Los Eternos, de Neil Gaiman y John Romita Jr.

Cada vez entiendo menos los trabajos de encargo de Neil Gaiman. No soy de los que consideran que sólo The Sandman vale la pena de entre toda su producción (aunque vale, es su gran obra y mi favorita), pero ciertos guiones que ha firmado en los últimos años están excesivamente por debajo de su nivel. Es incomprensible: no son guiones alimenticios, porque dudo que a Gaiman le haga falta el dinero que pueda haber ganado con ellos. Supongo que tiene más que ver con un deseo de no dejar de estar vinculado al cómic sin romperse mucho la cabeza, a pesar de que es obvio que lleva años más interesado en la novela y el cine. Nunca se sabe cuándo te vas a estrellar y vas a necesitar que el medio que te dio la fama te acoja cual hijo pródigo, eso es cierto.

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Obviamente, Los Eternos forma parte de ese grupo de guiones. Una serie limitada de siete números, en los que, salvo en algunos diálogos (uno de los puntos fuertes del guionista), apenas reconocemos a Gaiman, que está soso, impersonal, anodino. Hay alguna idea interesante, pero que no explota en absoluto. Ni disfruta él ni hace disfrutar al lector, que en algún momento sentirá, y con razón, que le están tomando el pelo. A Gaiman le importan un comino los Eternos, y se nota. Y en Marvel estarán muy contentos por tener en nómina a uno de los guionistas más mediáticos y conocidos (junto con Frank Miller, y ambos por el mismo motivo: el salto a otro medio), pero entre esta serie y la de 1602, me empiezo a preguntar a qué viene todo esto. Porque la realidad es que si un guionista joven y sin caché entrega un guión así y no lo acompañan con un dibujante estrella, no vende ni dos tebeos.

La premisa inicial es buena, pero no es suya. Toda la historia de los Eternos y los Desviantes, la venida de los Celestiales, es fruto de la mente de Jack Kirby en pleno delirio tardosetentero, habiéndose empapado de todas las teorías marcianas (en todos sus sentidos) de gente como Von Danyken. Kirby fue un dibujante crucial para el desarrollo del cómic americano, pero también fue un creador de conceptos inigualable, por lo que la materia prima con la que contaba Gaiman era perfecta. Incluso me atrevería a decir que en principio podría pensarse que se le ajusta como anillo al dedo, y que no hay nadie mejor que él para actualizar las creaciones kirbianas (¿o kirbiescas?). Pero nada.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket Una de las portadas de la serie.

Lo único que consigue producir este tebeo es aburrimiento, desgana e indiferencia. Los personajes no tienen carisma (precisamente lo que mejor se le da a Gaiman: dotar de carisma a sus personajes). La trama está estirada en exceso, y no está pensada para el formato de tebeo mensual. Algunas de las situaciones que se plantean, como el reality show de jóvenes superhéroes, son absurdas. Además, la clasificación de la historia es confusa: al principio parece que está fuera de continuidad y hasta fuera del universo Marvel tradicional, pero luego empiezan a aparecer por ahí Iron Man, Chaqueta Amarilla y la Avispa, y se hace alusión a situaciones actuales de ese universo de ficción (lo que hace que resulte obvio que a Gaiman le han ayudado en los guiones para encajarlos en la actualidad Marvel, si no que alguien me explique cómo sabe este hombre que Sersi ha estado en los Vengadores o qué demonios es la Civil War). Esto le resta atemporalidad a la historia, y dificulta su lectura una vez pase cierto tiempo, aunque supongo que tampoco era la intención de nadie hacer una obra maestra que perdurara mínimamente.

Lo mejor de la serie, y el verdadero motivo de que aguantase comprándola hasta el final, es el dibujo de John Romita Jr. Es un auténtico misterio que este gigante del cómic de superhéroes permanezca en el primer plano en estos tiempos de amerimanga y dibujos calcados de revistas y/o fotocopiados, pero es que realmente, cada vez dibuja mejor. En Los Eternos, a pesar de que la paleta de colores no es la más adecuada para sus lápices, Romita Jr sí que consigue ser un digno sucesor de Kirby, mostrando perfectamente la fuerza y la grandiosidad monolítica de los Celestiales o de esas ciudades extravagantes y llenas de tecnología que le encantaba dibujar. Desafortunadamente, Romita no puede dar rienda suelta a su imaginación hasta los dos últimos números prácticamente, demostrando Gaiman poca vista a la hora de explotar las mejores cualidades del lujazo de dibujante que le habían asignado.

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Un ejemplo de lo que es capaz de hacer Romita: Pinchen y babeen. La edición de Panini, bueno. Elegir las portadas alternativas del insípido y photoshopero Rick Berry en lugar de las de Romita me parece un error, y además, qué queréis que os diga, estoy demasiado viejo como para perder el culo porque usen tinta metalizada para el título. Hubiera preferido que la edición fuera más modesta y no me clavaran tres euros por treinta y seis páginas, o directamente, que lo hubieran publicado en un tomo. La historia habría ganado al leerse del tirón y habría salido más económica.

En fin, nada más que añadir. Otro argumento más para los detractores de Gaiman, que cada vez son más. Yo con vuestro permiso me voy a releer The Sandman.

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