Héroes del Silencio: la gira del próximo milenio.

“Nos vemos en la gira del próximo milenio”, dijo Bunbury en el concierto de despedida de los Héroes del Silencio, hace once años. Y al final lo que pareció una frase bonita para que los fans no perdieran la esperanza más que otra cosa, se ha acabado cumpliendo, en una gira de varios conciertos en América y España. Lo que parecía imposible teniendo en cuenta lo mal que acabó Bunbury con el resto del grupo, se cumplía al fin. Para muchos, que no los vimos nunca en directo, era una oportunidad única. Así que a Sevilla que me tocó irme el sábado, a ver a los Héroes en el penúltimo concierto de esta gira de reunión que ha levantado un revuelo sin precedentes para un grupo español, tanto para conseguir las entradas como en los días de los conciertos en cada ciudad (Sevilla se vio literalmente colapsada: era imposible encontrar alojamiento y no había billetes de tren).

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Uno de los carteles de la gira. ¿Qué tienen los Héroes del Silencio que hace que merezca la pena pegarse una paliza como la que me pegué? Está claro que no son ni Deep Purple ni Led Zeppelin; descontando a Bunbury, ninguno de ellos es un excepcional intérprete. Sin embargo, hay algo en el grupo que hace que tanto tiempo después la gente abarrote un estadio para verlos (70.000 personas, dicen): la pasión, la garra, la capacidad de llegar a un público con el que siempre conectaron a la perfección; y qué demonios, que sus canciones lo tienen todo para marcarte en ciertas etapas de la vida, independientemente de que sean o no grandísimos músicos. Héroes del Silencio fue un grupo que supo ser rebelde sin caer en la política, cargado de ira y de insolencia adolescente, pero también, a veces, de una honda amargura. Y ante todo, la forma en que sus crípticas letras se vinculan a esos recuerdos y se graban a fuego en la memoria, cobrando un significado distinto para cada persona, que es lo más grande de los Héroes del Silencio. Fue la sinceridad con la que transmitían todo esto cuando se subían a un escenario o grababan un álbum lo que realmente me enganchó de ellos, y precisamente eso es lo que les diferenció de otros grupos españoles contemporáneos y lo que ha hecho que no tengan ningún sucesor en el deplorable mercado actual.

Ayer en Sevilla quedó patente que esa complicidad existe aún, aunque ya no sea, no pueda ser, lo mismo. Se separaron siendo aún prácticamente chavales, y hoy son padres de familia, alguno incluso con una carrera que no tiene que ver con la música. Excepto Bunbury, claro, que será siempre un eterno adolescente. Y es que podrá caer bien o mal, pero no se puede negar su carisma cuando se sube al escenario. No es sólo la voz impresionante que tiene, es la forma en la que masca cada sílaba, de darse completamente, de morir con cada canción. Y la verdad es que me sorprendió, porque pensaba que era el que más papeletas tenía para cumplir el trámite sin más y embolsarse el cheque, sobre todo teniendo en cuenta su trayectoria musical posterior. En estos conciertos está quedando claro hasta qué punto para él es importante un grupo al que le debe todo, lo mucho que aún siente esas canciones y esa época de su vida. Y fue a él, como siempre, al que le tocó establecer esa relación con el público, que desde el primer momento se entregó totalmente, como he visto pocas veces (aunque vaya, tampoco es que haya ido a muchísimos conciertos). El resto del grupo estuvo más estático, y se les ha criticado bastante por eso, pero no entiendo mucho por qué: si uno ve sus conciertos antiguos, verá que siempre ha sido así. Bunbury es el que anima y el que pone la pasión y la rabia, mientras que el resto toca, simplemente.

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Enrique Bunbury en un momento del concierto de Sevilla.

