The Incredible Upside-Downs, de Gustave Verbeek.

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Ayer, gracias a ese gran invento y peligro para el bolsillo que es Ebay, recibí una pequeña joya: un recopilatorio de The Incredible Upside-Downs, de Gustave Verbeek, una auténtica maravilla del cómic relegada hoy al olvido. Quizás es porque el autor en realidad le dedicó muy pocos años al medio y su producción es muy poca, no lo sé, pero hay que reivindicar a Verbeek como uno de los creadores más experimentales e importantes en los primeros pasos del cómic de prensa americano.

La primera vez que vi una tira de Upside-Downs fue gracias a otro genio, Art Spielgelman, que en su Sin la sombra de las torres incluía varias tiras clásicas que destacaran por su experimentación, entre ellas, una de la creación de Verbeek. Fue amor a primera vista. Allí estaban, seis viñetas de estética feísta llena de monigotes con formas extrañas. ¿Qué tiene de particular? Que cuando has acabado de leer las seis viñetas, giras la página y la historia sigue. En 1904. Genial, simplemente. Las historias de Upside-Downs están protagonizadas por dos personajes, Old man Muffaroo y Little Lady Lovekins, que en realidad son el mismo dibujo visto del derecho o del revés. Los escenarios son reversibles, donde antes había un salto, al girar tenemos una caída. Los árboles son simétricos, los monstruos delirantes cambian de forma, un viejo cargado con un paquete puede ser una joven con vestido, un pájaro gigante una isla, dos hombres descansando en un montón de heno un búho. Por su propia naturaleza formal, las historias no pueden ser excesivamente complicadas, y las tramas se reducen a una peripecia de Lovekins y Muffaroo durante sus excursiones, pero esto se compensa con creces con la sorpresa constante que supone el juego de girar la página y observar los cambios.

Toda la obra es una ilusión óptica conseguida sin más instrumento que la propia magia del dibujo, y se encuadra en un momento histórico en el que el cómic estaba naciendo. No había reglas y todo estaba permitido, era un medio en pañales cuyos creadores estaban vinculados muchas veces con las vanguardias, y veían las inmesas posibilidades formales de la historieta como un nuevo campo de experimentación. Upside-Downs se creó en el mismo contexto que clásicos como Little Nemo in Slumberland o, algo más tarde, Krazy Kat, y comparte con éstos la imaginación desbordante y la intención innovadora. Puede que no esté a su altura, es verdad, pero de todas formas merece no caer en el olvido y ser conocido por las nuevas generaciones de lectores. Fue el primer y el último cómic reversible del mundo, y Verbeek un tipo de increíble imaginación e ingenio que merece un lugar de honor en la historia del cómic, sin lugar a dudas.

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