Paco de Lucía.

Hoy ha muerto Paco de Lucía, una de esas pocas personas que pueden poner de acuerdo a casi todo el mundo, con lo que nos gusta discutir normalmente: nadie puede negar que ha sido uno de los más grandes músicos y guitarristas de la historia de España. Si no fuera algo que depende casi enteramente del azar caería en la tentación de decir que se ha marchado con la misma serenidad y templanza que mostraba en el escenario y en las entrevistas. Él, que se agigantaba detrás de la guitarra y se acostumbró a dejar que fuera ella la que hablara, sin embargo hechizaba cuando hablaba de música, o recordaba a su querido Camarón.

Hoy los flamencos dirán que Paco de Lucía hizo internacional el flamenco, y no les faltará razón. Pero a mí lo que me parece interesante es que ese viaje fue de dos direcciones: llevó el flamenco por el mundo, pero también metió el mundo entero en el flamenco. Paco de Lucía, como Camarón, como Raimundo Amador, fue un renovador, alguien que sin prejuicios jugó, porque la música es un juego, no un dogma de fe. Lo suyo les costó a los ortodoxos del flamenco aceptar la experimentación con los palos y la inclusión de nuevos sonidos, la fusión con otras músicas. Como luego les costó a otros ortodoxos, los clásicos, aceptar su interpretación del Concierto de Aranjuez, que es la mejor que yo haya escuchado.

Pero Paco de Lucía acabó ganando la partida. Hoy el canon es él. Ha triunfado allá donde ha ido, ha salido airoso de aventuras en las que otros habrían fracasado. Salió de su zona de seguridad y se lanzó a la aventura de la improvisación en impresionantes giras mundiales con Al Di Meola y John McLaughlin, por ejemplo.

Fue un superdotado, con un talento increíble para la guitarra. Pero como hoy mismo recordaba mi amigo Pablo Ríos, también fue un trabajador inquebrantable. Horas y horas de ensayo y de estudio, giras de meses constantes, en su época de apogeo, antes de que su posición le permitiera darle a su edad la pausa que pedía, sin dejar nunca de tocar y de componer. El talento sin ese trabajo se malgasta, no se concreta en nada. La técnica no se mantiene indefinidamente, y menos en algo como la guitarra, tan extendida, y tan difícil de tocar verdaderamente bien.

Yo hoy estoy triste, porque Paco de Lucía era aún joven, y porque otro como él va a ser difícil que lo haya. No soy un experto en flamenco, ni de lejos, pero sí pienso que Paco de Lucía no fue simplemente un flamenco, que también, y de pura cepa, sino que se convirtió en un músico universal, y que en su visión sin fronteras estuvo gran parte del secreto de su éxito y de que hoy sea reconocido como un genio.

Y yo, con veintitantos años, decía que no me gustaba el flamenco pero me gustaba Paco de Lucía. Hoy me he dado cuenta de que en realidad gracias a Paco de Lucía me empezó a gustar el flamenco. 

Deja un comentario

Archivado bajo Obituario, Otras artes

Reseñas en Entrecomics.

Esta semana he publicado dos reseñas en Entrecomics; la primera, sobre Nemo: corazón de hielo, de Alan Moore y Kevin O’Neill y Cuadernos de masacres. Los extraños incidentes de Tengai de Shintaro Kago. Aquí dejo la primera y la segunda.

Deja un comentario

Archivado bajo Asuntos internos

Exposición CuestionARTE en el Colegio de arquitectos de Madrid.

Hasta este domingo puede verse en el Colegio de arquitectos de Madrid (calle Hortaleza, 63) la exposición CuestionARTE, una iniciativa en la que participa Oxfam Intermón y en la que se exponen los primeros trabajos derivados del proyecto que lleva a artistas de todas las disciplinas a países donde hay proyectos de desarrollo. Pueden verse por tanto los trabajos en cómic de Álvaro Ortiz, Miguel Ángel Giner, Cristina Durán y Sonia Pulido. Os dejo el enlace a la nota de prensa.

Deja un comentario

Archivado bajo Noticias

Entrevista con Catalina Mejía en Entrecomics.

La semana pasada entrevisté a Catalina Mejía con motivo de la creación del sello de novela gráfica Salamandra Graphic, del que Catalina es editora. La transcripción de dicha entrevista la podéis leer en Entrecomics.

Deja un comentario

Archivado bajo Asuntos internos

Thor en Entrecomics.

Se me pasó ayer avisar de que he publicado en Entrecomics una reseña sobre las primeras sagas del Thor de Jason Aaron y Esad Ribic. Aquí dejo el enlace.

Deja un comentario

Archivado bajo Asuntos internos

C-Chemtrail, El Temerario 9 y Niños de Komodo, de Ediciones Valientes.

edvalientes

Ediciones Valientes es uno de los colectivos de autoedición más activos e interesantes de los últimos años en España. Martín López Lam no para, y ya sea con sus obras propias o coordinando obras colectivas, está aportando mucho a la escena independiente, a eso que en EE. UU. denominan small press y que considero imprescindible para que el medio avance y se consolide un movimiento verdaderamente internacional de autoedición. 2014 ha empezado con fuerza con tres publicaciones de las que no puedo pasar sin decir al menos un par de palabras.

C-Chemtrail es un desplegable que adapta el que quizás sea el proyecto más experimental de López Lam: un webcómic semiabstracto que dinamita los conceptos clásicos de narración y que se expande por la pantalla como un work in progress infinito. Como la web, el desplegable es una experiencia sensorial llena de formas y colores combinados por pura intuición. A mí me tiene fascinado por completo.

