Islands, de Mike Oldfield.

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En 1987 Mike Oldfield rompía tres años de silencio con Islands. En ese tiempo habían cambiado muchas cosas. A nivel personal, había iniciado una relación sentimental con Anita Hegerland, cantante noruega que aparece en el disco. Y en su forma de entender la música y el negocio también hubo cambios sustanciales. En todos los discos de los años ochenta se había venido observando un progresivo abandono de fórmulas complejas en favor de otras más comerciales y digeribles por el gran público: en Islands no va a quedar ya apenas nada de su personalidad musical. No hay rebeldía alguna, sólo queda un Oldfield domesticado, el mismo que atisbábamos en Discovery, pero con tres años más de mansedumbre a sus espaldas. Cansado de luchar, simplemente le da al público y a Richard Branson lo que quieren. Para motivarse, centra más esfuerzos en el aspecto tecnológico del álbum. Utilizando los equipos más avanzados de la época grabó vídeo-clips para todos los cortes, con unos gráficos de ordenador que hoy inevitablemente se ven muy cutres. Los sistemas de grabación y producción que usó tuvieron como resultado un sonido ciertamente impecable, pero se pierde con ello frescura y se cae en muchos momentos en una sobreproducción aparatosa y grandilocuente que resta mucho interés a Islands.

No es que sea un disco malo. Es mediocre. Lineal. No sorprende, no tiene garra alguna, no hay implicación emocional, ni la épica que caracterizaba a Oldfield. En su lugar hay un sonido hueco, pomposamente inflado con la producción y el uso de un montón de efectos sintéticos bastantes fríos. Todo tiene un aire, con tanta campanita y tanto teclado facilón, como de cuento de hadas de Disney, todo dulce, todo excesivamente light. La furia descarnada del Oldfield del pasado se había convertido en una cursilería inexplicable en la que hasta las guitarras suenan con una dulzura estomagante. Es un disco con una música “bonita”, usado el término en su peor sentido. Lleno de purpurina musical.

Ya en el instrumental de la cara A, The Wind Chimes, puede verse todo esto. El peor instrumental de Oldfield hasta la fecha, completamente lineal, sin complicaciones, sin evoluciones ni reinterpretaciones de melodías. Simplemente una detrás de otra, conectadas con oficio, eso no lo había perdido, guitarras mínimas y muy, muy contenidas. No se permite Oldfield ya ningún estallido de rabia, ningún experimento, ninguna genialidad. Sólo teclados, muchos teclados, efectos y sonidos enteramente digitales —él, que poco tiempo antes hacía sentadas para protestar por el uso de tecnología en la creación musical—, algún coro, guiños a la world music que ya estaba empezando a ponerse de moda… Se notan demasiado los vicios que con el tiempo se convertirían en la mayor lacra de Oldfield: la falta de trabajo real con los instrumentos, de experimentación y de ambición; cortar y pegar con programas informáticos que permitían enmascarar el resultado final con capas y capas de sonido superfluo pero resultón. La autocomplacencia comenzaba a ser preocupante, y el resultado final está a años luz de The Lake, el anterior instrumental de su discografía. Puede escucharse, pese a ello, con cierto agrado, si uno lo tiene como música de fondo y no lo disecciona. Hay algún momento donde se atisba el genio —hacia el minuto cinco hay uno interesante—, pero la ñoñería de su final contrasta poderosa y lamentablemente con los clímax de los viejos discos.

La colección de temas vocales, que ocupan toda la cara B, están igualmente aquejados del mismo problema: sobreproducción, sonido limpito pero amanerado y dulzón. Además, apenas suenan a Oldfield. Ni siquiera en la mayoría de los solos. Es una música muy influida por el rock melódico del momento, y buscan el éxito coyuntural sin rubor alguno. Alguna, y perdonéseme la herejía, no habría desentonado en una gala de Eurovisión. Islands incluso contó con la voz de Bonnie Tyler como gancho comercial, y aunque nunca me ha gustado demasiado el tema, lo cierto es que la poderosa voz de Tyler lo salva y hace que le dé el aprobado raspado. Luego están los temas cantados por Hegerland, North Point, The Time Has Come y When the Nights on Fire. El primero tiene un tono sereno y melancólico que siempre me ha gustado, pero los otros dos son completamente prescindibles y hacen gala de los mismos artificios vacíos que The Wind Chimes, con la voz de Hegerland terriblemente sobreproducida, llena de efectos de ecos y filtros que hacen que sea imposible decir si canta bien o mal, y acompañada de una tonelada de capas de sintetizadores y teclados que consiguen ese ambiente no apto para diabéticos en el que no voy a abundar. Magic Touch, cantada por Jim Price, no está mal, tiene cierta garrilla, dentro de lo que es Islands, pero tampoco es un tema quer perdure. Me gusta más, y creo que es lo mejor del disco, Flying Start, un agradable tema sin pretensiones que cuenta con la peculiar voz de Kevin Ayers, viejo amigo y mentor de Oldfield que no había aparecido en ningún disco suyo hasta entonces.

Tampoco quiero dar la impresión de que Islands es una basura. No es eso. Es un disco anodino, irrelevante, que se escucha con la misma facilidad con la que se olvida. Puede ser un buen disco para tener puesto de ambiente, pero, creo, un álbum de Mike Oldfield debe ser mucho más que eso. Puedo imaginarme la decepción que supondría para sus seguidores de toda la vida esperar tres años para encontrarse un disco tan impersonal, tan fácil, y tan tibio. Un Oldfield blando y soso, profesional, eso sí, pero poco más. Lo peor de todo es que muchos discos que estaban por venir harían parecer Islands mucho mejor de lo que es. Ya los veremos.

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2 thoughts on “Islands, de Mike Oldfield.

  1. Corroboro todo lo que dices y algo más. Creo que con este disco empieza la caida sin retorno de Mike. Salvo algún destello puntual en los siguientes trabajos, Mike nunca va a recuperarse. Aunque no soy tan duro con “The Wind Chimes”, creo que los cortes instrumentales de Mike con Virgin en los 90’s son mucho más sonrojantes y vergonzosos. Y precisamente he pensado lo mismo cuando un amigo ha puesto un tema de este album en su muro de Facebook, algunos cortes de este álbum parecen eurovisivos totales. Un saludo!

    1. Sobre lo que comentas de lo eurovisivo de algunos cortes, hay un rumor de esta época que cuenta que estuvo pensando presentarse al concurso junto con Anita Hegerland, que era su pareja de esa época y una cantante pop noruega de cierto éxito, que le influyó tanto en Islands como en Earth Moving. Habría sido algo digno de verse.
      Un saludo y gracias por tu comentario.

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