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El cómic español en 2012.

ACTUALIZACIÓN 6/01/13: A partir de hoy está disponible una versión corregida del estudio, que ha sido posible gracias a la ayuda de José A. Serrano.

Este año, en lugar del estudio estadístico que venía realizando los dos últimos sobre la presencia del cómic en la prensa digital, he decidido hacer algo diferente: un estudio sobre la publicación de cómic español durante 2012, con gráficos y datos acerca de las editoriales, los formatos, precios y géneros, entre otras cosas. José A. Serrano hizo algunas correcciones sobre el excel original y amplió la recopilación de títulos, por lo que le agradezco desde aquí su ayuda, así como la de todos los que en comentarios o en twitter me habéis hecho observaciones y sugerencias sobre el trabajo estadístico. La segunda versión del estudio, corregida tras la supervisión de José, es la que podéis descargar en el siguiente enlace.

El cómic español en 2012. Un breve estudio estadístico.

ACTUALIZACIÓN 7/01/13: Ponemos también a vuestra disposición el excel con el listado de obras. Nuestra intención es irlo completando, por lo que las cifras no tienen que coincidir necesariamente con las ofrecidas en el estudio, si bien las conclusiones y estadísticas no variarían sustancialmente.
Listado de cómics españoles publicados en 2012.

Dejo aquí las conclusiones finales del estudio, también incluidas en el pdf descargable.

Los datos que ofrece este estudio nos hablan de un mercado moderadamente saludable, con ese total de 245 novedades, publicadas además por una elevada cantidad de editoriales de diversos tamaños, y a destacar el número de editoriales que han publicado una o dos obras españolas este año: veintiuna. Por otro lado, también se observa que hay dos eventos que marcan la agenda editorial: el Saló del Cómic de Barcelona y el Expocómic, este último apoyado también por la campaña navideña, crucial en cualquier sector. Este hecho, más allá de que se considere beneficioso o perjudicial, es completamente normal y habitual en otros sectores del ocio. Sin ir más lejos, el sector literario se comporta de manera similar frente a la Feria del Libro de Madrid.
Otro hecho incontestable es que el libro ha sido —viene siendo desde hace años, en realidad— el formato preferido por casi todas las editoriales para publicar sus cómics. El cuaderno grapado ha pasado de ser durante los noventa el formato mayoritario y casi exclusivo para el cómic español a una presencia muy reducida. La encuadernación en cartoné se utiliza en un 58% de las publicaciones. Estos datos están obviamente relacionados con el precio medio del cómic español: 14,2 €. Por ofrecer un dato con el que comparar, podemos recurrir al precio medio del libro en España, que según el informe del Sector del Libro en España 2010-2012 es de 13,87 € (pág. 21).
En la cuestión de los géneros, el estudio ofrece conclusiones interesantes. Para empezar, creo que desestima la idea de que en el cómic español las temáticas costumbristas y autobiográficas están de moda o que han desterrado a los géneros clásicos. Solamente se han publicado cuatro cómics autobiográficos en todo el año, y el total de la suma de ambas temáticas es inferior a la de todos los géneros tradicionalmente entendidos como clásicos. Es decir: se sigue publicando más cómic español de género que cómic costumbrista o autobiográfico adulto, si bien es cierto que en el primer grupo hay algunos cómics publicados previamente en el mercado francobelga. Y si hay un dominador claro en el mercado del cómic español ése es el humor. Más de un tercio de los cómics españoles es humorístico, aunque los tipos de humor son muy dispares, y engloban las parodias de películas de éxito, el clásico humor de la escuela Bruguera o el posthumor más innovador.
Más allá de estas conclusiones, el estudio debería ampliarse en muchos sentidos. Para empezar, haciendo una búsqueda más exhaustiva para garantizar que se han incluido todas las novedades editoriales, aunque creo que la muestra es lo suficientemente amplia y variada como para pensar que no faltan demasiadas y que los resultados sean por tanto representativos. También habría que comparar los resultados estadísticos con los de años anteriores, para establecer una dinámica de mercado. Habría también que situar la producción de cómic español dentro del total de nacionalidades, para saber qué porcentaje supone en cada editorial y en términos absolutos. Son vías que no se han explorado por falta de tiempo y de medios por mi parte, aunque creo que lo ofrecido en este breve estudio es de interés pese a sus limitaciones.

