por maquinas entrenadas para la vida social, lo cual a mi entender, es una metafora de la alienacion de la vida moderna.
    Inclusive sugiere que estas entidades “cultivan” seres humanos, o replicas de estos. A lo matrix.
    Es decir, hay algo muy oscuro e inquietante en todo lo que Crepax esta diciendo sobre la vida moderna, la tecnologia como medio de control, y las patologias psicologicas como concecuencia de este control.
    No son aventuritas, es algo mas cercano a Ballard o Burroughs que a Los Naufragos del Tiempo o Valerian.

    Si a estos conceptos le sumamos el extrañisimo y bellisimo contenido erotico, y la extrema experimentacion con el diseño de pagina, obtenemos una obra cuya lectura es no-lineal. Es una obra que afecta la conciencia de manera total, un complejisimo y sofisticado sistema de combinacion de simbolos. De hecho, es el sistema de simbolos y significantes mas sofisticado de la historia del comic al momento que aparecio, y lo sigue siendo hoy!!! Eso es lo mas sorprendente.

    Cuando uno conoce a Crepax (lo descubri hace no mucho y me voló la cabeza) queda anonadado por lo radicalmente innovador de su propuesta. He probado mostrarle Valentina a gente no particularmente comiquera, todos coincidieron en que nunca habian visto nada parecido. Y eso es algo que vale la pena decir: no existe nada ni remotamente similar al arte de Crepax, es unico.

    La diagramacion de pagina, alterando el sentido de lectura, estirando el tiempo, creando un codigo de interpretacion según el trazado del borde de la viñeta, abundancia de planos detalle, viñetas combinadas, grupos de viñetas que son una y varias a la vez…. uff!!! La cantidad de recursos que usa son extremos e infinitos. Hay que dejarlo claro, es experimentacion radical con lo mas intrinseco que tiene la historieta que es la relacion entre viñetas. El unico que ha experimentado con tal radicalidad es Chris Ware, por lo demas, podemos decir que aun hoy Crepax es absoluta vanguardia.

    En cuanto al erotismo, no es menor que siempre involucre BDSM, es un aspecto mas del el gran tema de Valentina, que es EL CONTROL. Valentina habla sobre el control con un discurso compueto por multiples canales de comunicación simultaneos, mezclados. Es filosifia y sociologia vuelta expresion estetica.

    Juzgar a Crepax por las circunsancias del mercado que lo albergo, por circunstancias historicas, por la descripcion lineal de algunos argumentos, por el contenido erotico… es siempre injusto. La particularidad, la extrañeza de este artista lo deja aparte de todo movimiento o escuela. Solo puede entenderse dentro de los propios codigos internos de su arte. Porque lo que Crepax pretende conseguir, nunca lo pretendio ningun otro.

    Tambien vale señalar que algunas varias de las historias no tienen absolutamente nada de trama, son solo viajes de la conciencia. O tienen una trama abstracta como “el hijo de Valentina” en donde unas secuencias completamente oniricas en donde uno nunca sabe si esta presenciando una metafora, un sueño, una realidad alterna, una alucinacion (y de quien), para llegar al final y darse cuenta que era la historia del nacimiento de Mattia. Es sublime como nos tranmite los sentimietnos inherentes a la materinidad con tan lisergico relato.
    Tambien son muy oniricos y abtractos Valentina de Papel, o intepida Valentina, y tantos otros… en donde Crepax se las arregla para darnos informacion sobre la historia de sus personajes sin nunca llegar a una narrativa normal, sino a traves de esos sueños.

    Esta extrañeza y ambigüedad es una eleccion de Crepax, ya que en Historia de O, o Justine, o Harlem Blues, podemos ver como es capaz de utlizar toda su experimentacion grafica para historias sin componente onirico, en donde todo lo que vemos es real y en donde la maestria narrativa de Crepax queda harto evidenciada, demostrando como puede contar una historia llena de matices psicologicos y sentimentales sin recurrir a textos y con una claridad abosluta. Crepax narrando clasico es tal vez mas revolucionario en su exactitud analitica que el Crepax onirico. Te recomiendo fervientemente Historia de O, tal vez la mejor obra pronografica de la historia en cualquier medio.

    Considerar su obra como un intento pimerizo de comic adulto, es no hacer justicia con la realidad de obra compleja, madura y perfecta dentro de sus propios horizontes que es Valentina.
    Valentina es, sin ninguna duda, una obra maestra atemporal.

    Y no ha aparecido un artista que combine habilidad grafica, atrvimiento formal, y discurso con contenido, al nivel que Guido lo ha hecho. Los grandes esperimentadores no suelen dihujar tan lindo, los grandes dibujantes no suelen experimentar tanto, los grandes creadores de conceptos sulen tener narrativas mucho mas convencionales… en fin, que es incomparable con nadie.

