Breve historia del cómic.

Hoy tengo algo que anunciaros algo importante: en septiembre publicaré mi primer libro. Será sobre cómic, claro, y su título es Breve historia del cómic. Se trata de una obra divulgativa, fruto de bastante tiempo de trabajo y lectura. La editorial que va a publicarlo es Nowtilus, y aquí mismo podéis ver una previa del libro con una selección de páginas. Más adelante iré comentando más aspectos de la realización de la obra, y por supuesto iré informando cuando se encuentre en tiendas y en la web de Nowtilus, dado que también se va a vender en formato digital.

8 comentarios

Archivado bajo Asuntos internos, Noticias

Comics Class, de Matthew Forsythe.

comics class

Al dibujante e ilustrador Matthew Forsythe no lo conocía de nada hasta que hace un par de días Mireia Pérez, autora, librera y sin embargo amiga, me recomendó Comics Class, un pequeño cómic de un tamaño un poco mayor que el de una caja de CD que trata sobre la experiencia de Forsythe como profesor de cómic en un colegio. En la contraportada se dice que está «más o menos» basado en experiencias reales, pero como sucede a menudo eso es lo de menos; lo que cuenta es que este tebeo es muy divertido.

Forsythe dibuja de modo muy expresivo y suelto, motivo por el que no entiendo muy bien la decisión de aplicarle tramas gruesas a las viñetas, algo que resta frescura más que aporta otros valores. Pero a pesar de eso el dibujo logra cierto tono vacilón y exagerado, que potencia ciertos gags visuales muy logrados. Forsythe no se preocupa de de dibujarse muy parecido de un episodio a otro, porque siempre está claro quién es él: el profesor.

Lo que más gracia me hace es el choque entre lo inútil que se dibuja como profesor y las reacciones de unos alumnos escépticos, por decirlo suavemente. Son niños pequeños y no duros adolescentes, si no duraba dos telediarios, el hombre. La trama del cómic parodia deliberada y explícitamente la típica historia de profesor desarraigado pero con corazón que acaba penetrando la coraza de la indiferencia juvenil y marcando las vidas de sus alumnos para siempre. Pero es demasiado inútil para eso. Hay diálogos verdaderamente hilarantes con los que sus pupilos lo dejan con el culo al aire, lo pillan en contradicciones obvias y dejan en evidencia un método cutre y sin pies ni cabeza: esa niña, por ejemplo, que le dice que llevan ya siete semanas de clases, que cuándo van a hacer un puto cómic de una vez.

Comics Class se lee en un suspiro, y es un aperitivo perfecto, pero sería un error leerlo como algo «sin pretensiones» —etiqueta que cada vez detesto más, por cierto—, porque en su retranca veo una crítica picante a la profesión de dibujante y sobre todo a la educación reglada, de cómics o de cualquier otra cosa. Los alumnos de Forsythe en la ficción no aprenden nada, aunque estoy seguro de que los reales aprendieron una o dos cosas sobre lo más importante cuando uno se pone a crear: pasárselo de puta madre.

Deja un comentario

Archivado bajo Reseñas

Narraciones gráficas: del códice medieval al cómic, de Roberto Bartual.

narraciones gráficas

Roberto Bartual es una de esas pocas personas que se dedican a estudiar y escribir sobre cómic de las que leo absolutamente todo lo que hacen. Pertenece a ese grupo de jóvenes investigadores que desde la formación académica sólida y la investigación rigurosa están, al fin, ubicando la historieta en el conjunto de las artes, definiendo su valor no por sus tangencias con otros medios, sino por sus propias especificidades. No es que antes, por supuesto, no se hubieran hecho estudios serios, pero eran más escasos que las aportaciones de lectores compulsivos que desde la buena intención hacían lo que podían. Por eso hasta hace unos años creo que primaba la pura acumulación descriptiva de datos por encima de la reflexión. Esa labor era sin duda necesaria, no estoy criticando ahora eso. Lo que digo es que ha llegado el momento de establecer teorías, de pensar sobre lo que sabemos. Y de investigar desde un método científico. De ciencias sociales, aclaro, de humanidades, que no es lo mismo que lo que se pueda hacer en Física, pero desde luego existe y debe aplicarse.