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La realidad y la ficción en la obra de Joe Matt.

Siempre he tenido la sensación de que Joe Matt es tenido por el eslabón más débil de la cadena que forman lo que yo llamo el trío de Drawn and Quaterly, completado por Seth y Chester Brown. Digo que tengo esa sensación quizás porque yo mismo lo he pensado durante mucho tiempo; frente a los altos vuelos y el compromiso con su obra que exhiben Brown y Seth desde hace dos décadas, Matt parece moverse a otra altura, más humilde, menos ambiciosa y sobre todo mucho más relajada y dispersa. En el mismo tiempo en el que sus amigos han publicado varias obras largas, él apenas ha sido capaz de dibujar unas cien páginas de su Peepshow. Y no es que no me guste Matt, al contrario: siempre me ha atraído mucho su manera de presentarse a sí mismo y convertirse en un personaje deleznable pero, pese a ello, entrañable.

            Y uno de los rasgos que más me interesan de la personalidad artística de Matt y su alter ego en el papel es cómo él mismo se sitúa conscientemente bajo el radar de la crítica especializada y huye del panteón de los grandes autores contemporáneos escapándose por la puerta de atrás. Con cierta frecuencia se dibuja a sí mismo lamentándose de su falta de constancia, criticando su propio trabajo y asegurando que es muy malo. Pero a pesar de esto, lógicamente el simple hecho de que ese trabajo es publicado debe hacernos pensar que, por inseguro que sea Matt, un mínimo de valía si le ve a sus cómics.

            Porque la tienen, claro. Y no un mínimo. Precisamente esa falta de pretensiones, esa superficie engañosa que enseña Peepshow —la historia de un monigote que se mata a pajas—, le permite introducir algunas cuestiones narrativas más sofisticadas de lo que podrían parecer en un principio. La que me parece más interesante es una a la que  hace tiempo que le vengo dando vueltas: la verdad en los relatos autobiográficos.

            Como punto de partida, Joe Matt cuenta su vida, o parte de ella, una sucesión de acontecimientos que le han ocurrido. No hay equívocos, ni se cuestiona la realidad o no de esos hechos: es única. Pero hay momentos en los que Matt coloca esa realidad al trasluz, y la descompone en varios niveles. No es, claro, la primera vez que un dibujante de cómics se representa a sí mismo dibujando, o subrayando la distancia que separa la realidad física de la que él plasma en el papel. Sin pensar demasiado se nos ocurre Maus, de Art Spiegelman. La novedad está en el desenfado, la falta de énfasis o de sobriedad en el ejercicio metalingüístico que ejecuta Matt como quien no quiere la cosa. Atención a cómo lo hace:

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            En esta página del número tres de Peepshow (La Factoría de Ideas, 2000) un par de amigos de Joe se lo encuentran por la calle y le recriminan la manera en la que los ha retratado en su nuevo tebeo. Así se crean tres niveles de realidad:

Un primer nivel es el que el lector ha leído, donde ha podido ver sobre la marcha todo lo que Matt ha contado en relación a la pareja que aparece en esta página. Es el discurso principal y el evidente.

Un segundo nivel está en los cómics que el Joe Matt del primer nivel dibuja dentro de la historia, y que los personajes de la página analizada están sosteniendo.

Y un tercer nivel que es el único genuinamente real y verdadero, en el sentido tradicional, y que corresponde al Joe Matt autor, el que existe en nuestro mundo.

            En principio, uno lee Peepshow como una autobiografía, pensando que el autor está contando su vida, más o menos fielmente. Pero en esta secuencia introduce una duda, al verse como en el tebeo que muestra hay cambios: el aspecto de la pareja y sus nombres. La pregunta es inevitable: si el Matt del primer nivel ha cambiado la historia que le ha sucedido al del segundo, ¿podría haber hecho lo mismo el Matt real, el del tercer nivel? Y en el momento en el que uno se cuestiona una cosa, se las cuestiona todas. Si se duda de un detalle en la autobiografía, género cierto por excelencia, entonces toda ella se pone en tela de juicio. Matt lo sabe, y juega constantemente con eso, enseñando una realidad pero cuestionándola con otra… mientras la suya, en la que reside su yo real, permanece siempre oculta. Paradójicamente, porque se supone que es un autor que juega la carta de exponerse a sí mismo.