    La experimentacion de Steranko es un juego de niños al lado de lo que Guido ha creado, no jodamos.

    Saludos estimado.

  4. Ojo, que en ningún momento le niego a Valentina su condición de obra maestra. Si he dado a entender eso es culpa mía. El texto donde hablo de las “obras maestras” y mi cautela con ellas es general, una reflexión antes de entrar a comentar Valentina. Crepax es un maestro de la composición de página, no hay duda, y lo que hizo, y cuando lo hizo, tiene mucho valor.
    En lo que discrepo contigo es en la cuestión de las tramas o argumentos. Quizás es cosa mía, claro, que no he sabido ver ciertas cosas. Pero algunas de las historias que mencionas sí me parecen farragosas. Igual el problema está más en cómo se presentan las ideas que en las ideas en sí, pero opino que en muchas ocasiones Crepax está a otras cosas, que la aventura es una convención y él lo que quiere es adentrarse en lo inconsciente, lo cual hace muy bien, claro. Y en cuanto a la época, creo que afecta a cualquier autor, de una forma u otra, en una medida u otra. Incluso a alguien como Crepax, que da un claro salto cualitativo en lo formal, y sí, en la madurez, también.

    Un saludo.

    • jeremias ariel

      Muy acertado lo que dices que Crepax quiere adentrarse en el inconciente, con eso en mente es que se tienen que interpetar las aventuras con los seres subterraneos, que aparecen para someter a Valentina y a Philip valiendose de sus miedos, sus celos, sus tabues. Muy freudianos estos subterraneos.

      La farragosidad es tal vez necesaria ¿viste esa sensacion que comentas que te gustan mas las hisotrias de Valentina mas imperfectas? Tiene que ver con que esa farragosidad es propia del discurso multiple y no lineal de Crepax, algo le aporta. Y las peripecias si lastran en los primeros capitulos, ya que me aclaras que no le niegas a Valentina la categoria de obra maestra, pues yo te aclaro que estas en lo cierto, pero solo en unos pocos capuitulos. Crepax se deshace de la aventura como lastre muy rapidamente, y en “un poco loco” por ejemplo, la peripecia ya puede ser interpetada por entero como metafora psicologica otontologica. Valentina no se deja someter por ingenua, se deja someter porque es adicta al control, porque necesita el control de esas fuerzas superiores que someten a traves de su propia piquis. Ella sufre y quiere liberarse, y al mismo tiempo se entrega a la stisfaccion de complacer su adiccion psiquica. Estamos sometidos por nuestros propios deseos, queremos ser libres pero es mas facil dejar que fuerzas externas nos controlen. Dejar que la mente nos someta con sus problemas es un alivio, una seguridad. En cambio desafiarla, escapar al control como quieren los robots respecto al cerebro electronico, eso si que es complicado, hay que jugarse la vida.

      Saludos Watcher

  5. Muy buen texto. Yo no soy un férreo seguidor de Crepax, leí, sí, pero no con ánimo completista. Pero siempre admiré al Crepax dibujante y al Crepax diseñador de páginas (más que al narrador.. porque francamente para eso debería leerle bastante más, o refrescar mis lecturas… buf, llevo un rato intentando recordar un cómic de Guido C. que tenía, no era de la famosa fotógrafa, ni una de sus recreaciones literarias… era un título digamos menor, pero por rediez, no me viene a la cabeza… buena imagen de lo alejado que tengo a este autor hoy por hoy de mi biblioteca y mis lecturas)
    En todo caso lo que más recuerdo de él es esa osadía al convertir la página en un mosaico orgánico de detalles, donde todos juntos y a la vez ilustran diferentes aspectos de un momento único (una masturbación, por ejemplo, fragmentada en un cúmulo de imágenes de detalle).
    Intuyo que de recuperarlo hoy por hoy me pasará lo mismo que a tí. Las mitomanías no me van demasiado, y temo que Crepax es un autor al que el tiempo no ha beneficiado en ciertos aspectos. Temo, no afirmo, insisto. Pero… poco importa encontrar o no Obras Maestras (creo que tienes razón, hay un lector prototípico que engola el discurso sobre sus lecturas de adolescencia, como hay un lector prototipo que se hunde en los universos ficticios de la marvel y no sabe salir de ellos… y lo digo porque yo mismo pude, hace años, caer en ese vicio… “un maestro”, “un clásico”, casi como muletilla)
    Pero si digo que NO importa si Valentina es magistral o se le ve la caspa es porque lo creo firmemente. Cuando, con sus fallos, un autor demuestra en su obra que se pueden tantear caminos, buscar nuevas vías expresivas y nuevos tonos narrativos, cuando determinados aspectos de su trabajo deslumbran años más tarde, y aunque otros aspectos pudieran haberse apolillado por el paso de los lustros, estamos ante un nombre propio insoslayable de la historia de los cómics. En este sentido (por lo menos, y pendiente de revisión que temo no vendrá…¡no tengo tiempo!) sí creo que la figura de Crepax y la fuerza icónica de Valentina son ya históricos.
    Ah, Manara, no me toques las chochonas de Manara (eso sí que son culos maestros XD) PD, que sí, Milo es un autor mediocre, salvo cuando lo pilló por banda Pratt que aún menos mal…

