X-Factor, de Peter David y otros.

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Hace un par de días, ordenando los últimos tebeos que había comprado, caí en la cuenta de que X-Factor es la única colección regular de Marvel que estoy comprando ahora mismo, así que qué menos que dedicarle un post. Ya he dicho alguna vez por aquí que no me gusta la manera en la que se hace hoy en día género de superhéroes. No me gusta que se tarde en leer un tebeo de grapa dos minutos y no pase nada en él, ni que en un recopilatorio de doce números se cuente lo que antes se contaba en tres cómics. No me gustan los héroes “realistas”, militarizados, trabajando bajo las órdenes del gobierno y revelando sus identidades, no me gusta la pose guay y radical, no me gusta que matar o no ya no sea un dilema moral. Y sobre todo, no me gustan los guionistas cool de moda que dejaron de leer tebeos hace años y saben menos que yo de las colecciones y personajes que guionizan: el daño que están haciendo el editor Joe Quesada y guionistas como Mark Millar y sobre todo Brian Michael Bendis a Marvel tardará años en apreciarse en toda su dimensión, pero no por eso es menor, y es ni más ni menos que la destrucción de aquello que da sentido e interés al género. La mitología, la saga, la épica, sin las cuales un superhéroe es absurdamente ridículo.

Alrededor del año 2000, compraba muchísimas colecciones. Todas todas no, pero el 75% de lo que se publicaba aquí sí, tranquilamente. La mayoría me gustaban realmente, pero había ciertas colecciones que seguía por mero completismo —sobre todo de mutantes—. Con el paso del tiempo, a la vez que iban desapareciendo colecciones que me gustaban y aparecían otras que no, me iba curando del síndrome del coleccionista compulsivo. Me bajé de Los Vengadores cuando Bendis los reventó. Me bajé de La Patrulla-X y X-Men por puro tedio, porque me parecían soberanamente aburridas. El año pasado le di el golpe mortal al completismo cuando, después de diecisiete años de coleccionarla, decidí dejar de comprar Spiderman, viendo la que se avecinaba y harto de aguantar gilipolleces y de cabrearme más que divertirme leyendo los tebeos. Y al hacerlo iba descubriendo que no se acababa el mundo, y gracias al dinero que me ahorraba en mierda pude conocer otros géneros, otros autores, otras formas de hacer cómic y de contar historias, y crecer como lector. De hecho, hoy me gasto más dinero que nunca al mes en tebeos, y en buenos tebeos.

Seguía comprando algunas cosas sueltas de Marvel hasta el año pasado, a pesar de todo. Hice entera la divertida Hulka de Dan Slott, compraba hasta hace dos días Ultimate X-Men, que he abandonado por aburrida, como sus hermanas mayores, y seguía con cierto interés los Astonishing X-Men de Joss Whedon, que acabaron hace poco. Así que sí, sin darme cuenta, y al margen de reediciones, me he quedado sólo con X-Factor. No es, evidentemente, la octava maravilla del universo, pero sí es el único tebeo de la actual Marvel que, excepción hecha de Daredevil y Capitán América de Ed Brubaker —de los que estoy esperando que se editen en tomo para poderlos leer sin cargar con el material “extra” que Panini cuela en sus ediciones—, me interesa y entretiene lo suficiente como para comprarlo. El guionista es Peter David, perro viejo ya, uno de los pocos que referencia el rico pasado de Marvel y es consciente de que lo que él hace es continuar una saga, no inventar la sopa de ajo. No es un Alan Moore, pero al menos lo sabe, que no es poco, y aunque su carrera ha sido algo irregular, cuando se encuentra a gusto con los personajes que le tocan, le gusta implicarse y dedicarles largas temporadas que suelen dar frutos positivos. En esta colección reune a un puñado de secundarios marginales de las series mutantes —era fácil adivinar que eran mutantes por el título, sí—, esos apestados que ninguno de los guionistas estrellas quiere, probablemente porque no sabe ni quiénes son. David en cambio los recoge en una serie fresca y divertida —con un humor reconocible en todas sus series—, en la que no teme cambiar su statu quo continuamente, consecuencia natural de que el punto fuerte de la serie sea la construcción de personajes sólidos y atractivos para el lector, especialmente Layla Miller y Madrox, el Hombre Múltiple. Con cierto sabor a serie negra —o noir, que dicen ahora— que se va diluyendo conforme avanza la colección, X-Factor ofrece buenos momentos tanto al lector de toda la vida que ya conoce a los personajes como al ocasional. Lo peor, sin duda, los dibujantes que le encasquetan, abusivamente fotorrealistas, descaradamente fotocopiadores de sus propias viñetas, y con serias carencias narrativas. Queda por ver qué habría hecho David con la serie sin injerencias editoriales y obligados argumentos relacionados con los constantes macroeventos y cross-overs, porque aunque los integre bien y los use para desarrollar historias comprensibles sin necesidad de comprar ninguna otra colección, salvo excepciones, es evidente que lastran en cierta medida la calidad del producto final.

No creo que esto dure demasiado, la verdad. X-Factor es una de las colecciones de mutantes que menos venden. Es cuestión de tiempo que la cancelen o larguen a Peter David para dársela al enésimo guionista televisivo con ganas de frikear, de los que ya anda bien servida Marvel. O a Bendis, al que en realidad le importa dos cojones guionizar Los Vengadores, Spiderman o Millie la modelo. No hay amor alguno por los personajes, son meras excusas para montar un follón detrás de otro de ésos que hacen que “¡el Universo Marvel jamás volverá a ser el mismo!”. Y es que tanto Bendis y los de su cuerda como los guionistas venidos de otros medios carecen de los conocimientos necesarios del cómic para aprovechar no ya la riqueza del Universo Marvel, sino las herramientas técnicas más básicas que ofrece la historieta. Se limitan a repetir sin saberlo una y otra vez los mismos argumentos, como los escritores bisoños que por falta de cultura creen ser los primeros en imaginar los dientes de su amada como perlas. Y así seguirán, ignorando en su autocomplacencia una gran verdad que nada tiene que ver con la nostalgia: que hay más contenido, más épica, más drama, en una página del Amazing Spider-Man de Gerry Conway que en toda la puta Civil War.

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