Sweeney Todd.

Aunque cada vez voy menos al cine (porque cada vez me interesa menos el tipo de cine que se hace hoy en día), hay ciertas películas que procuro no perderme, entre ellas las de Tim Burton, director con altibajos, pero que siempre ofrece cosas interesantes en el peor de los casos, y alguna que otra obra maestra.

Sweeney Todd no lo es, pero me ha sorprendido porque en ella Burton se deshace de algunos de sus tics, sin dejar de ser él. Dicho de otro modo, es una película 100% Burton, pero un Burton que controla mejor sus excesos y evita los síntomas de repetición que empezaban a verse en sus películas.

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En Sweeney Todd ofrece un espectáculo delirante, macabro, y, si entras en el juego, muy divertido. El humor es negrísimo (más que en otras películas de Burton) y asume casi todo el protagonismo por encima incluso de la trama. El hecho de que la película sea un musical acentúa aún más ese clima, por contraste (los protagonistas hablan de hacer auténticas burradas mientras cantan felices). No hay además tanta noñería como en otras películas de Burton (ñoñería que me gusta, ojo, pero que ya empezaba a cansar). Me he dado cuenta con Sweeney Todd de cuánta culpa tenía la música de Danny Elfman en esa ñoñería. No es que sea un mal compositor, es que desde hace años se dedica a plagiarse a sí mismo, y a repetirse más que el ajo en las bandas sonoras, con esos agudos, esos pianitos cursis en realidad tan tramposos pero tan efectivos para provocar emociones. Aquí la música corre a cargo de Stephen Sondheim, que es también coautor del musical de Broadway que adapta la película, y la mejora se nota.

El Londres victoriano encaja perfectamente con el gusto estético de Burton, y la leyenda urbana (porque no hay una sola evidencia histórica de la existencia de Sweeney Todd) en la que se basa la película parece hecha a su medida.

Hay que decir también que el reparto de la película está bastante bien, y cumple con solvencia con la papeleta de cantar. Destaca sobre todo Johnny Deep, a quien es justo que se le reconozca, en una industria plagada de actores que se interpretan a sí mismos una y otra vez, como uno de los mejores actores del momento, uno de los pocos que hacen lo que se supone que tiene que hacer un actor: dejar de ser él y ser otro.

En fin, que la recomiendo totalmente. No es la película del siglo (ni la mejor de Burton, que para mí siguen siendo Big Fish y Ed Wood), pero es muy divertida, extravagante, y diferente a lo que se puede encontrar hoy en día en los cines. ¡Y sale Snape! ¿Qué más queréis?

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