The Killing Fields, de Mike Oldfield.

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Con The Killing Fields se rompió una norma no escrita en la discografía de Mike Oldfield, al coincidir en el mismo año dos discos. En junio de 1984 ya había salido al mercado Discovery, y sólo cinco meses después, lo hacía este álbum atípico en su carrera, ya que era, por primera y única vez, una incursión en el campo de las bandas sonoras.

The Killing Fields es un trabajo casi siempre olvidado por los seguidores, y probablemente con razón, más que por falta de calidad, por ser un disco muy impersonal, un trabajo de encargo en el que es difícil encontrar el toque Oldfield que hasta entonces, en mayor o menor medida, tenían sus discos. Puede que sea porque en buena medida es un disco de colaboración en el que su amigo David Bedford tuvo mucho que ver. Compuso una pista —The Year Zero—, y se ocupó de los arreglos orquestales y corales, tan presentes en el disco que es justo reconocerle casi el 50% del resultado final. En todo caso, no es un grandísimo trabajo de ninguno de los dos, y empequeñece ante sus mejores obras.

Como banda sonora no está mal, sin ser ni mucho menos una obra maestra —pese a la leyenda urbana que corre por ahí de que se llevó un Oscar, sin que ni siquiera estuviera nominada—. Funciona mejor en su contexto, viendo la película —Los gritos del silencio, se tituló en España, y trataba de la dictadura de Pol Pot en Camboya—. Escuchando la música como un disco, aburre un poco, porque en su mayoría son temas cortos de carácter ambiental que no destacan ni ofrecen nada que no pueda encontrarse en cualquier otro disco de Oldfield. Como muchas bandas sonoras, además, se articula casi en su totalidad alrededor de dos o tres temas que se repiten con variaciones durante todo el disco. La guitarra de Oldfield aparece muy poco, y casi toda su aportación instrumental la hace mediante el Fairlight, que en ocasiones sí alcanza momentos de cierta complejidad e interés —por ejemplo en Execution, que recuerda mucho al instrumental de Crises—. La orquesta dirigida por Bedford también ofrece buenos momentos que acercan The Killing Fields a las bandas sonoras clásicas del cine americano.

El problema está en la linealidad del disco y en cierta desgana que se intuye por parte de los implicados. Destaco precisamente las pistas que se alejan de esos temas principales de los que hablaban y funcionan de forma independiente sin problemas: Bad News, donde puede escucharse la guitarra, y Good News, un temita sin pretensiones con un tono oriental impostado pero agradable. No me gusta tanto el tema que casi siempre suele mencionarse de The Killing Fields que incluso llegó a tener vídeo clip: Étude, una versión de Recuerdos de la Alhambra de Francisco Tárrega, una complicada pieza para guitarra clásica que Oldfield versiona respetuosa pero desangeladamente en un tema basado en sintetizadores y una percusión muy sencilla de Morris Pert. Ya la habían interpretado alguna vez en concierto antes, y decidieron grabarlo para incluírlo en el disco, pese a que no aparecía durante el film —se incluyó, eso sí, en los créditos del final.

No hay mucho más que decir. Es un disco digno, competente, pero gris y al final, algo olvidable salvo dos o tres cortes. Él mismo probablemente lo ha olvidado —como ha olvidado otros sin razón, pero ése es otro tema—. No le gustó demasiado trabajar para el cine según cuenta en alguna entrevista, y no volvió a hacerlo. Eso sí, el esfuerzo de editar dos discos en el mismo año lo dejó tan exhausto que se tiró tres sin sacar ninguno.

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