Luis Bustos en el club de lectura de novela gráfica de Muga.

Esta tarde vuelve el club de lectura de novela gráfica a la librería Muga de Vallecas, y por segundo mes consecutivo contaremos con la presencia del autor de la obra que hemos leído: Luis Bustos. Con él debatiremos en torno a Endurance y a Versus, su último cómic. Será a las 19:00 en la librería.

endurancemuga

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¡Milagro!

Cada cierto tiempo nos toca aguantar el toque de una trompeta apocalíptica anunciando el fin del mundo del cómic. Es así desde hace años, lo sé, pero a veces la cosa es demasiado delirante. El último en tañer la trompeta ha sido un clásico: Ramón de España, en esta columna de El periódico, donde colabora regularmente. Sinceramente, cansa ya la actitud reaccionaria de determinados expertos en cómic que viven anclados en el cualquier tiempo pasado fue mejor permanente. En esta columna, de España, con la excusa de escribir una crónica (¿?) del Saló del Cómic de Barcelona, exhibe el mismo desprecio hacia los cómics que no se ajusten a su estrecha visión de lo que los cómics deben ser que mostraba ya en los ochenta, y que exhibía Cairo en sus editoriales sin pudor alguno. Por supuesto, no pierde la oportunidad de lanzar el dardo a los cómics con temática social: «la vejez, la enfermedad, la guerra civil, la violencia de género». Una cosa lleva a la otra y se pone inevitablemente nostálgico, y recuerda los tiempos dorados del boom del cómic adulto, cuando se hacían tebeos de verdad, que son los que le gustan a él. Y por supuesto, tampoco se resiste a ejercer el paternalismo cultural más clasista al afearle el gusto a la masa, que, claro, no sabe lo que es bueno y sólo consume «lo más primario y chabacano». Un crítico cultural empleando la palabra chabacano en 2015, sí. Porque lo bueno es lo que le gusta a él, y lo que, qué casualidad, hacían él y sus colegas en la revista que ya entonces llevaba un rollo de buen gusto bastante snob. Pero, claro, el público no lo supo apreciar. Ellos lo intentaron, pero es que así no se puede. Él, que con otro público podría haber sido «René Goscinny o Jean-Michel Charlier», piensa que ya no hay nada que hacer.

Resulta agotador leer este tipo de textos donde se trasluce el resentimiento de quien fracasó —lamentablemente— en el intento de generar una industria sólida en España, y ahora, sencillamante, no quiere admitir que otros puedan triunfar desde unos postulados diferentes a los propios. El desprecio a lo nuevo, sumado a una falta de autocrítica evidente, es lo que conduce a esa visión apocalíptica que está falta de cifras informadas. En algunas firmas, la verdad, esta insistencia en lo mal que está todo parece ya algo personal: necesitan que no haya remedio en el sector para justificar su propio fracaso.

Pero, en realidad, esto es lo de menos. Es su opinión, y es libre de expresarla; Ramón de España puede en efecto creer que todo lo que se vende mucho es chabacano, que Cairo fracasó porque el público no tenía ni idea, o que todo lo que se hace ahora es pobre comparado con aquello. Allá él. Lo que me parece reprobable, y ante lo que creo que no podemos simplemente callar, es la desinformación de la que hace gala y que difunde en una tribuna pública, no sé con qué intención. No quiero ahora entrar en el debate de si el sector del cómic está mal, bien o regular, de si las cosas son mejorables —¡evidentemente lo son!—, si estamos estancados o no. Argumentos para ejercer la crítica responsable sobre la industria del cómic en España los hay, qué duda cabe. Tantos, que no entiendo la necesidad de recurrir a exageraciones y mentiras como las de este artículo. Simplemente a ésas quiero referirme:

Todos sabemos que el mundo del cómic español es una ruina en la que el creador independiente pasa hambre, a no ser que aborde algún tema de interés social -la vejez, la enfermedad, la guerra civil, la violencia de género….-, y a menudo ni así.

