Shortcomings, de Adrian Tomine.

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Conocí a Adrian Tomine hace no menos de ocho años, gracias a la serie antológica que recopilaba sus historias cortas, Sonámbulo, publicada —muy mal y de forma muy cara— por La Factoría de Ideas. Eran historias que iban de la página única a las veinte, siempre sorprendentes, a veces desconcertantes, que dejaban un sabor agridulce en el lector, con un nivel medio de calidad ciertamente envidiable para cualquier autor.

Pero algo se le ha perdido por el camino a Tomine en su salto del relato corto a esta historia larga que es Shortcomings, una de las grandes decepciones que me he llevado últimamente. ¿Es un mal cómic? Hum… no, no es eso. Pero tampoco es bueno. Es… intrascendente. Es un cómic que deja totalmente frío, que entra y sale del lector sin dejar huella. Anodino. Y eso es lo peor que puede pasarle a un cómic de carácter intimista como éste. Es sencillo: tras años sin leerlas, aún recuerdo algunas de las historias cortas de Tomine en Sonámbulo, el impacto de las mismas o la sorpresa de su resolución —el punto fuerte del autor, y algo vital en el relato corto—. En cambio, sé perfectamente que en poco tiempo habré olvidado la historia de Shortcomings.

A pesar de que está bien narrada —eso no creo que lo pierda nunca Tomine—, la historia no interesa, es lineal y aunque no es superficial y se ve cierto calado en ella, da igual porque los personajes son tan grises, tan normales y sosos, que es imposible interesarse por ellos. La historia se lee del tirón, sí, pero sin implicación personal alguna, como desde fuera, sin creer nunca en ella, llena de lugares comunes ya vistos en mil sitios. Es como si Tomine hubiera perdido su toque personal para realizar una historia más convencional, más accesible, de ahí que los personajes cautivadores de sus primeros relatos en su juventud hayan dejado paso a otros totalmente faltos de carisma.

Los temas que trata son igualmente previsibles: amoríos, cuernos, homosexualidad, y un toque racial —el personaje principal es un oriental que se ve irremediablemente atraído por las occidentales blancas y rubias, lo que saca de quicio a su novia—. Todo de manual. No puedo evitar comparar a este Tomine con otros autores de temática similar como pueden ser Craig Thompson o Alex Robinson, infinitimente más diestros en los relatos largos —muy largos, además— y más capaces de ofrecer personajes atractivos, y mucho. La frialdad de Tomine, que tan bien le funcionaba en historias breves, se vuelve en su contra cuando se extiende en exceso. Y es una pena, porque de joven era un autor tremendamente prometedor que nunca llegó a parir una obra maestra. Aunque nunca se sabe, siempre está a tiempo de hacerlo en el futuro.

Ah, y no puedo terminar esta reseña sin comentar la NEFASTA edición de Random House/Mondadori. En principio, para mí siempre es una buena noticia que editoriales “generalistas” se animen a publicar cómics. Abre mercado y contribuye a que el medio salga del gueto en el que de momento sigue viviendo. Conozco lo suficiente del mundo editorial como para saber que siempre concentran todos sus esfuerzos en la presentación exterior del producto, en lo que entra por los ojos. Y como era previsible, eso mismo se traslada a los tebeos que publican: Shortcomings tiene unas cubiertas muy bonitas, tapa dura y un diseño exterior exquisito. El problema es cuando se abre el cómic y lo que se encuentra uno es una tipografía horrible, un papel raro, una impresión sucia, y sobre todo, algo inaceptable: todo el tebeo está escaneado. Y se nota el píxel, y mucho, y así es francamente difícil disfrutar de la lectura, y más siendo Tomine un dibujante muy limpio que se ve destrozado por esta razón. Ah, y todo esto por el módico precio de 19’90 euros —por 110 páginas—. Para tirárselo a la cara al editor. Francamente, para esto, prefiero quedarme en el gueto, donde también cuecen habas, sí, pero al menos hay una serie de editoriales —Astiberri, Sins Entido, De Ponent, a veces Norma— que saben que un sector de los compradores que tienen son especializados, que saben lo que compran y exigen. Si al menos Shortcomings fuera más económico se entendería —que no admitiría—, pero por esos precios, lo siento, espero que Random House/Mondadori no publique muchos más tebeos.

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