Strangers in Paradise, de Terry Moore.

El pasado (y aún reciente) Salón del Cómic de Barcelona salió a la venta al fin el último tomo de Strangers in Paradise, una de las series más importantes del panorama independediente en EEUU, guionizada y dibujada por Terry Moore.

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Strangers in Paradise fue, junto con Bone, la primera serie que comencé a coleccionar que no era de superhéroes. Hace ya unos diez años, la editorial hoy desaparecida Dude Comics se lanzó al mercado, entonces casi dominado por sólo dos o tres grandes editoriales, publicando ambas series. De SIP se publicaron los primeros arcos argumentales en cómics de 24 páginas de periodicidad más bien errática, hasta que, sin ninguna explicación pública, se interrumpió la serie. Parece ser que algo raro pasó con sus derechos, coincidiendo además con la crisis y desaparición de la editorial. Pasaron un par de años en los que acabé por pensar que jamás vería su final, hasta que Norma Editorial se hizo con sus derechos. Y en un par de años se ha ventilado la serie entera en siete tomos que nos ha permitido al fin saber cómo acaba todo.

¿De qué va Strangers in Paradise? Básicamente de la relación entre sus dos protagonistas, Francine y Katchoo. Y David, el otro vértice de esta especie de triángulo amoroso un poco raro. Supongo que podría considerarse un ejemplo de slice of life, con elementos de género negro y mucho humor. En esa mezcla reside buena parte del acierto de la serie, ya que permite cambiar de registro y reinventarla contínuamente. Terry Moore además juega mucho con los saltos en el tiempo y con ciertos experimentos narrativos de desigual resultado, fruto todo ello de la absoluta libertad que el autor tuvo desde el principio al elegir autoeditarse, y que después, mantuvo en la editorial Image. Como dibujante, Moore empieza algo dubitativo, pero evoluciona y aprende continuamente de forma que el último tercio o así de la serie goza de un gran dibujo, y sobre todo de una gran narrativa.

Lo más importante de la serie son las relaciones entre sus protagonistas y sus sentimientos. Y a ver, no nos engañemos: podría usar muchos eufemismos, pero SIP no deja de ser un culebrón. La mayor parte del tiempo bien llevado, con tramas truculentas, revelaciones efectivistas del pasado de los personajes, y giros inesperados en el guión que tensan cada vez más la cuerda del mismo, y que mantienen enganchados a los lectores como todo buen culebrón (pero culebrón al fin y al cabo). Además Terry Moore cuando quiere puede ser muuuy cursi. No en los diálogos (uno de los puntos fuertes de la serie, por realistas y a veces ingeniosos), pero sí en las canciones y poemas que aparecen frecuentemente en la serie. Claro que es lo esperable de un tipo que dice que la mejor canción del mundo es Yesterday… Además, la mayor parte de sus textos en prosa (a veces le da por contar ciertas cosas de forma novelada) son penosos, como la larga historia ambientada en el pasado que aparece en el último tomo justo antes del arco argumental final.

Y sin embargo, y reconociendo totalmente que no soy NADA imparcial con este cómic, tengo que decir que pese a todos sus defectos, tiene algo muy difícil de encontrar: intensidad. Hay momentos muy sinceros en este cómic. Brutalmente honrados. Diálogos y situaciones que llegan al lector, que le tocan. Tiene mucho que ver la complejidad de sus protagonistas. Francine y Katchoo, dos chicas muy distintas pero tan reales que es imposible no empatizar con ellas y quererlas un poco. Ellas, como el resto del reparto de SIP, simplemente viven. Y en ese vivir es donde el lector encuentra una historia de amor y amistad auténticos que se entremezclan y confunden, o quizás, simplemente, una historia de personas que se quieren y no se preocupan de ponerle etiquetas a ese amor (y sí, el que acaba de soltar una cursilería como el peñón de Gibraltar de grande ahora he sido yo. Mis disculpas).

El caso es que han sido diez años de seguir las andanzas de estas dos muchachas, la dulce Francine y la sombría Katchoo. Y ahora que ha acabado su historia, con un final que en realidad no podía ser otro, las voy a echar de menos. Strangers in Paradise fue una serie que me enseñó que el cómic puede ser mucho más que un montón de tipos dándose de hostias, y sin la que probablemente no habrían venido muchos otras. Y sólo por eso siempre será importante.

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