El concepto «pasar hambre» es tan ambiguo e hiperbólico que no merece la pena rebatirlo. Pero, desde luego, no es justo generalizar tanto. Hay muchos y muchas dibujantes de cómic españoles que se están empezando a ganar la vida trabajando aquí. Podemos negar la realidad y seguir insistiendo en que «Paco Roca sólo hay uno» o podemos preguntar a los propios autores. Muchos de los más exitosos del momento, por cierto, hacen humor. Nada de vejez, enfermedad ni guerra civil. Por si acaso: sé que muchos, la mayoría, aún no pueden vivir exclusivamente de sus tebeos. Pero no todos están en esa situación.

Todos sabemos que vender 300 ejemplares de algo digno es una hazaña y llegar a los 1000, un milagro.

No conozco ningún editor que no sea autoeditor que esté contento de vender solamente trescientos ejemplares —que rara vez daría, simplemente, para recuperar la inversión—, pero como de España habla de «algo digno», ahí está su coartada: a saber qué considera digno él. En todo caso, unos cuantos «milagros» de los dos últimos años que sepamos que han sobrepasado esa cifra de mil ejemplares, sin pensar demasiado ni buscar en internet: Croqueta y Empanadilla de Ana Oncina, Cooltureta de Moderna de Pueblo, Crisis (de ansiedad) de Juanjo Saez, No os indignéis tanto de Manel Fontdevila, Diario de una volátil de Agustina Guerrero, Las meninas de Santiago García y Javier Olivares, Beowulf de Santiago García y David Rubín, Los surcos del azar de Paco Roca, He visto ballenas de Javier de Isusi, Mox Nox de Joan Cornellà, Ranciofacts de Pedro Vera.

Todos sabemos que las editoriales independientes caen como moscas y que las que sobreviven lo hacen gracias a una estructura mínima carente de empleados y, a veces, hasta de oficinas.

La segunda  aseveración es cierta en parte; hay editoriales cuyas oficinas son la residencia del editor, efectivamente. Pero en cuanto a la primera afirmación, de verdad, por más que lo medito, no sé dónde están todas esas editoriales «independientes» que caen «como moscas». En los últimos meses, de hecho, han aparecido varias: Tyrannosaurus Books o Grafito Editorial. Puede que se refiera a Glénat, pero no creo que podamos considerarla «independiente» en el sentido que parece darle Ramón de España al término.

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Dos eventos universitarios.

En el futuro más o menos cercano según el caso voy a participar en dos actividades organizadas por sendas universidades.

La primera de ellas tendrá lugar el 21 de abril (el próximo martes) a las 11:30 en el Campus Dehesa de la Villa de la Universidad Nebrija, y será una charla-coloquio en torno al cómic. Yo hablaré sobre la historia de España a través de los tebeos. Aquí tenéis más información del evento.

Para el segundo todavía queda mucho, pero voy avisando porque se trata de un curso de verano en la Universidad de Alcalá y ya está abierto el plazo de matrícula. En él participaré con una ponencia sobre la aparición de la conciencia artística en el cómic. Os dejo aquí el tríptico con la información para inscribirse, por si a alguien le puede interesar. El programa y los ponentes pintan muy bien, os aviso.

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Sobre ventas y librerías.

Hace unos días Jose A. Serrano hizo pública una lista de los cómics más vendidos en las tres librerías de La Central, La Central del Raval y La Central de Callao, más la librería Agapea de Málaga. Serrano exponía los datos y los comparaba con la lista de los más vendidos en varias librerías especializadas en cómic que podía encontrarse en el reciente informe de Tebeosfera, y dejaba en el aire las conclusiones… Así que recojo el guante y me lanzo a escribir unas palabras sobre estos datos.

Lo primero que hay que advertir, por si acaso, es que este listado sólo representa lo que se vende en esas librerías. En el caso de las tres La Central, no obstante, hay que decir que no hablamos de tres pequeñas tiendas, precisamente. Son establecimientos potentes que deben de facturar bastante. Sus secciones de cómic son amplias y de las que mejor les funcionan. Quiero decir con esto que cuando ofrecen una lista de sus cómics más vendidos que nadie piense, aunque no den cifras, que se trata de ventas de diez o veinte ejemplares. Tampoco hay demasiadas sorpresas, en todo caso. No hace falta ser un lince para darse cuenta de que títulos con tantas reediciones como los que ahí aparecen se tienen que estar vendiendo bien por fuerza.

