Mujer luna, de Amarok.

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Para que no se diga que siempre que hablo de música lo hago de discos más viejos que la tos, hoy voy a acercarme a un grupo español más reciente. Vale, sí, lo admito, me interesé por Amarok por compartir nombre con uno de los mejores discos de Mike Oldfield —mera casualidad, por cierto, dado que la banda es algunos años anterior al álbum—, pero eso no impide que reconozca la enorme calidad del grupo. Amarok, como Planeta Imaginario, como Vagalume, es uno de esos grupos de la escena progresiva española que no conoce ni su puta madre. Cosa lógica, por otra parte, en un país donde triunfan engendros musicales —incluso para los estándares del pop/rock— como El canto del loco —épico el comentario de una fan que escuché hace poco afirmando que el mejor momento de uno de sus conciertos fue cuando el insufrible Dani se quitó la camiseta ¿?—. Tampoco hay que rasgarse las vestiduras, de todas formas: el progresivo lleva muerto comercialmente un par de décadas, no sólo aquí, sino en todas partes. Afortunadamente, eso no impide que haya bandas que pasen de modas y se partan la cara para sacar adelante la música en la que creen, en discográficas pequeñas, en internet o en donde sea.

Amarok es el proyecto de Robert Santamaría, compositor, productor y multi instrumentalista de refinado gusto y excelente técnica, un músico con ideas muy claras y habilidad para llevarlas a la práctica. Mujer Luna, editado en el año 2002, reune todas esas cualidades en una propuesta original, radicalmente diferente a cualquier otra que pueda encontrarse en el mercado. Se suele incluir dentro del Prog Folk, o peor aún, de eso tan tonto que es la World Music. Da lo mismo. Es evidente que hay folk y hay rock progresivo, y en cuanto a lo de la World Music, pues sí, efectivamente, en el álbum hay influencias étnicas, especialmente del este de Europa y medio oriente, pero no están mezcladas en el horrendo cóctel que solemos encontrar en determinados grupos abanderados de la multiculturalidad y la fusión musical, en los que pongamos por caso, se considera lo más cool mezclar una melodía de gaita irlandesa con timbales africanos y una base chunda chunda del tecno más insoportable. No, en Mujer Luna cada cosa está en su sitio. Hay mezcla de estilos, pero en temas separados. De esta forma, tenemos suites progresivas como Arabesca en 4 movimientos, Tierra Austral, o mi tema favorito del disco, la tremenda Sueño Sueños, y por otro lado temas puramente folk —Mujer Luna, la medievalizante Dónde estás mi amor, Duo para tabla y saz nº 1—, que suenan auténticos, como si realmente fueran temas tradicionales y sus letras antiguas. Ayuda mucho en esa autenticidad la espectacular voz de Marta Segura, perfecta para el cariz de sus temas folk, una de esas voces crudas tan adecuadas para la música tradicional, voz de campesina, de madre acunando a su hijo —precisamente, en Mujer Luna hay hasta una nana—, que remueve algo en nuestro interior.

El buen hacer de Santamaría y sus músicos consigue que el álbum esté en perfecto equilibrio, no sólo entre folk y progresivo, sino también entre tradición e innovación. La sabia y estudiada mezcla de instrumentos —donde cabe de todo, desde un saxo a un didgeridoo pasando por unas castañuelas— funciona a la perfección, y todo parece estar en su sitio en el momento justo, sin chirriar, pero sorprendiendo siempre —otra de las virtudes de Mujer Luna; nunca sabes por dónde va a a tirar—. El excelente uso que le dan a la percusión de láminas le da un toque hipnótico, mágico, a su música, al igual que la excelente arpa. Los teclados son plenamente progresivos, y remiten a los grandes grupos de los 70. Destaca también el gran trabajo del bajista Víctor Estrada durante todo el álbum, especialmente en dos secciones muy concretas en las que, en uno de los mayores hallazgos de Santamaría, el bajo se entrelaza con el arpa creando un contraste muy llamativo entre agudos y graves que a mí por lo menos me pone los pelos de punta.

Mujer Luna es un disco único, sin ningún tema que flojee especialmente, imprescindible para entender que hay más cosas en el panorama musical español de lo que sale en los Cuarenta. Sí, es una batalla perdida, pero Santamaría y Amarok siguen luchándola y, ahí están, sacando discos al mercado y haciéndose un hueco, poco a poco, en la mermada escena progresiva mundial, sin perder nunca su identidad y su dirección. Y que sea por muchos años.

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