Héroes.

Hace tiempo que me apetece hablar de Héroes, pero por una cosa o por otra nunca acababa de ponerme. Así que aprovecho el inicio de la segunda temporada (o volumen) de la serie para reseñar la primera. Aviso de que a pesar de que intentaré no hablar del argumento, se me puede escapar algún spoiler, por si las moscas.

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Cuando me acerqué a Héroes, llevaba ya sus buenos ocho o nueve capítulos emitidos, y la verdad es que lo hice con cierto reparo. Para alguien que como yo lleva más de media vida leyendo tebeos de superhéroes (buenos y malos), la idea de una serie con esta temática era atractiva, pero el punto de partida me recordaba demasiado a un par de series de cómic de Strakzynski (Supreme Power y sobre todo, Rising Stars), y me olía el plagio. Sin embargo, en lugar de con un plagio, me encontré con una serie que consigue algo que podría parecer impensable: que muchos de los que leemos tebeos de superhéroes la consideremos la mejor actualización posible del género (y fuera del medio que lo vio nacer: que espabilen las grandes editoriales) a la vez que engancha y apasiona a millones de espectadores que no se acercarían en su vida a un cómic, de superhéroes o de lo que sea.

Las referencias al mundo del cómic son muchísimas. Ya he mencionado la premisa inicial (básicamente, empiezan a aparecer seres con poderes por todo el mundo, cuyo origen parece tener una fuente común), pero hay más. La influencia del Watchmen de Alan Moore es clara (Linderman y su plan recuerdan poderosamente a Ozymandias, por ejemplo), los poderes y actitudes de muchos personajes tienen un referente claro en el papel (el más claro de todos ellos, al margen del homenaje nada disimulado a Spiderman/Peter Parker en la aliteración del nombre de Peter Petrelli, es el mentor de éste, un tipo al que sólo le falta estar ciego para ser Stick, el maestro de Daredevil), los juegos temporales y las consecuentes paradojas son las mismas con las que lleva años lidiando la Patrulla-X. Incluso las pinturas del vidente Isaac Méndez son en realidad obra de Tim Sale, un dibujante de cómics.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket Rising Stars, uno de los referentes más claros de Héroes.

El mérito de los creadores de Héroes no está en usar estos referentes, sino en la forma en la que lo hacen: la diferencia entre la inspiración y el plagio está en el tratamiento que le dan, en el punto de vista, que hace que situaciones y conceptos más viejos que el sol parezcan novedosos y frescos. En lugar de crear un pastiche, han dado un paso adelante, revitalizando un género que les apasiona y que en los tebeos hace por lo menos una década que se muere. Para ello no queda otra que quedarse con lo que vale y desprenderse de lo que no: en Héroes no hay trajes, ni identidades secretas, pero el tema del poder, el control y la responsabilidad está ahí, y es de eso de lo que en realidad van los cómics de superhéroes, al menos desde que Stan Lee y Marvel crearan el concepto del “superhéroe con superproblemas”. La angustia de Claire, o de Nathan Petrelli, dividido entre su carrera política y el amor a su hermano, es la misma que mostraban Spiderman o la Cosa en los tebeos. Así, demuestran que como tales las historias de superhéroes no tienen ninguna tara de fábrica que hace que sean aptas únicamente para cuatro frikis, sino que pueden ser un producto de entretenimiento masivo, y además de calidad. El éxito de la serie reside también en otros factores: el elenco de personajes, creíbles y bien caracterizados, algunos más carismáticos, otros menos, pero siempre ambiguos (salvo Sylar no hay “buenos” ni “malos” claros, hasta el friki japonés Hiro muestra una cara oscura); el acierto de crear una continuidad jugando con el pasado, el presente y el futuro; la forma en que todo va conectándose conforme pasan los capítulos… Y probablemente los mejores “continuarás” que he visto en una serie de televisión, que te dejan siempre con la boca abierta y ganas de cagarte en la madre que parió a los guionistas por dejarlo ahí, como debe ser. Esa capacidad de enganchar al espectador se complementa con la habilidad de resolver correctamente, casi siempre, tramas en las que han creado expectación durante varios capítulos. La información se dosifica, en cada capítulo vamos sabiendo algo más, al tiempo que se nos plantean nuevas preguntas. Y siempre sin que se nos quite la sensación de que puede pasar cualquier cosa, de que ningún personaje es intocable y cualquier giro es posible. Precisamente lo que no encontramos en los cómics actuales, tan predecibles. Y pese a los fallos, que los hay, o a que a veces, como en cualquier historia de paradoja temporal, se recurra a truquillos varios y algún deus ex machina que otro, la verdad es que saben sacarle mucho partido al juego de comprobar cómo se llega a determinada situación futura, si se cumple o no tal o cual vaticinio y de qué manera, y si al final los personajes escaparán al destino que el espectador conoce o no. Y todo esto sin romper la credibilidad del mismo, que es lo difícil.

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El protagonismo coral funciona porque casi todos los personajes tienen algo que decir y su historia interesa en alguna medida, y porque los guionistas saben cuándo tienen que saltar de una trama a otra manteniendo siempre el interés. Y también porque en contra de lo que suele ser habitual en otras series, la mitad del reparto no parece ser gilipollas y ninguno resulta cargante (por lo menos a mí). Mis preferidos: el agente Parkman, un tipo normal y majete que se ve metido en un berenjenal de la leche, y Noah Bennet, quizás de los personajes más complejos y el que más sorprende.

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En la columna del debe, estarían los efectos especiales, un poco limitados al mostrar ciertos poderes (imagino que por falta de presupuesto), y la forma en la que encajan ciertas tramas, un poco pilladas por los pelos. Tampoco se entiende muy bien el papel de ciertos personajes que desaparecen misteriosamente, algunos por razones externas (el amigo del instituto de Claire, según dicen porque los guionistas planeaban desvelar la homosexualidad del personaje, cosa que no gustó al agente del chaval) otras por motivos misteriosos, como el Haitiano (que la verdad es que diálogo no tenía mucho, pero molaba). También se echa en falta un villano que destile la grandeza de un Magneto o un Doctor Muerte, porque Sylar queda un poco plano. Y la verdad es que hay que decir que algunos actores son más bien malillos, de la escuela de la cariátide, por aquello del rostro inexpresivo.

Los creadores de Héroes se han puesto el listón bastante alto. Pese a algunas pegas, han conseguido lo que necesita toda serie televisiva: una legión de seguidores. La primera temporada nos enganchó: ahora toca estar a la altura. Hoy mismo he visto el primer capítulo y la verdad es que de momento la cosa pinta bien: se presentan algunos personajes nuevos, se plantean nuevas situaciones y nuevos enemigos, y vemos el nuevo estatus de algunos de los protagonistas de la anterior temporada, mientras que de otros aún no sabemos nada. Esperemos que no lo estropeen y sobre todo, que sepan cuándo parar (que es lo más difícil, sin duda alguna).

En todo caso, aquí estaremos para verlo. Si no conocéis la serie, dadle una oportunidad: unos tipos capaces de convertir a una animadora rubia en un personaje interesante bien la merecen.

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