La falta de ese método y el estudio meramente superficial es lo que creo que impuso la moda, fácilmente rastreable sobre todo desde McCloud, de cazar cómics a lo largo de la historia, cacería que se llevaba a cabo por pura semejanza. La sensación que me dejaba todo esto, en lo que yo también caí en su momento, era que se intentaba legitimar al cómic por la vía de la antigüedad: fijaos si es respetable el medio que ha estado ahí siempre, sólo que no lo sabíamos ver. No digo que todo el mundo que acepta o profundiza en esta vía piense así, desde luego, pero sí que a muchos aficionados se les abrió de pronto el cielo al poder mencionar la Columna de Trajano o las pinturas rupestres como argumento de autoridad para excusar sus lecturas sospechosas.

Pero la historia no puede contarse hacia atrás, ni los constructos culturales actuales pueden aplicarse sin más a épocas pasadas. Estudiar cualquier narración con imágenes que haya sido a lo largo de nuestra existencia en función del cómic y sólo del cómic constituye el mismo error que supondría estudiar la evolución animal como camino que lleva inexorablemente al ser humano, y considerar las especies de las que procede proto Homo Sapiens. Ése no es el proceso real, no tiene nada que ver con la Historia y cómo se construye el relato histórico.

Por eso me parece tan acertado lo que hace Bartual. Partiendo de las posiciones de Santiago García o Thierry Smolderen, que vinculan la aparición del cómic a cuestiones técnico-industriales socioeconómicas, Bartual examina en profundidad y con un espíritu crítico encomiable los distintos tipos de narraciones visuales que han existido, y se fija sobre todo en sus abundantes diferencias con lo que entendemos como cómic. Es decir que cuando él acude al arte egipcio o a los relieves del Partenón no se queda en la superficie, no le sirve simplemente que ahí se cuenten «historias con imágenes», sino que analiza cómo se cuentan esas historias, por qué se cuentan, y cómo eran recibidas por el público en su momento. Precisamente estos días ando leyendo sobre la estética de la recepción de Jauss e Isser, que viene a decir que el objeto artístico no puede ser entendido sin el sujeto, que el fenómeno artístico es una interacción. Incluso sus críticos han admitido esto: uno no puede sustraer la recepción de una obra de la obra en sí. No es momento ni lugar para profundizar en esto, pero en el fondo es una cuestión de índole metafísica, de subjetivismo frente a objetivismo. No hay objeto sin sujeto que lo perciba: la obra de arte es siempre obra de arte observada.

Y todo ello conlleva analizar las circunstancias del sujeto observador en cada momento. Más allá de eso, Bartual da en el clavo cuando emplea el término «narración visual» para referirse a las obras anteriores a la invención a la imprenta o que se producen para su reproducción en ella, y el término «narración gráfica» para aquellas que están vinculadas a la reproducción mecánica, esto es, a las artes gráficas. No voy a detallar aquí las diferencias entre ambas, que para eso está ya el propio libro, pero sí diré que ése es el camino que me parece más adecuado para entender el desarrollo del medio y cómo y por qué aparece el cómic como tal. Bartual, de nuevo, no se fía de las apariencias y profundiza de verdad para establecer las verdaderas influencias de sus pioneros, que no estaban fijándose ni en las pinturas rupestres ni en los aleluyas, sino, entre otras cosas, en las series de grabados de gente como Hogarth, cuyo The Rake’s Progress es parcialmente analizado por Bartual de manera brillante —ojalá se pueda leer algún día su análisis completo.

A partir del capítulo 3 el libro se centra ya plenamente en el cómic, del que se detallan sus características formales y se recorren sus formatos característicos, no sólo en tanto al formato físico en sí, sino sobre todo atendiendo a lo que éstos implican en la narración, porque existen diferencias fundamentales entre una página y un libro de doscientas páginas más allá de las obvias. El recorrido es certero e interesante, y a mí me ha descubierto alguna conexión que no contemplaba, pero al que esté inmerso de modo constante en el estudio de la historia del cómic creo que le aportara menos que la primera parte.

Aunque, por supuesto, lo que cuenta al final es el conjunto, la visión global que se caracteriza no sólo por la exposición de los hechos sino porque hay detrás de ella una tesis sólida y original. Las mejores obras teóricas siempre son aquellas en las que la inteligencia del teórico no se oculta ni se pretende neutra y objetiva. Roberto Bartual no lo ha pretendido en ningún momento: ésta es su visión y su interpretación, respaldada con todo el rigor que le confieren su investigación y su sólida formación.

PS1: No quiero dejar de mencionar el excelente prólogo del profesor Antonio Altarriba, precisamente uno de los veteranos teóricos españoles al que más debemos los jóvenes, por su preclaridad y su método riguroso.