Sobre las diferencias con la lista de lo más vendido en librerías especializadas, hay que decir que La Central no se venden todos los tipos de cómics. No nada —o casi nada— de lo que convencionalmente llamamos mainstream norteamericano, que copa la lista de las especializadas, ni tampoco manga juvenil. Tiene un perfil muy concreto orientado a la novela gráfica y el cómic de autor, pero además de eso suelen tener bastantes ediciones modestas, fanzines y autopublicaciones. Al menos en La Central de Callao, que es la que conozco bien. También tienen bastante material de importación y libros teóricos. Por otro lado, aunque en teoría en las librerías especializadas tienen de todo, la verdad es que eso cada vez es menos cierto. No conozco las librerías de las que se recabaron los datos del informe de Tebeosfera, pero sí sé que en muchas otras están orientando el negocio a lo que les ha funcionado siempre, a lo que le demanda su clientela habitual. Es habitual ver la sección de cómic adulto, en ocasiones muy mal nutrida, arrinconada en el peor espacio de la librería, que invariablemente dedica los mejores al cómic americano y al manga. Y es totalmente lícito, por supuesto: simplemente son decisiones de negocio, de la misma forma que lo es para La Central cuando orienta su fondo. Todos conocen a su público y eligen en consecuencia.

Por eso pienso que la conclusión más relevante que podemos sacar de todos estos datos es precisamente constatar que ahí fuera ya no hay un único público lector de cómics, por si había alguna duda. Sigue existiendo una cultura que se articula en torno a las librerías especializadas, lo que siempre hemos llamado el fandom, que gira sobre tres ejes: el cómic europeo de aventuras clásico, los superhéroes y el manga shonen. La franquicia y lo multimedia son claves, sobre todo en los dos últimos, y tienden a generar un fenómeno de militancia en torno a la afición que uno ha escogido. Generalizando mucho, este tipo de lector, que a menudo se autoidentifica con lo friki, toma el todo del medio por la parte que él consume, y lo explica mediante categorías que encajan con lo que conoce exclusivamente. Lo vemos a diario en determinados sitiosde internet y medios de aficionados, donde nunca ha terrminado de calar la novela gráfica —salvo excepciones como Paco Roca—, porque, sencillamente, pasa por debajo de su radar, ajustado para localizar novedades en su librería habitual. Para esa cultura del fandom el cómic termina donde está la puerta de salida de esa librería, y el horizonte del cómic adulto acaba en The Sandman, Los muertos vivientes o algún álbum de Bourgeon. No estoy juzgando a nadie; cada uno es libre de decidir qué cosas le interesan. Sólo faltaba. Ese mundo funciona comercialmente, porque hay una inercia de décadas, y la afición que sustenta el negocio es muy fiel. No funciona tan bien para los autores españoles que escogen publicar su obra directamente en nuestro mercado, precisamente por ese hermetismo a otras propuestas.

Paralelamente a ese mercado tradicional —que no frente a él—, en los últimos años ha ido surgiendo otro que ha trascendido el espacio físico de la librería especializada y ha colonizado otros puntos de venta. Lo interesante de los datos recabados por Serrano para mí es precisamente ver cómo se ha consolidado ya ese mercado generalista de cómic, aunque sea tomando los títulos más vendidos en La Central nada más. En este mercado, que ya tiene unos años, se aprecian muchas tendencias y dinámicas consolidadas.

Por ejemplo, aprecio que hay ya una serie de títulos que se han convertido en clásicos de la novela gráfica, auténticos best-sellers que se venden siempre: Maus, Persépolis y Pyongyang. Seguramente libros como María y yo, Píldoras azules o Blankets no anden muy lejos. Junto a ellos encontramos muchos éxitos de temporada, novelas gráficas modernas que cuentan historias más o menos convencionales pero que han conectado con el gran público lector o, por lo menos, con el tipo de público de La Central: El azul es un color pálido y Come Prima. Y tras esos títulos dramáticos, lo que destaca es sin duda el humor. No sorprende, porque el cómic humorístico siempre ha vendido bien en España, pero tal vez estemos ante nuevos tipos, más alejados de lo autorreferencial y de la parodia, y más cercanos a lo costumbrista y a la sátira política. Dejemos al margen los dos libros de El Roto, muy meritorios, y fijémonos en dos fenómenos. Por un lado, el humor más o menos amable —al menos en su superficie, luego cabrían todos los matices que queramos—, en historias cortas o incluso viñetas sueltas, a menudo surgido en internet o por lo menos fuertemente apoyado en la red. Es un humor que está llegando a un público diferente, en muchos casos mujeres, quizás por ese costumbrismo que comentaba, por hablar del día a día y de la sociedad actual. Los libros de The Oatmeal, Moderna de Pueblo o Ana Oncina son fenómenos de ventas muy significativos, impensables hace no tanto, y que están acostumbrando a leer cómic a gente que no tenía el hábito.

