Los pitufos, de Peyo e Iván Delporte.

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En 1958, el autor belga Pierre Culliford, alias Peyo, introdujo en el álbum La flauta de seis agujeros de su serie Johan y Pirluit a unos personajillos azules, una especie de duendes que vivían en el bosque y hablaban de una forma muy peculiar: los pitufos. Su éxito entre el público fue tal que la editorial acabo encargando a Peyo la realización de historietas protagonizadas por ellos y de hecho el álbum de su primera aparición fue renombrado como La flauta de los pitufos en posteriores reediciones y, a lo largo de los años los pitufos se han convertido en una fuente inagotable de merchandising de todo tipo.

Precisamente ese merchandising y sobre todo la nefasta serie de animación de Hanna-Barbera hicieron que con el paso del tiempo los pitufos acabaran siendo vistos exclusivamente como un producto infantil. Y sí, evidentemente, los álbumes de Los pitufos los pueden disfrutar perfectamente los niños, pero igualmente cierto es que al lector adulto le ofrecen otros niveles de lectura. Y es que aunque a muchos les resulte difícil de creer, cualquiera que haya leído los primeros álbumes de Peyo —con la importante ayuda de Yvan Delporte en los guiones— sabe que muchas veces, bajo el engañosamente blanco humor de Los pitufos se oculta una fina crítica social e incluso política. Una de las mejores historias, El rey pitufo, es una reflexión acerca del poder y cómo corrompe; el último álbum realmente brillante de la serie, Pitufo verde y verde pitufo, una certera sátira del nacionalismo y la defensa desaforada de la identidad cultural llevada a extremos ridículos. Vamos, que Peyo se mojaba, y que por todo esto leer hoy Los pitufos no es un mero ejercicio de nostalgia ñoña. Por eso y porque son buenos tebeos. Peyo es un grandísimo narrador, que quizá no revolucionó nada en su momento, pero que a mí por lo menos no me parece peor dibujante que Morris o Franquin. Sabía además cómo mezclar elementos diversos con la crítica política para no caer en el panfleto: no podemos olvidarnos de que ante todo es un tebeo de humor y aventuras tremendamente divertido, hechos con mucha imaginación y con cierto conocimiento del mundo del folclore y la magia —siempre presentes con el Gran Pitufo y Gargamel— por parte de Peyo.

El primer álbum que protagonizaron en solitario en 1963 fue también uno de los mejores y más recordados: Los pitufos negros, pero en realidad el nivel se mantuvo durante varios años. El astropitufo es una auténtica maravilla, La pitufina otra, que además se presta a jugosas discusiones sobre si Peyo era un consumado machista o precisamente lo que está criticando en el álbum son las actitudes machistas. Los pitufos y el Ketekasko es aventura en estado puro, uno de mis favoritos de crío y de mayor, y algunas de las historias cortas que complementan las historias principales de los álbumes son excelentes, ya que Peyo maneja muy bien el gag corto. Es a partir del mencionado Pitufo verde y verde pitufo cuando la serie comienza su declive —en 1973—. Para entonces Peyo había dejado el dibujo en manos de su estudio, supervisando el resultado final y proporcionando bocetos e indicaciones para las páginas. Delporte hacía tiempo que había abandonado los guiones de la serie, lo que también acabó afectando a su calidad. Los últimos álbumes en los que Peyo firmó el guión, antes de dejarlo también en manos de su estudio, son bastante olvidables, precisamente porque abundan en la faceta infantil de la franquicia —ya por entonces soportada principalmente por el enorme éxito de los dibujos animados— y dejan de lado la crítica y ese poquito de mala leche en su humor. Se pierde la profundidad y por tanto el interés. Es posible que hacer un producto más blanco e inofensivo fuera consecuencia de los múltiples ataques que Los pitufos sufrieron casi desde el principio. A la creación de Peyo la han acusado de fascista, de comunista, de racista, de hacer apología de la homosexualidad… La mojigatería y corrección política de nuestros tiempos ha hecho que en muchos países —especialmente en uno que empieza por EE y acaba por UU— Los pitufos negros se conviertan por arte de magia en morados. Y, como cualquier historia en la que se mencione la magia, la serie fue tachada de satánica por asociaciones ultracatólicas e iglesias evangélicas.

En cualquier caso, a pesar del riesgo para nuestras mentes y almas, los primeros diez tomos de Los pitufos son una lectura imprescindible para cualquier aficionado al cómic que no tenga prejuicios contra los seres de piel azul, y un clásico de la BD por derecho propio.

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One thought on “Los pitufos, de Peyo e Iván Delporte.

  1. lo felicito por las historias de los pitufos son espectaculares. yo tengo 24 años y aún me gusta verlas seria fantástico si las dieran de nuevo en la TV

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