Cómics sobrevalorados de ayer y hoy (I).

Hoy doy inicio a una nueva serie de posts —de periodicidad caótica, como todas las mías— en los que repasaré cómics que por el motivo que sea considero que han sido desproporcionadamente ensalzados por “la crítica” —lo pongo entre comillas porque lo que en España se llama crítico de cómic no es más que un aficionado con blog, como yo, por ejemplo—. A veces son tebeos nefastos, otras son simplemente tebeos decentes que por algún motivo se elevan a la categoría de obra maestra. Éstos son los tres primeros que me han venido a la cabeza.

Batman: El largo Halloween (Jeph Loeb y Tim Sale).

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Una serie limitada relativamente reciente que se menciona repetidamente como una de las mejores historias de Batman. Una historia lenta y morosa, una trama absurda que sólo leyendo con el piloto automático puesto puede soportarse. Construir una historia clásica de “quién lo hizo” requiere de una habilidad artesanal que Loeb no tiene, es tan sencillo como eso. En este tipo de historias hay unas reglas muy claras: el asesino tiene que ser siempre el que menos esperas, y una vez descubierto tiene que ser lógico que lo sea. Pero aquí… ¡es al revés! El asesino es quien piensas desde el principio, y no tiene ninguna lógica que lo sea. Encima, como Loeb ve que la cosa no queda lo suficientemente efectista, sin venir a cuento da un giro al final ridículo y aún con menos sentido —el que la haya leído sabe a qué me refiero—. Si al menos la cosa fuera entretenida, tendría un pase, pero no, es un coñazo, una sucesión de crímenes que superan totalmente a Batman, supuestamente el mejor detective del mundo, aunque aquí se dedique a dar palos de ciego y bandazos sin sentido, hasta que la trama se resuelve por sí sola. A Jeph Loeb le tocó la lotería con el dibujante Tim Sale —con el que ha trabajado en mil proyectos—, auténtica razón de que este bodrio esté considerado como está. Con otro dibujante, no ya malo, simplemente correcto, habría pasado sin pena ni gloria y hoy estaría justamente olvidada.

Freaks in Love (Sergio Córdoba).

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Admito que es muy injusto meter en este post la primera obra de un autor que entonces era bastante, bastante joven. De hecho en Freaks in Love apunta maneras, es innegable, pero a pesar de ello las dos historias que lo componen no pasan del típico costumbrismo adolescente y ombliguista, lleno de referencias subculturales y que remiten a un tipo de cómic que llevaba años haciéndose en EE UU. Dos historias breves que no llevan a ninguna parte y que por mucho que algunos se empeñen —y ése es el problema— no dan la talla. Alucino cuando oigo hablar de Freaks in Love como cómic de culto o hito del tebeo independiente español. Que sí, que en el país de los ciegos el tuerto es el rey, pero ni por ésas. Un cómic amateur que afortunadamente fue superado por otras obras de Córdoba, al menos con cierto interés.

Signal to Noise (Neil Gaiman y Dave McKean).

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Esperé durante muchos años la publicación en España de Signal to Noise, y cuando por fin salió en castellano —este mismo año— me llevé un gran chasco. De la labor gráfica de McKean no tengo queja. Es uno de lo grandes ilustradores de la actualidad y además sabe ponerse al servicio de la narrativa. De hecho, su dibujo justifica la compra de Signal to Noise, la verdad. Pero uno espera que al menos la historia que acompaña los dibujos sea mínimamente interesante, y no es el caso. Gaiman monta una historia farragosa, en la que un director de cine aquejado de una grave enfermedad trabaja contra reloj para acabar su último guión, aún sabiendo que no podrá verlo convertido en película. Podría haber sido interesante, pero la falta de habilidad de un Gaiman muy lejos de sus mejores obras, convierten Signal to Noise en un quiero y no puedo constante. Y sé perfectamente lo que quiso hacer, tan perfectamente como veo que no lo consigue. Quiere reflexionar sobre demasiadas cosas y ser demasiado trascendente, sin éxito alguno. No es la peor obra de Gaiman —ese honor lo tienen sus tebeos para Marvel—, pero sí es la más desilusionante, por el halo de prestigio que siempre la ha acompañado.

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