El temerario es un fanzine colectivo de gran formato centrado en la ilustración. El número que aparece este enero, el noveno, es el primero que leo, y me ha sorprendido mucho por la calidad de varios de sus colaboradores. La idea parece ser conjugar estilos que choquen entre sí casi con violencia: vamos de la ilustración no figurativa al realismo de base fotográfica, del apropiacionismo de iconos pop a la nueva carne. Hay algunos dibujos potentísimos con temas de naturaleza, y un par de páginas con anuncios falsos en la línea de los que hace Chris Ware muy buenos. En el enlace tenéis el nombre de todos los colaboradores, que son, como en muchos proyectos de Ediciones Valientes, de estados diferentes.

El último artefacto es Niños de Komodo, un fanzine de edición limitada a cien ejemplares que plasma el trabajo realizado en el taller del mismo nombre por unos cuantos historietistas, siguiendo el método de trabajo conocido como OuBaPo —explicado por Álvaro Pons en un pertinente epílogo—. Practicado en origen por L’Association, el OuBaPo funciona al aplicar restricciones voluntarias al cómic que se está haciendo, como forma de estimular la creatividad. Las restricciones pactadas por los autores de Niños de Komodo no se revelan, aunque hay alguna formal que se deduce —seis viñetas por página—. El resultado es una especie de caos ordenado, una historia que no parece tal que sucede en un parque y que implica a una niña y un niño que juegan a cambiar de sexo y a un pato salido.

Deja un comentario

Archivado bajo Reseñas

Mentiré si es necesario, de Daniel Ausente.

Daniel Ausente —o Absence— es uno de los mayores expertos en cultura pop y serie B que tenemos en España. Sus conocimientos enciclópedicos y el volumen de datos que maneja son avasalladores, pero siempre he pensado que todo eso es secundario y está también al alcance de otros. Lo que creo que importa es lo que hace con toda esa información, que no es tanto limpiarla de ruido como sumergirse en ella y extraer lúcidas conclusiones del océano de lo pop y de lo desvergozadamente trash. Daniel Ausente entendió hace mucho tiempo que el pop habla de nosotros, de la vida. En la cultura mal llamada baja late el ritmo de nuestro tiempo, y sólo si esto se tiene en cuenta se podrá llegar a la verdad.

Por eso Mentiré si es necesario debía tener forma novelada, para permitir entrelazar lo que, en realidad, siempre estuvo unido: la memoria vital y la memoria (sub)cultural. Recordar el pasado es recordar los tebeos, las películas y los libros que nos marcaron, cualidad que no tiene siempre que ver con la excelencia de la obra, sino con las circunstancias que la rodean y con nosotros mismos. O con Ausente, en este caso, que arma una biografía llena de brío, que se devora de una sentada porque se intuye en ella una verdad profunda que no tiene que ver con el grado en el que se ciñe a los hechos, sino con algo emocional. De hecho, el propio título ya nos está advirtiendo de que lo que leemos puede o no ser cierto, y precisamente en ese juego realidad-ficción está el mayor valor de Mentiré si es necesario, porque evidencia que la respuesta a la pregunta carece de relevancia: la verdad en el arte no tiene que ver con los hechos, que, por otro lado, nunca, por definición, pueden llegarnos de manera objetiva. Desconfiad siempre del que en ciencias sociales demuestra un hecho, y más aún del escritor que esgrime como gran valor de su obra que está contando hechos reales. Toda narración es una gran mentira. Todo relato es una ficción. No existe el hecho sino la interpretación del mismo. Y el proceso narrativo implica, al menos, dos filtros distorsionadores: el del emisor y el del receptor.

Una vez esto se asume lo esencial está en otra parte. Está en esa verdad profunda, emocional, increíblemente más importante y terrible. Da lo mismo que lo que cuenta Ausente sucediera tal cual o esté adornado, o directamente inventado: las sensaciones son reales. Su sinceridad es total. El despertar sexual, las primeras salidas, esas visitas a casas enormes de familiares que el tiempo convierte en mitos fundacionales de la personalidad, el cine como descubridor primero de la vida… Y el retrato duro de una Barcelona oscura, de droga y violencia, que convierte al niño en hombre a hostias, y en la que tiene aún más significado que Daniel Ausente no pierda nunca su mirada romántica de la realidad, y siga leyendo tebeos de Conan y viendo pelis de zombis, y viendo en ellos nuestro reflejo. Cuando escribe sobre su pasado más reciente, convertido ya en padre de familia, no sólo conserva esa mirada sino que la dota de una dimensión diferente, la que da el tiempo, y es capaz de escribir la que, para mi gusto, es la mejor pieza del libro: «Lepismas en el imperio secreto».

Casi todos los comentarios que he leído sobre Mentiré si es necesario inciden en que se lee de una sentada. Y es verdad, yo me lo leí en dos ratos, y porque no pude leerlo en uno. Creo que se debe, en parte, a que Ausente no se pierde intentando escribir bonito, que es algo que los que verdaderamente escriben bonito no intentan, sino que va duro y a la cabeza. Su estilo es conciso, rico en oraciones breves, y alcanza la poesía por el camino del concepto más que de la forma. Si siempre es un placer leer a Absence, en este libro lo es de una manera distinta, porque habla de todos nosotros y la amargura es inevitable. Aunque, en realidad, todos sus textos hablan de nosotros.

Deja un comentario

Archivado bajo Otras artes