            Otro ejemplo muy interesante lo encontramos en su obra más reciente publicada en España: Consumido (Fulgencio Pimentel, 2011). En ella hay una secuencia en la que Matt reflexiona a solas sobre su trayectoria y su trabajo como historietista. Al margen de todas las cuitas que son habituales en él, lo vemos meditar una escena que está dibujando, pero que nosotros ya hemos leído en las páginas anteriores.

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Poco después hace algo más, que abunda en todo esto de la ficción y la realidad: coge directamente el recopilatorio de Pobre Cabrón de su estantería y explica que en determinada parte “¡Más de la mitad es inventado!”.

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            También matiza uno de los eventos más controvertidos de esa historia: Matt golpea a su novia de por aquel entonces en el ojo y se lo pone morado —aunque sucede en una elipsis—. Ahora, quién sabe si respondiendo a alguna crítica, explica que omitió las veces que ella le pegó a él, que ni se mencionaron en el cómic. También nos descubre que la escena del trío con una ex y su compañera de piso jamás ocurrió, ni como se contó en el tebeo ni de ninguna otra forma.

            Es decir, que en su autobiografía hay sucesos alterados y otros completamente inventados. Entonces ¿Peepshow no es una autobiografía? Yo creo que sí lo es. Es irrelevante, de cara al lector, qué porcentaje de lo que sucede en el primer nivel ha sucedido previamente en el tercero. Lo que importa es el resultado final. Y en él, el propio Matt ya nos está poniendo sobre aviso, como decía antes: si algo es mentira, entonces todo puede serlo. Es más, si una secuencia no es real, ¿por qué ha de serlo aquella en la que, aún dentro del tebeo, Matt nos dice que otra anterior es ficticia? ¿Cómo estar seguros de que en ese momento sí es sincero? Da lo mismo. Ésa es la clave. La ficción es la realidad cuando nos situamos en ese primer nivel durante la lectura, y el tercero es inexistente mientras dura ésta. Pero además, ese relativismo, quizás inconsciente, le lleva a dibujar páginas en las que las piruetas que ejecuta no tienen nada que envidiar a las mejores de sus buenos amigos Chester Brown y Seth, aunque seguramente el propio Matt no estaría nada de acuerdo con esto.

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El cómic en la prensa digital española durante 2011.

Al igual que el año pasado, me he dedicado durante unos días a recopilar y organizar todos los artículos aparecidos en tres periódicos digitales que tratasen sobre el cómic, para hacer un pequeño estudio estadístico sobre ellos y sacar algunas conclusiones. De nuevo, como tiene muchas tablas y gráficos, he preferido ofrecerlo directamente en pdf en lugar de subirlo como un post aquí. En el siguiente enlace podéis leerlo o descargarlo.

El cómic en la prensa digital española durante 2011.

Para que no quede tan triste este post, os dejo aquí el texto de conclusión del estudio.

El presente estudio pone de manifiesto la buena salud de la que goza el cómic en los medios digitales, atrayendo una atención impensable hace años. Con respecto a 2010 incluso ha habido un aumento que eleva la media a más de un artículo diario en alguno de los tres periódicos digitales. La gran diferencia con respecto al año pasado es que el tratamiento de la información ha sido más extenso, con artículos de más calado, en general. Ha sido la gran diferencia y casi la única, porque por lo demás el panorama ha sido muy similar. Esto, por supuesto, no es malo en absoluto: manifiesta la estabilidad del interés que suscita el cómic. No obstante, está por ver si el aumento que hemos visto es meramente coyuntural o responde a una tendencia progresiva, porque mi impresión es que este año ha habido un número alto de noticias excepcionales, extraordinarias, que van más allá de los salones y novedades.

En todo caso, creo que es innegable que esta atención que los medios le dedican al tebeo refleja el interés del público: si estos diarios no percibieran que a sus lectores les interesa la cuestión, no ofrecerían tantos contenidos. Son además contenidos libres, en general, de los errores de fondo que siempre acompañaban las informaciones sobre cómic en la prensa, escritos por redactores que o conocen bien el tema o se han documentado bien sobre el mismo, cuando no son reconocidos expertos.

