Judenhass, de Dave Sim.

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Dave Sim es uno de los estandartes del cómic independiente americano, un autor que durante años se autoeditó con cabezonería admirable Cerebus, cómic encumbrado por muchos en España —alguno hasta se lo ha leído— pero que hoy por hoy continua inédito debido al furibundo celo con el que Sim protege sus derechos de autor, hasta el punto de negarse a que su obra sea traducida. No ha sucedido así con Judenhass, su tebeo más reciente y que, quizás por su propia naturaleza, Sim no ha tenido problemas en vender sus derechos a editoriales de todo el mundo.

Juzgar a Dave Sim por una sola obra, y encima tan particular, no sería justo. Además, no seré yo el que critique la labor gráfica de este pseudocómic —no lo considero estrictamente un tebeo, ya que es más bien una colección de citas e ilustraciones relacionadas—. El estilo realista que adopta me parece adecuadísimo, y francamente bueno. Buen uso del blanco y negro, algunas composiciones de página impactante y muy inteligentes, dominio de la plumilla… No, el problema de Judenhass no es la forma, sino el fondo. Mi problema, más bien, porque parezco ser el único que lo tiene. Judenhass es una denuncia del antisemitismo a lo largo de la historia, estructurada a través de una serie de citas de diferentes personajes que Sim ha ido recopilando y haciendo inevitable hincapié en el holocausto, con profusión de escenas en las que Sim se recrea en el horror de la degeneración física de los presos de los campos de concentración con la intención, clara, de conmover e impactar al lector. Pero no funciona. No funciona porque Sim confunde las cosas, y a partir de su investigación —muy modesta y muy sesgada, pero aún así estimable— y dejándose llevar por ese afán desmedido de compensar el daño causado a los judíos, pierde la objetividad —o al menos el intento de objetividad con la que cualquiera debería acercarse a un tema como éste— y cae en un panegírico reaccionario por momentos, salvando únicamente las citas que ponen el dedo en la llaga de la política de “mirar para otro lado” que siguió el resto del mundo con el exterminio.

Pero en el fondo la reflexión de Sim es tan pueril que tira de espaldas: los judíos son buenos porque son perseguidos. Pues lo siento, pero no me vale. Ya nos advirtió Nietzsche de que el sufrimiento y el dolor no dan la razón, y que de eso se nutren las religiones. El cristianismo es cierto no porque lo que predicaba Cristo lo fuera, sino porque murió en la cruz pasándolas putas antes. Del mismo modo, los judíos son el pueblo elegido porque son perseguidos. Es el precio que tienen que pagar. No me gusta esa moral. No me gusta porque lleva a la discriminación positiva y a la toma de decisiones como mínimo discutibles, como la creación del estado de Israel, motivada entre otras cosas por el holocausto —y que Sim celebra en Judenhass—. El autor desmonta los tópicos antisemitas para caer en otros prosemitas, y tiene una extraña y preocupante necesidad por ser más papista que el papa y más consciente del drama judío que los propios judíos. En el prólogo, con el que intenta justificar la existencia del cómic —y ya nos conocemos todos aquello de excusatio non petitas…— deja entrever algo que sólo puedo llamar complejo de culpa, y eso casi siempre acaba siendo negativo.

Lo único que le pido es un poco de rigor, un intento por superficial que fuera, de mostrar también la otra cara de la moneda. Los judíos no son el pueblo elegido. Son hombres, y también tienen sus cosas, porque ciertos comportamientos están en la naturaleza humana. Y sí, fueron perseguidos, y lo pasaron muy mal. Pero también los negros. Y los gitanos. Y los musulmanes y los cristianos. ¿Por qué? Porque toda cultura, todo pueblo, es un perseguidor en potencia; también los judíos. Cuando un pueblo es mayoritario persigue a los minoritarios. Cuando la balanza de poder cambia, el perseguidor se convierte en perseguido. Así funcionamos. Eliminamos las divergencias y exterminamos lo diferente como forma de perpetuarnos en el poder. Sí, es cierto que históricamente los judíos han salido muy perjudicados de esta realidad, y que el holocausto admite pocas comparaciones en cuanto a intensidad y concentración en el tiempo. También es cierto que los judíos no han tenido muchas oportunidades de demostrar que ellos no harían lo mismo, pero coño, para una que han tenido, ahí están, lanzando bombazos día sí día también contra Palestina. ¿Se ve lo fácilmente que hago demagogia? Pues igualito que Sim.

En serio: ¿recordar el holocausto? Sí. ¿No restarle importancia a lo que ocurrió? Sí. Pero, ¿glorificar a un pueblo hasta extremos como los que se ven en este cómic? ¿Simplificar la historia y reducirlo todo a una especie de conspiración global antisemita? Rotundamente no. Dejémonos de pueblos y hablemos de personas, joder. Es enfermiza esa separación entre judíos y no judíos, la forma en la que Sim aborda el tema, falta de rigor, tremendista, fatalista, y al final sensiblera. Parece que si eres judío no puedes ni sonreír, porque eres una Víctima —así, con mayúscula—, y tienes que poner cara de pena para que los políticamente correctos suelten la lagrimita y se juren a sí mismos que no volverá a pasar. Cuánto más interesante me resulta la gran, enorme aproximación al holocausto en el medio del cómic: el Maus de Spiegelman. Esa historia, donde vemos luces y sombras y los judíos son humanos —bueno, ratones—, con todo lo que eso conlleva, me emociona y me revuelve las tripas más, provoca en mí una reflexión mucho mayor, que Judenhass. Y no hay en Maus ni una sola escena morbosa, ni falta que hace. Lo que hay es un protagonista que sobrevivió al holocausto y está plenamente concienciado de la “causa judía” pero es racista, machista, y absurdamente tacaño; lo que hay son judíos que vivieron un infierno y otros que a fuerza de putear a los suyos en los campos no lo pasaron tan mal. Y eso es lo grande de la visión del autor en Maus: no oculta los datos “feos” para construir una historia ideal, sino que muesta todo, por incómodo que sea. Y que el lector juzgue. Francamente, resulta algo triste que mientras que autores de origen judío como el propio Spiegelman o el maravilloso Sfar sean capaces de abordar temáticas judías sin melodramas Sim arrastre estos traumas que le hacen creer algo que no es cierto y que afirma en su prólogo: que Judenhass es una obra “necesaria”. Pues no. Me temo que no lo es.

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