    • La cosa con esto de las obras maestras que digo es justo lo que dices tú: se convierte en una muletilla, en una etiqueta que a fuerza de repetirse no significa nada. yo creo que tenemos que ser todos un poco iconoclastas, derribar mitos, ser rigurosos con lo que leemos. No hay nada intocable.
      Y sobre Crepax yo sí te recomendaría que le echaras un vistazo, aunque fueran un par de historias. A nivel formal hace maravillas, es muy interesante.

  6. Ángel

    Aclarar que Guido Crepax no mató, o hizo morir, a Valentina. Simplemente dejó de hacerla cuando ya no quiso contar más historias de ella. O la enfermedad que padecía y de la que falleció le impidió seguir adelante.
    Cuando un prologuista no cuida estas cosas acaba pasando esto. Que no se informa , se desinforma y luego se difunden los errores como si fuesen verdad.

  7. jeremias ariel

    Por ultimo a todos les recomiendo que lean “Hisotria de O”, les aseguro que les va hacer poner la toda la obra de Crepax y sus cualidades como narrador en perspectiva…

  8. jeremias ariel

    http://crisei.blogalia.com/historias/10273

    http://crisei.blogalia.com/historias/64156

    Enlaces a textos de Rafa Marin sobre Crepax y Valentina. Muy interesantes, las opiniones de Rafa estan muy en sintonia con las mias, las de los comentaristas estan mas cercanas a las de Octavio o las del propio Warcher.

    Saludos

  9. jeremias ariel

    HOLA WATCHER. BUENO, VERAS QUE ESTOY ALGO OBSESIONADO CON CREPAX. LA COSA ES QUE HOY LEO EN ENTRECOMICS LA RESEÑA DE TIO BERNI A “NO CAMBIES NUNCA” DE DAVID SANCHEZ. Y TODO LO QUE DICE ES LO QUE YO HUBIERA QUERIDO SABER EXPRESAR SOBRE VELENTINA DE CREPAX, TODO LO QUE DICE AL MENOS EN ESTE PARRAFO QUE TE PEGO ACA, ANQUE YA LO HAYAS LEIDO SEGURAMENTE. LA FORMA EN QUE TIO BERNI DESCRIBE EL EFECTO DEL TEBEO RESEÑADO, Y LA POSTURA SEGUN LA CUAL PARA EL HAY QUE ACERCARSE AL MISMO, SON LA POSTURA CORRECTA TAMBIEN PARA ACERCASCE A VALENTINA. PARA MI POR SUPUESTO.

    DICE TIO BERNI:
    Tal vez éste sea el motivo de algunas de las críticas que se le han hecho a No cambies nunca en estos primeros días de vida del tebeo. Efectivamente, quien busque en la ficción la coherencia y la lógica que no tiene la vida real, probablemente no disfrute de este cómic. Nos hemos acostumbrado a un modelo de ficción transparente, obvio, en el que todo, una vez terminamos la obra, está explicado de forma clara. Y por eso cuando nos topamos con una historia atípica en su planteamiento y en su puesta en escena nos sentimos desconcertados, incluso, como he llegado a leer, estafados. Porque No cambies nunca no ofrece respuestas, e incluso diría que ni siquiera plantea preguntas: expone una serie de escenas divididas en tres capítulos y es cosa del lector lo que hace con ellas. La falta de información adicional que rodea a la acción —por ejemplo, apenas hay cartuchos de texto que nos sitúen en el espacio o el tiempo— impide que tengamos demasiado a lo que agarrarnos: no sabemos por dónde empezar para encontrar esa verdad oculta que nos obsesiona. Aunque quizás a alguien le bastará con la sensación malsana que transmite el tebeo y las visiones que la acompañan. Y todas las lecturas podrán ser válidas.

    VALENTINA, UN ARTEFACTO PELIGROSO QUE DESTRUIRA NUESTRA PSIQUIS.

    SALUDOS

  10. Jeremías, ¡la reseña la he escrito yo!
    Y sí, la verdad es que creo que algo de eso hay en la obra de Crepax, tiene puntos en común.

    Un saludo.

    • jeremias ariel

      Oh! disculpa Watcher… lo que esta comprobado es que tus textos me resultan reveladores en muchos casos…

      jaja, saludos

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s