Sin embargo esa simbiosis grupo-público también tiene su parte mala. Yo admito que soy muy raro, y que, acostumbrado como estoy a ir a conciertos de gente como Jethro Tull y Mike Oldfield, en los que la gente chista a los escandalosos para que se pueda escuchar mejor la música, me choca y me molesta que haya gente que vaya al concierto con la intención de dar la nota (animados por previas ingestas de alcohol en cantidades nada despreciables) más que de escuchar al grupo. También es que me coloqué en una zona no muy buena, en el campo, pero muy lejos del escenario, y al lado de cuatro o cinco borrachos que no cantaban: berreaban. De hecho, en muchas de las canciones apenas escuchaba otra cosa que el tío que soltaba gallos a escasos centímetros de mi oreja (y hasta me jodía los solos imitando el sonido de la guitarra con la boca). Luego me moví, y algo más disfruté, pero aún así la música se escuchaba demasiado baja como para imponerse debidamente al alboroto lógico (al margen de mi mala suerte al elegir sitio) que hacen 70.000 personas. No es achacable al grupo, sino al sonido, que no es que fuera malo, es que no tenía potencia. Así que como fiesta, fue un diez absoluto, pero como concierto en sí, como acto de escuchar música con cierta calidad más allá de la emoción de estar escuchando en directo al grupo, me decepcionó un poquillo. Vamos, no me arrepiento, que conste, fue algo muy especial vivir aquello, en algunos momentos muy emocionante. Pero me hubiera gustado escucharlo mejor, porque yo voy a un concierto a eso. De cualquier forma, el grupo no estuvo mal. Ya he dicho que Bunbury estaba completamente entregado, y en cuanto a su voz, por los temas que pude escuchar mejor estuvo fantástico, y aguantó hasta el final, que no es poco, ya que el concierto rondó las dos horas y media (más de veinte temas). Juan Valdivia se marcó buenos solos y fue el contrapunto perfecto a Bunbury en el escenario: siempre sereno, en su mundo, a veces con un cigarro, pero sin levantar apenas la vista de su guitarra. De la labor de Andreu y Cardiel no puedo opinar mucho dados mis problemas para escuchar la música, y a Gonzalo Valdivia, que fue como segundo guitarra, se le vio muy a gusto y suelto. En conjunto sí observé que tocaron más en la línea de los discos, del estilo de estudio, que de los antiguos directos, donde su sonido se endurecía bastante, si bien es cierto que esto se notó menos en los temas del Avalancha, que en ese sentido es su disco más “heavy”.

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Portada de Avalancha, último disco de estudio de la banda.

El listado de temas estuvo en general acertado. Era evidente que había canciones que iban a tocar sí o sí (Avalancha, Maldito duende, Entre dos tierras…). A mí me faltaron algunas y me sobraron otras, pero supongo que eso le pasó a todo el mundo. Sin embargo, me parece que a un concierto de los Héroes sin Flor de Loto y Parasiempre le falta algo. No esperaba que tocaran mi tema favorito, Espuma de Venus (no lo han tocado jamás, que yo sepa), pero canciones como Hace Tiempo y Sangre Hirviendo sí me parecen mejores y más representativas del grupo que Despertar o No más lágrimas, pero no deja de ser una cuestión subjetiva. Hubo sorpresas agradables para mí, como Tesoro, y sobre todo Bendecida, una de mis favoritas y de las que más disfruté. La Chispa Adecuada fue uno de los mejores momentos del concierto, e incluso hubo un par de sorpresas más, como la aparición estelar de Phil Manzanera, guitarrista y productor de Senderos de Traición y El Espíritu del Vino (al que la gente recibió con cierta frialdad, probablemente porque no sabían quién era), y los espectaculares fuegos artificiales tras el concierto, que me dejaron embobado (no puedo evitarlo: me fascinan desde crío). Eso sí, eché en falta algún recuerdo para el azteca de oro, Alan Boguslasky, guitarrista que llegó a formar parte del grupo, y al que no hubiera estado de más dedicarle algún tema.

Mención aparte merece la nefasta organización del concierto, al menos por lo que a mí me tocó. Las puertas se abrieron demasiado tarde, y además por algún motivo estuvieron un rato sin dejarnos pasar una vez abiertas, lo que creó momentos de un hacinamiento agobiante. Tras el concierto, más de lo mismo: por algún oscuro motivo cerraron las salidas a pie de campo y tocó esperar interminablemente para salir por las superiores. Y lo peor de todo fue el tema de las entradas preferentes: hubo gente que tenía y tuvo que ver el concierto desde la grada, mientras que parece ser que el acceso a dicha zona fue una cuestión más de picaresca y velocidad que otra cosa. Imperdonable, teniendo en cuenta lo que costaban y lo difícil que era conseguirlas. Al final, pese a todo, me quedo con lo bueno, con haber podido ver en directo a un grupo que jamás pensé que podría ver y que no defraudó en absoluto en su regreso. No estuvieron mejores que nunca, pero estuvieron a la altura de su leyenda. Y con eso, al menos por esta vez, basta.

Discografía básica:

El mar no cesa (1988).

Senderos de traición (1990).

El Espíritu del Vino (1993).

Avalancha (1995).

Parasiempre (1996).

Rarezas (1998).

ACTUALIZACIÓN 25/10/07:

Listado de temas del concierto:

El estanque.

Deshacer el mundo.

Maradentro.

La carta.

Bendecida.

Sirena varada.

Opio.

La herida.

Despertar.

Apuesta por el rock’n’roll.

Héroe de leyenda.

Con nombre de guerra.

No más lágrimas.

Nuestros nombres.

El mar no cesa.

Entre dos tierras.

Maldito duende.

Iberia sumergida.

Avalancha.

Oración.

Tumbas de sal.

La chispa adecuada.

Tesoro.

Malas intenciones.

En brazos de la fiebre.

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