En el lado negativo, es cierto que, como en 2010, todavía hay un enfoque frívolo de ciertas noticias. Es el caso de los salones de cómic y manga, donde lo que se destaca siempre son los disfraces o las actividades más pintorescas. El cómic de superhéroes es un caso similar: siempre es noticia por algún anuncio editorial llamativo o por alguna otra cuestión ajena a los contenidos, como la subasta del Action Comics número 1 de Nicolas Cage. Pero son cuestiones comprensibles, en mi opinión. Es completamente lógico que una convención como la de San Diego sea noticia por su mero ambiente y por sus visitantes que por noticias relacionadas con el cómic, cuando incluso dentro del evento parece dársele más importancia a los actos relacionados con cine y televisión. Y respecto a las grandes editoriales americanas de superhéroes, son ellas mismas las que buscan ese espacio en la prensa a través de golpes de efecto continuos y spoilers de sus propios contenidos que llamen la atención del público generalista.

Para compensar, ahí tenemos esa gran cantidad de artículos que informan con rigor y seriedad de la salida al mercado de alguna novedad, o se conversa con autores desde la completa normalidad, como se entrevistaría a cualquier otro creador cultural. Ya quedan lejos los tiempos en los que a un dibujante de cómics sólo le preguntaban frivolidades infantiles que poco o nada tenían que ver con su trabajo. Es cierto que la mayoría de estos artículos de calidad se refieren al cómic de autor, y que sería deseable que se extendiera a todo tipo de cómic —es incomprensible la manera en la que se ignora el manga, por ejemplo—, pero también es cierto que tiene sentido que los medios atiendan a ese tipo de historieta que está llamando la atención del público general.

Como medios generalistas que son, no dejan, como no dejaban en 2010, mucho espacio para la crítica y las reseñas, para la opinión personal. No hay secciones fijas para cómic, aún. Pero esto es material más adecuado para los suplementos culturales, donde el cómic lleva años estando bastante presente.

Para terminar, hay que recordar las limitaciones de este estudio: no se tienen en cuenta las secciones en las que aparecen los artículos, ni su posicionamiento en las webs de los periódicos, ni su número de visitas. Se mide la presencia, el espacio dedicado, más que el impacto auténtico. Pero estoy convencido de que sirve para hacerse una idea general del mismo.Para futuros estudios, mi intención es incorporar nuevos periódicos, aunque no descarto hacer uno similar con los suplementos culturales. Por el momento, creo que el estudio tal y como está planteado ofrece datos de interés para teóricos y lectores, y tiene por tanto validez por sí mismo.

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La autobiografía y la verdad.

Mientras traducía la kilométrica entrevista con Seth que he ido subiendo en las últimas semanas aquí, me he releído su La vida está bien si no te rindes y recordado todo lo que significó para mí en su momento, cómo me abrió los ojos y me demostró que en un tebeo podía contarse absolutamente cualquier cosa. Me maravilló que un autor pusiera tanto de sí mismo en un cómic, que describiera aspectos íntimos de su vida y sobre todo, que contara esa búsqueda personal de Kalo, el dibujante canadiense perdido de The New Yorker.

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Y luego resultó ser mentira. Vamos, no exactamente, pero el tal Kalo no existió jamás. Seth puso mucho de sí mismo en esa historia, pero su biografía no es exactamente como ahí se refleja. No sé cuánto hay de verdad, pero lo de Kalo hizo que me cuestionara todo. Podría ser todo mentira. Y entonces empecé a pensar: ¿y si lo fuera? ¿Y si fuera todo mentira?

