Cristal oscuro.

A finales de 1982, se estrenaba Dark Crystal (Cristal Oscuro en España) en los cines. Fue uno de los proyectos más ambiciosos de Jim Henson, además de uno de los que más se enorgullecía, y eso a pesar de que su éxito fue moderado (aunque hoy es para muchos película de culto).

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Cartel de Dark Crystal.

La gestación de Cristal Oscuro empezó cinco años antes, en 1977, cuando cayó en las manos de Henson un libro de ilustraciones de Brian Froud. Henson, amante del folklore europeo, quedó fascinado por la obra de Froud, hasta el punto de que se puso en contacto con él y acabó por hacerle una visita a su estudio en Inglaterra. En esa época, Henson estaba pensando en realizar un largometraje, pero no había nada decidido, al margen de que quería una historia fantástica. Una vez pudo ver el trabajo de Froud de cerca le hizo una propuesta: Froud crearía a toda una serie de personajes y razas que protagonizarían su película. En lugar de escribir el guión y después trabajar en los diseños, el proceso sería inverso: Henson escribiría un guión y una historia para los personajes que Froud inventara. De hecho, Henson trabajó en la historia, las lenguas, las religiones de las distintas criaturas, en sus modos de vida y su organización social, en su arte. Como él mismo cuenta en el documental The World of Dark Crystal, sabía que todo ese trabajo no se vería en la película salvo en pequeños detalles, pero que era necesario para dotarla de verosimilitud.

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Jen y Kira.

De esta manera tan curiosa se inició la producción de Dark Crystal. A partir de los bocetos de Brian Froud, el equipo de Henson comenzó a trabajar en la construcción de los decorados y las marionetas que serían necesarias para la película, que no empezaría a rodarse hasta 1981. Dirigida por Jim Henson y Frank Oz, Dark Crystal es una película única. Protagonizada únicamente por marionetas y grabada en entornos reales (sin apenas usar ni el croma), desde el primer momento puede verse el esfuerzo titánico de todo un equipo de profesionales de lo más variopinto, reunido entorno a Jim Henson.

Una escena de acción. Atentos al diálogo del final, impagable.

Hay escenarios que cortan la respiración: mimados hasta el detalle más nimio, es un auténtico placer para el espectador observar el interior del castillo de los Skeksis, el modelo del universo de la vieja Aughra o el pantano en el que se encuentran los dos protagonistas, fabricado parcialmente con vegetación real.

Las criaturas que aparecen en la película son a cual más espectacular. El mismo detallismo que se aprecia en los decorados puede verse en las marionetas, no sólo en su aspecto, sino también en sus movimientos y expresiones faciales, realmente brillantes. Fue necesario idear multitud de nuevas técnicas para controlarlas que se probaban sobre la marcha, aportando ideas entre todos, y siempre con la máxima de que todo es posible. Por ejemplo, los Mystics y los Skeksis (mis favoritos), las dos razas ancestrales de las que ya sólo quedan diez miembros de cada una, eran manejados por varias personas: un marionetista se introducía en la marioneta (eran de cuerpo entero), mientras que otros accionaban partes del cuerpo que no podían controlarse desde dentro. Al mismo tiempo, varias personas se encargaban de controlar a distancia los movimientos de ojos y boca con unos controles especiales que desarrollaron y que revolucionaron por completo el manejo de muñecos en el cine, alcanzado unos niveles de expresividad y realismo jamás vistos. El pueblo de los Pod (¡creados por Froud inspirándose en patatas!), Aughra, y los dos Gelflings (los protagonistas) eran marionetas tradicionales, pero también tremendamente sofisticadas si las comparamos con las que se venían usando en Barrio Sésamo o The Muppet Show. Jim Henson se encargó de manejar a Jen, el Gelfling, además de a uno de los corruptos Skeksis, aunque prefirió no ponerles su voz para evitar que al espectador pudiera recordarles a la voz de Kermit. Por su parte, Frank Oz se ocupó de la vieja Aughra y del chambelán de los Skeksis. El resto de los personajes quedaron en manos de un numeroso grupo de actores, mimos, acróbatas y marionetistas, coordinados y entrenados por un famoso mimo francés que Henson contrató, Jean-Pierre Amiel.

La fiesta en el poblado Pod, una de mis escenas favoritas.

La única pega que puede ponérsele a Dark Crystal no es, sin embargo, pequeña: pese a que el resultado visual es insuperable, la historia que cuenta la película no está a la altura. Quizás por dedicar tantos esfuerzos a la creación del mundo y sus habitantes, quizás también por partir de los personajes y amoldar la trama a los mismos, la historia en sí queda en un segundo plano, oculta por el apabullante despliegue de imaginación que se ve en pantalla: una mera excusa para ir mostrando escenarios y personajes. Además abusa en exceso de los tópicos del género: una profecía, un pequeño e indefenso protagonista con el destino del mundo en sus manos, el viaje…

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Un Mystic.

A pesar del acertado tono crepuscular, de mundo que se muere, la historia es demasiado fría, cuesta empatizar con los personajes y emocionarse, y no porque sean marionetas, ni mucho menos, sino porque le falta algo de épica y algo de intensidad. La película, corta por necesidad, no ofrece suficiente desarrollo de los personajes para que entendamos sus motivos y su carácter. Por eso los mejores son los Mystics y los Skeksis, criaturas simbólicas que no necesitan ser desarrolladas para entenderse. Los Skeksis, además de ser las marionetas más logradas, protagonizan en su decadente corte los mejores momentos de Dark Crystal, como éste:

Pese a todo, la recomiendo sin reservas: Dark Crystal es una película que se ve con la boca abierta de admiración, y que compensa las carencias argumentales con un impresionante espectáculo que ningún efecto especial generado por ordenador podrá superar.

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