Sin embargo, no son los únicos libros humorísticos de la lista, y el segundo fenómeno al que me refería tiene que ver con dos de ellos: el Mox Nox de Joan Cornellá y Mejor que vivir de Miguel Noguera. Ninguno de los dos hace un humor «amable», ni en principio encajan en ese humor para todos los públicos que —dicen— asegura el éxito de ventas.Sin embargo ambos han triunfado comercialmente haciendo lo que hacen, sin variar su fórmula, el primero gracias a la difusión de su trabajo en internet, y el segundo a través de sus Ultrashows y en cierta forma también a través de internet, porque hay muchos de ellos colgados en la red. Estos canales alternativos permiten el acceso al mercado a autores diferentes que no tienen que pasar así por los filtros que pretenden saber qué le gusta al público de antemano.

Unas notas más: me sorprende mucho la presencia de La gran guerra en la lista, porque no es un tebeo convencional ni es un producto barato. Supongo que Sacco ha dado el siguiente paso y se ha convertido en un valor en sí mismo cuyos trabajos venden porque el lector sabe la calidad que conlleva. Y me sorprende, también positivamente, que No os indignéis tanto de Fontdevila, aparecido a finales de 2013, aparezca en la lista. Si nos dicen hace cinco años que un cómic ensayístico, aunque sea con humor, iba a alcanzar ese éxito, seguramente no nos lo habríamos creído.

En un nivel general hay varias diferencias significativas entre ambas listas, como ya señala Serrano. En la de La Central más de la mitad de los autores son españoles, un 35% de los títulos están realizados por mujeres, y, añado yo, Random House / Mondadori domina con siete títulos. El único cómic que aparece en las dos listas es sin duda el éxito de la temporada: Los surcos del azar, en la primera posición en ambas. Que un libro que cuesta 25 euros se haya vendido más que los comic-books más vendidos en librerías especializadas en cómic deja ya muy clara la magnitud del fenómeno Paco Roca. Y yo me alegro mucho, porque es una suerte que el autor de cómic más vendido sea uno tan bueno como él; no es tan habitual.

Pero, de todas formas, quizá lo más importante, porque son datos objetivos, son las cifras de ediciones y ejemplares vendidos que recopila Serrano. Cuando se insiste en la idea de que no es posible vivir del cómic en España a menudo se acompaña de la frase «Paco Roca sólo hay uno». Pero parece que cada vez hay más pacos rocas, más fenómenos de ventas. Ahora bien, lo que no es posible es imponer nuestros gustos al gran público. Gusta lo que gusta. Yo no veo mis gustos representados en ninguna de las dos listas, pero me parece que hay que evitar a toda costa el paternalismo y los aires de superioridad. Hay autores que conectan con mucha gente y eso, además de lícito, no es nada, pero nada fácil, y despreciarlos por ello, o pensar que al menos son una puerta de entrada para los lectores al cómic con mayúsculas, me parece un error. A lo mejor la persona cuyo primer cómic es uno de The Oatmeal no lee en su vida a Charles Burns o a Alan Moore. Y no pasa nada, aunque muchos lectores avezados a veces hablen de advenedizos que leen tebeos porque está de moda. Pues qué queréis que os diga: muchos advenedizos más hacen falta para que esto de los cómics funcione de verdad.

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Un premio.

Ayer me llevé una enorme sorpresa cuando me comunicaron que me habían otorgado el premio al mejor comentarista de cómics de 2014 que concede Diario de Avisos, donde Manuel Darias lleva décadas escribiendo sobre cómics. De hecho, se trata de la XXXVIII edición de los premios, nada menos. Es un gran honor para mí verme en ese palmarés, así que gracias a Manuel Darias y al jurado de los premios por acordarse de mí. Me lo tomo como un estímulo para seguir trabajando y mejorando en lo mío.
Aquí os dejo un escaneo de todas las categorías premiadas este año:

1938 XXXVIII Premios Diario de Avisos 2014

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Orgullo y Satisfacción 8, de VVAA.