PS2: Esto es importante: el martes 29 de julio, a las 19:30, tendré el placer de acompañar a Roberto en la presentación de este libro, en el Café Molar de Madrid.

3 comentarios

Archivado bajo Reseñas

Las mujeres en la primera etapa de la transición española (1975-1977). Una mirada a través de la prensa satírica.

El título de este post es también el título del artículo que he publicado en el número 23 de la revista Historia del presente. Me ha llegado hoy, así que supongo que en breve podrá encontrarse en los canales habituales para este tipo de publicaciones, como bibliotecas y librerías universitarias. La revista la edita Eneida en colaboración con CIHDE. Para mí esto tiene valor por varios motivos. El primero, que es mi primera publicación en una revista estrictamente académica, con todo lo que eso conlleva en cuanto a controles de calidad y contenido. El segundo, que es la revista en la que colabora activamente el departamento de Historia Contemporánea de la UNED, que es en el que realicé mi máster y en el que ahora estoy realizando mi tesis doctoral. Y tercero, porque tengo el enorme placer de compartir páginas con mi profesor y amigo Felipe Nieto, que por cierto ha publicado recientemente La aventura comunista de Jorge Semprún, premio Comillas de 2013. De Semprún trata su artículo en este número de Historia del presente.
Y el mío creo que puede ser de interés para algunos de los que seguís este blog, porque me centro sobre todo en la imagen de la mujer y del feminismo que proyectaban las revistas satíricas del boom de la transición, especialmente Hermano Lobo, El Papus, Por Favor y El Jueves.

Deja un comentario

Archivado bajo Asuntos internos, Noticias

2.ª sesión del club de lectura de novela gráfica Muga: El arte de volar de Altarriba Y Kim.

Aquí os dejo la información sobre la segunda sesión del club de lectura que coordino en la librería Muga de Vallecas, que en esta ocasión girará en torno a El arte de volar.

07 Club de Lectura EL ARTE DE VOLAR 1

07 Club de Lectura EL ARTE DE VOLAR 3

Más información en el blog de Muga.

Deja un comentario

Archivado bajo Asuntos internos

Esto está muy vivo.

Estamos a 16 de julio. Pronto el sector del cómic, como el resto del país, echará el cierre por vacaciones, y aunque siempre habrá novedades, nos vamos a quedar al resguardo del calor que, al menos en Madrid, ha llegado de verdad en los últimos días, y reuniremos fuerzas para septiembre, cuando todo vuelva a empezar. Pero el caso es que me he puesto a recapitular sobre lo que he escrito últimamente, y me he encontrado con que en el último mes y medio, entre este blog y Entrecomics, he escrito sobre un buen puñado de novedades de autores españoles. De hecho, son abrumadora mayoría. Y eso es porque cada vez me interesa más lo que se hace aquí. Cada vez se producen obras de mayor calidad y las diferentes generaciones de autores que dibujan en nuestro mercado en la actualidad están mejorando en cada obra. Se respira un ambiente artístico, rico y variado, en el que, como sucede en los momentos culturalmente relevantes, el talento individual se beneficia del colectivo, de lo que uno tiene a su alrededor cuando se pone a dibujar. Los autores españoles, posiblemente, nunca han estado más cerca de formar una verdadera comunidad, más allá de grupos locales. Y eso genera un caldo de cultivo inmejorable para crear. Mirando los textos que he escrito estos días, me doy cuenta además de que hay una gran variedad de formatos y temáticas. Hay novelas gráficas, hay cuadernillos grapados, hay publicaciones de editoriales con cierta trayectoria, y otras de editoriales jóvenes, con la vocación de llegar allí donde no llegan las grandes. Y hay autoediciones, y hay webcómic. Y hay autobiografía, aventura, humor, vanguardia formalista e historias fantásticas. Así que sí, lo pienso, de verdad: esto está muy vivo.

Y ya que estoy, hago sumario aquí de todos los cómics producidos en España de los que he hablado en el último mes y medio.

