Cinco tebeos de superhéroes.

A estas alturas me parece obvio decirlo, pero allá voy: el cómic es un medio de expresión tan válido para contar cualquier historia como el cine o la literatura. El problema es que, como el cine y la literatura, tiene una vertiente comercial que eclipsa casi completamente a la artística. Y lo que sucede es que mucha gente asume que en la literatura pueden convivir las obras de Cervantes y los truños de Dan Brown, pero le cuesta ver en el cómic más allá de Mortadelo y Filemón o Spiderman. Dentro de esa faceta comercial, de la industria de tebeos, ocupa un lugar bastante importante el género de los superhéroes. Aunque pueda parecer algo muy contemporáneo, lo cierto es que desde que el hombre empezó a contar historias, la figura de un tipo con poderes sobrehumanos ha sido un arquetipo más que recurrente. Sin embargo, en el cómic se creó un nuevo enfoque para ese arquetipo, especialmente en el seno de las dos compañías más importantes del mercado americano: D.C. y Marvel.

Hoy me apetece hablar de algunos tebeos de superhéroes que de alguna manera han trascendido la dimensión puramente lúdica que tiene el género, que van mucho más allá del consumo inmediato. Esto no es una justificación o una apología de ese género, porque tampoco las necesita: los tebeos de superhéroes de las grandes compañías son lo que son: un producto, a veces bien hecho, a veces mal, un producto que ha contado con excelentes creativos, y que, beneficiándose de ellos, en algunas ocasiones ha sabido escapar de sus propios límites. No tengo nada en contra de los cómics que no lo hacen: en otra ocasión hablaré de tebeos excelentes cuyo único objetivo es entretener.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket La muerte del Capitán Marvel, por Jim Starlin (guión y dibujo): El Capitán Marvel no murió víctima de los planes de un maquiavélico villano, ni en medio de una épica batalla. Murió en la cama devorado por el cáncer. Decir que este cómic marcó un antes y un después sería un tópico, pero no por ello menos cierto. Una brillante reflexión acerca de la muerte, desde una óptica madura y reflexiva, y un acercamiento realista por parte de Starlin a lo que sería esa clase de agonía para alguien capaz de surcar las estrellas. La muerte del Capitán Marvel fue un tebeo tan importante, la muerte del héroe tan impactante, que la editorial la respetó durante varias décadas, sin recurrir a la resurrección con fines comerciales que aguarda a cualquier difunto de la casa tarde o temprano.

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Marvels, por Kurt Busiek (guión) y Alex Ross (dibujo): A mediados de los noventa, el tipo de historia que triunfaba en el mercado americano solía incluir muchas balas, bastantes litros de sangre, y héroes oscuros y atormentados con mucha mala leche. Es por eso que sorprende más aún la valentía de Busiek y Ross a la hora de crear esta miniserie. Básicamente, su idea era repasar los primeros años de vida de la editorial a través de los ojos del fotógrafo Phil Sheldon, testigo de los acontecimientos más importantes. Marvels es tanto una obra de amor hacia el género como una reflexión acerca de lo que la existencia de gente con superpoderes significaría para la gente normal. Es una aproximación amable a esa convivencia, y por ello probablemente poco realista, pero aún así la obra es totalmente recomendable.

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La última cacería de Kraven, por J.M. DeMatteis (guión) y Mike Zeck (dibujo): Esta historia fue una saga que se desarrolló durante tres meses en las tres colecciones con las que entonces contaba Spiderman. Kraven, villano olvidado y con su puntito ridículo, regresa a la actividad para enfrentarse por última vez a Spiderman. Consigue vencerlo, y usurpa su identidad enmascarada. Contado así no parece gran cosa, pero os aseguro que el tono de la historia no es en absoluto ridículo, sino que se asienta en la psicología de los personajes tanto como en su simbología, con uso y abuso del monólogo interior, que nos permite acercarnos a los motivos del “villano” como pocas veces es posible (villano al que DeMatteis dota de una dignidad grandiosa). Esta historia tiene algunos de las escenas más angustiosas que he podido leer en un cómic. No es una obra perfecta, pero es probablemente la mejor historia de Spiderman que se ha escrito en los más de cuarenta años de tebeos del personaje, además de ser una historia que llegó todo lo lejos que se podía llegar sin salirse de los límites de la franquicia.

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Daredevil: Born Again, por Frank Miller (guión) y David Mazzuchelli (dibujo): A los que conozcais al personaje por la película aquella lamentable con música de Evanescence, quizás os sorprenda saber que en su colección de cómics durante los años ochenta, un jovencito Frank Miller (tan conocido hoy por la adaptación al cine de sus Sin City y 300) plantó las semillas de lo que acabaría siendo la revolución del género años después, a base de introducir un tono “adulto” en sus historias. Born Again, más que una historia de superhéroes, es la historia de la caída en desgracia de un hombre y el camino que tiene que recorrer para salir de ella. Es también la lucha entre dos voluntades, la del héroe, Matt Murdock, y Kingpin, ese impresionante mafioso que en manos de Miller se convierte prácticamente en el mal mismo. Sobra la batalla final, con aparición de los Vengadores incluída, a la que por más que releo el tebeo no soy capaz de encontrarle sentido. Pero hasta ahí, una historia impecable, de la que interesa no sólo lo que se cuenta sino cómo se cuenta, dado que tanto Miller como Mazzuchelli tienen un sentido de la narrativa impresionante.

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Watchmen, por Alan Moore (guión) y Dave Gibbons (dibujo): Para muchos, entre los que me incluyo, Alan Moore es el mejor guionista de cómics que ha habido, y Watchmen, sin ser la mejor prueba de ello, ofrece suficientes argumentos a favor. Los doce tebeos de los que consta son un auténtico mecanismo de relojería densísimo en el que todo está medido al milímetro y encajado a la perfección, con cada detalle, por nimio que sea, controlado con precisión enfermiza. A mí me impresionan los muchos niveles de complejidad de la obra, fruto de la obsesión, de origen desconocido, por parte de Moore de hacer de un trabajo de encargo un proyecto personal en el que plasmar no sólo una historia de superhombres, sino todas sus ideas acerca de la naturaleza del hombre y la sociedad (poco esperanzadora, la verdad). Hay cosas en Watchmen que simplemente no han sido superadas, sobre todo en el uso de los recursos narrativos que ofrece el cómic y que no pueden encontrarse en ningún otro medio. Pero de todas formas, el grandísimo mérito de Moore consiste en crear un cómic que es la gran obra maestra del género a la vez que aquella que lo aniquila por completo creativamente. Y no me extiendo más porque probablemente le acabe dedicando una entrada en exclusiva.

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