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El dossier del número de abril de Orgullo y satisfacción es aunque no lo parezca el más osado y el que más marca la distancia con los medios tradicionales de los que han publicado hasta ahora. Tal vez si no se conocen los entresijos de esto parezca a priori menos peliagudo hablar de «Grandes marcas» que de políticos, religión o monarquía, pero, en realidad, muchos humoristas gráficos aseguran que los mayores problemas de censura con su trabajo que han tenido tiene que ver con marcas comerciales poderosas. ¿Por qué? Bueno, en dos palabras: la publicidad. Todo medio de comunicación tradicional se mantiene gracias a la inyección de pasta que meten los anunciantes, entre ellos, por cierto, la publicidad institucional, que los gobiernos emplean como moneda de cambio. No es censura legal, es algo mucho más sutil y perverso: usted tiene libertad para hacer un chiste de mi cadena de tiendas, por supuesto, o para contar los chanchullos del presidente ejecutivo, pero yo también soy libre de cerrar el grifo de los anuncios, y entonces a ver qué pasa. La crisis ha endurecido todavía más esto, porque los medios ya apenas tienen margen de maniobra, y así, se ven obligados a contar los desahucios como si fueran fruto de una especie de banco astral, etéreo, sin nombre, o a guardar silencio sepulcral sobre determinadas sentencias judiciales que afectan a poderosas empresas.

Por eso esperaba con muchas ganas el momento en el que OyS decidiera meterse en este jardín, que sabía que tenía que llegar tarde o temprano, porque OyS nació para meterse en jardines, por supuesto. El resultado es fantástico, uno de los mejores números hasta ahora. No sé si se ha hecho esperar porque estaban encontrando el momento y documentándose, pero se notan las ganas de los autores de ajustar cuentas después de años trabajando en medios en los que les han tocado las narices con chuminadas, por si acaso el señor Telefónica se enfada.

Ya el editorial trata el tema y es muy divertido, especialmente el personaje de Guillermo, pero el dossier en sí está lleno de información y es interesantísimo. Monteys se ocupa de una primera página necesaria precisamente para que los lectores entiendan la razón de ser del dossier, y además le mete mano al caso de la fábrica de Coca-Cola cerrada en Fuenlabrada y las arteras artimañas para desobeceder las sentencias judiciales. Informado y con la gracia de siempre, es una de las mejores historietas de este número. Manel Fontdevila, en otro tono, se ceba con las siniestras prácticas laborales de El Corte Inglés —si conocéis a alguien que tenga la suerte de currar en uno, sabréis que casi se queda corto—. Guillermo y Luis Bustos completan el póker del dossier encargándose del Banco Santander / Emilio Botín y Zara / Amancio Ortega respectivamente. Los cuatro levantan bastantes ampollas. También hay un buen texto de Isaac Rosa sobre El Corte Inglés de nuevo, una historieta sobre Mercadona de Mel, y algunos chistes de una página, entre ellos uno muy meta con RBA de Bustos, antológico.

¿Y el resto del número? Pues continúan las series en marcha con entregas de «Las nuevas aventuras de Emilia y Mauricio» —muy buena—, «El show de Albert Monteys», el maravilloso caos de las series de Paco Alcázar, y el «Bienvenidos al futuro» de Manuel Bartual, que pienso que a estas alturas ya podemos decir que es de lo mejor que ha hecho el autor. Las aportaciones de Alberto González Vázqquez, especialmente las que protagoniza Ferrá Adriá, son divertidísimas, y además demuestran que no necesita ser cafre para hacer gracia. Fontdevila le mete una colleja a Pablo Iglesias que me gusta no sólo por aquello de repartir a todos, sino sobre todo porque demuestra que el humor necesita no ser complaciente con su público. La colaboración de Lalo Kubala es especial porque trata de sus vacaciones en Túnez, que coincidieron con el atentado reciente.