Sandía para cenar, de Javi de Castro

… No Option!, de Pep Pérez

23 fotogramas por segundo, de Albert Monteys

He visto ballenas, de Javier de Isusi

Orgullo y satisfacción, de VVAA

Tengo hambre, de Santiago García y Manel Fotndevila

PutoKrío, de Jorge Riera y VVAA

El polo sur, de Alexis Nolla

El fin del mundo, de Santiago García y Javier Peinado

Fútbol. La novela gráfica, de Santiago García y Pablo Ríos

Culto Charles, de José Ja Ja Ja

Hot metal, de Gabriel Corbera

Deja un comentario

Archivado bajo Opinión

Hot metal, de Gabriel Corbera.

hotmetalportada

Hot metal es el último cómic de Gabriel Corbera, y puede que sea lo que más me ha gustado de cuanto ha hecho hasta el momento, y eso es mucho decir. Impreso en risografía, con papel reciclado, tinta azul y abundantes tramas, Hot metal recuerda a los cómics antiguos de batalla, de usar y tirar, pero al mismo tiempo es un objeto novísimo, un artefacto que sólo puede entenderse inserto en el aquí y el ahora. Es un festín de puro dibujo alienígena, en el que Corbera se recrea y está más fino que nunca.

Hot metal arranca con un personaje vestido con un extraño traje futurista que inicia un viaje simplemente porque quiere vivir una aventura. No hace falta más justificación y de hecho ésta es la que mejor podemos comprender en la actualidad, donde casi todo lo que hacemos lo hacemos porque nos aburrimos. Si en la mayoría de los cómics de Corbera hasta el momento primaba la acción sobre todo lo demás, aquí tenemos varias páginas del personaje caminando por tierra desconocida, esas Western Highlands que están más allá del horizonte y que prometen novedades y aventuras, pero que resultan ser un paraje rocoso y silencioso «not different from the rest —darker if anything». Es increíble la intimidad que consigue Corbera sin recurrir a ninguno de los recursos obvios para lograrla, sólo a base de dibujar a este hombre del que no sabemos nada a solas con sus pensamientos en medio de una nada magníficamente dibujada. Empatizar con lo alienígena sin necesidad de concesiones emotivas es algo realmente complicado, pero aquí se consigue con una naturalidad pasmosa. Este hombre solitario enfrentado a la decepción y a su propio tedio nos resulta cercano sin que importe mucho la manera en la que se alimenta de electricidad o de algo que extrae del propio suelo.

Pese a la desilusión, el protagonista continua avanzando, observando el paisaje mientras hace comentarios en voz alta y recoge algunos objetos. De repente, en el capítulo de «Hopes, Fears & Dreams» —cuyo título no sé si es una pista de que quizás no es real lo que le sucede al explorador— el protagonista se haya huyendo de algún tipo de prisión, con la misma lógica que tienen los cambios de escena en un sueño. Echa a correr perseguido por espectros y monstruos, tan del gusto de Corbera, y salta un foso para huir de ellos. Entonces nos encontramos con una de las páginas más acojonantes que he visto en los últimos tiempos.

hotmetalinterior

Las dos viñetas que forman la página están compuestas de los elementos mínimos indispensables para transmitir la información de lo que sucede, sin ningún tipo de adorno o dibujo que distraiga de la acción. En la viñeta superior Corbera solamente la línea del suelo que alcanza el protagonista con su salto, y la silueta de este coloreada completamente de azul, lo que genera aún mayor sensación de abstracción. Y el punto vacilón, ese «Yes» con el que expresa brevemente la alegría por conseguir el salto, para, acto seguido, con una elipsis cojonuda, verse perseguido de nuevo por los monstruos. Ambas viñetas contrastan bruscamente en su disposición: una vista lejana que desdibuja la humanidad del explorador frente a otra en la que lo vemos en primer plano, expresando su miedo  y angustia a través de las arrugas de su ceño y las gotas de sudor que le resbalan por la frente. La línea que puede trazarse uniendo la cabeza y el codo del personaje dibuja una sutil simetría con la línea del barranco, de modo que la transición entre las dos viñetas, abrupta en cuanto a la acción, no lo es tanto en el aspecto visual, o al menos ésa es la sensación que tengo observándola.

Si alguien sigue pensando que Gabriel Corbera no es un dibujante dotado técnicamente después de Hot metal, la verdad es que ya no sé cómo se le podrá convencer. Pero eso en el fondo da lo mismo: cada uno es libre de leer lo que le guste. Pero eso no impide que esté totalmente seguro de que Corbera es uno de los autores de los que, ahora mismo, no pienso perderme ni una. Porque pocos me transmiten la misma emoción y curiosidad cada vez que se autoedita un nuevo tebeo.

10 comentarios

Archivado bajo Reseñas