Llegué a la conclusión de que me habría dado igual. La verdad en el arte nunca debería ser un valor en sí mismo. Además, primero habría que definir qué es la verdad. Vivimos en una época que, si se caracteriza por algo, es por la desaparición de las fronteras entre la realidad y la ficción. Los media convierten la mentira en verdad a diario. La Historia, como sabe o debería saber cualquier historiador, se construye desde el presente. ¿Qué es entonces contar “la verdad”? Incluso en los intentos más sinceros, es simplemente contar una versión de lo sucedido. Cuando un autor decide reflejar algo que ha pasado, lo ficcionaliza siempre, inevitablemente, con sus decisiones narrativas. Elige qué cuenta y qué omite, qué espacio le da a cada cuestión, qué características potencia de los personajes involucrados. Los “hechos” son inaprensibles: todo es interpretación. Incluso de la vida propia de cada uno, por supuesto. Y por eso me interesa tanto la manera en la que Eddie Campbell investiga los límites entre la realidad y ficción en El destino del artista, que es una autobiografía que no lo es. ¿Qué parte de lo que cuenta es real, cuánto hay de invención? El propio Campbell responde, pero lo hace con otra pregunta: ¿Qué más da?

Pero dejando eso al margen, a lo que yo me refiero cuando me planteo esa pregunta a raíz de la obra de Seth es a si perdería valor una obra supuestamente autobiográfica si hubiera por parte de su autor un engaño deliberado, si se presentara una completa ficción como sucesos reales. ¿Qué pasaría si se descubriera que el hermano de David B. no es epiléptico, o que Marjane Satrapi no es iraní, o que el padre de Art Spiegelman nunca estuvo en los campos de concentración? ¿Perderían valor sus cómics? Como obra de arte, mi respuesta es que no, rotundamente. Lo podría hacer como testimonio, claro, pero son dos cosas diferentes. Como obra, la autenticidad de lo narrado no puede ser nunca un valor determinante. No puede ser buena si es “verdad” y mala si es “mentira”. Porque eso colocaría automáticamente cualquier obra de “no ficción” por encima de las de “ficción”. Ni siquiera me sentiría engañado si una obra clasificada como lo primero terminase siendo lo segundo.

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Y a pesar de esto, es inevitable que me siga haciendo preguntas: ¿habría sido posible dibujar un cómic como Un adiós especial de Joyce Farmer sin la experiencia personal? ¿Es posible fingir eso, se pueden impostar sentimientos tan intensos? En la teoría, tengo que creer que sí, tajantemente. Se puede ser completamente veraz sin ser fiel a “la realidad”. Creo de hecho que ése es el gran poder de la ficción, crear realidades, historias que serán más tangibles y más auténticas para sus lectores que los hechos “reales”. Ahora bien, en la práctica, en ciertos casos concretos… es complicado. Por motivos casi prácticos: el tebeo de Farmer tiene muchos detalles inventados, pero su base es la que es. ¿Puede alguien tirarse trece años de su vida obsesionado creando de la nada una historia así, habría sido lo mismo de no tocarle de lleno el asunto que trataba? Buena parte del valor de algunos momentos de Un adiós especial, Maus o La ascensión del Gran Mal está en el conflicto interior, en el dilema del autor frente a la tesitura de contar cosas que le afectan a él o a su familia cercana. De nuevo, me pregunto si eso puede fingirse, si a alguien se le puede ocurrir fingirlo. En teoría, ya digo, debería poderse. Pero posiblemente es una vía aún poco explorada. Pero si hemos visto en las últimas dos o tres décadas el despertar del cómic autobiográfico, la ruptura de tabúes y falsas normas establecidas por una tradición cultural que negaba al cómic su validez como vehículo de historias personales, creo que pronto empezaremos a ver más tebeos que le den al asunto una vuelta de tuerca, siguiendo, quizás, la estela del falso documental cinematográfico, y desde luego los caminos abiertos por Seth, Campbell y algunos otros que ya están forzando los límites del género. Un motivo más de cientos para pensar que estamos, ahora mismo, ante una de las épocas más emocionantes del cómic.

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Humor gráfico y elecciones.

Hace un tiempo escribí (y fue aceptado) un artículo para el próximo congreso sobre la España socialista (1982-1996) que se celebrará a caballo entre la UNED y la Universidad Autónoma de Madrid entre el 28 de noviembre y el 1 de diciembre. Hoy me han informado de que ya puede leerse on line, y como tiene que ver con la historieta, lo dejo aquí por si interesa alguien. Su título: “Las elecciones generales en el humor gráfico de la prensa diaria (1982-1996)”.

La página principal del congreso, aquí.

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