Quiero destacar la historieta de Morán y Triz, porque normalmente se queda en un segundo plano. En esta ocasión me ha parecido fantástica y muy sagaz al desarrollar a dónde nos puede llevar la afición del gobierno de cambiar el nombre a las cosas —ya sabéis, «investigado» por «imputado»—. Me parece inteligentísima la manera en la que acaban cuestionando cómo las palabras importan y dan forma a la realidad, sin salirse nunca del gag de Mariano y Soraya.

En fin, que OyS sigue muy en forma, afinando cada vez más y sin perder de vista nunca su razón de ser. Y haciendo historia del cómic español, vamos a decirlo claro.

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Fulgencio Pimentel.

Ayer por la noche la cuenta de Twitter de Fulgencio Pimentel informaba de una triste noticia: han robado en su sede y se han quedado, de la noche a la mañana, sin sus herramientas tecnólogicas de trabajo. Teniendo en cuenta que Fulgencio Pimentel es una editorial pequeña en la que solamente trabajaban tres personas, esto es un golpe económico muy duro. Así que han lanzado esta pequeña campaña en la que, por la compra de un libro en su página web, regalan otro procedente de devoluciones de librerías.

Lo mínimo que puedo hacer yo es difundirlo en este pequeño espacio. Si teníais pendiente comprar alguno de esos libros —u otros de la editorial— éste puede ser un buen momento. Si no es así, os animo a probar, porque deduzco que si entráis en este blog es porque os gustan los tebeos, y nadie edita tebeos con el gusto de Fulgencio Pimentel. Son editores de tiempos pasados, que realizan una labor que ya pocos quieren o pueden hacer: seleccionan, ordenan, deciden. Editan, en definitiva. Realizan un trabajo de verdadera edición para crear libros propios y únicos, con diseños personalizados y un concepto estético y ético que respalda a cada uno de ellos. En tiempos de estandarización industrial, Fulgencio Pimentel insiste en otro modelo, más complicado, con menos resultados a corto plazo, pero que, sin duda, ahí quedará para los restos. Publican lo que debe publicarse, lo que estiman que necesita publicarse, y no lo que podría reportarles más beneficios. Esto es una opción, por supuesto, no estoy diciendo que lo contrario sea malo, pero sí que es con la que yo más puedo simpatizar. Fulgencio Pimentel nunca publica un libro que no pueda defender, y me consta que esto no es una pose, va en serio.

Y gracias a ese espíritu hemos tenido la suerte de ver publicados en España cómics como los cuatro libros de Frank,de Jim Woodring, que se ha convertido en uno de mis cómics favoritos, una auténtica obra maestra que jamás había sido publicada en España. También están publicando toda la obra de Olivier Schrauwen, uno de los autores de vanguardia más importantes del momento. O a la nueva sensación, Simon Hanselmann, al que incluso trajeron de gira por las Españas hace poco. Han publicado además algunos tebeos de uno de mis autores favoritos, Joann Sfar, y han recuperado historietas inéditas de los Hernandez Bros, nada menos. Y están a punto de publicar las obras completas de una autora clave del independiente norteamericano, Julie Doucet. Tampoco se olvidan de los autores españoles, y por ejemplo puede encontrarse en su catálogo una joya como Pulir, la puesta de largo de Nacho García, o Culto Charles de José JaJaJa, otro joven valor. Y no puedo olvidarme de una de sus mejores iniciativas, la publicación de una antología de cómic de vanguardia con autores de aquí y del extranjero, una maravilla que el mercado español necesitaba desesperadamente: Terry.

Aquí hago hincapié en los tebeos porque la cabra tira al monte, pero Fulgencio Pimentel también publica maravillosos libros infantiles, poemarios y libros de prosa (junto a Pepitas de calabaza), con el mismo criterio con el que edita sus cómics. La labor que hace esta editorial tiene, para mí, mucho valor. Me han dado a conocer autores nuevos y recuperado obras de otros que considero de los mejores. Es de esas editoriales que saben que su labor no puede ser solamente ganar dinero. Estoy seguro de que este revés no los tumbará, pero necesitan un empujoncito que tal vez entre todos podamos darles. No se trata de caridad, sino de solidaridad, de comprar ahora lo que tarde o temprano compraríamos. Lo merecen de veras.

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