All Star Superman, de Grant Morrison y Frank Quitely.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

¿Se puede hacer a estas alturas una buena historia con Superman que además sea innovadora? Pues yo pensaba que no, pero resulta que sí. Por lo menos una, la que han hecho Grant Morrison y Frank Quitely, se podía hacer.

Superman siempre ha sido un personaje difícil de escribir. Se le supone una carga icónica que luego en la práctica no se ha traducido casi nunca en buenos tebeos, por motivos obvios: estamos hablando de un tipo cuyo poder no tiene límites y que es totalmente invencible. ¿Qué emoción puede tener leer sus aventuras? Si no se recurre a la kriptonita o a dobles o similares, no hay nada que hacer. Y además estamos hablando de un superhéroe creado hace más de setenta años que durante algunas épocas ha llegado a tener cinco colecciones. La sobreexplotación es evidente. Ni siquiera las historias de Alan Moore, mencionadas siempre como ejemplos de qué se puede hacer con Superman, me parecen nada del otro jueves. Sí, no están mal, no deja de ser Moore, pero es uno muy menor.

En cambio Morrison, por el motivo que sea, ha dado con la tecla correcta. El escocés es un guionista capaz de hacer obras comerciales de calidad y obras más personales donde volcar sus obsesiones, pero en ambas facetas tiende peligrosamente a dispersarse y acabar con un lío ininteligible. Que se hace la picha un lío, vamos. Sin embargo en All Star Superman parece que la estructura cerrada de maxiserie de doce números le ha venido genial para no desbarrar y ceñirse a un plan que hace que el resultado final sea redondo.

Tampoco es que sea el mejor tebeo de superhéroes que se ha publicado en este siglo, como he leído en alguna parte, pero sí es un cómic inteligente y entretenido en el que Morrison, en lugar de esquivar los sobados tópicos que rodean a Superman, los abraza gozoso y los lleva donde ningún guionista los ha llevado jamás. En All Star Superman está la Fortaleza de la Soledad, están Lois Lane y Jimmy Olsen —pero menudo Olsen… genial—, está Mundo Bizarro, y hasta Krypto, el superperro. Los doce tebeos son una reivindicación de un concepto del superhéroe que lejos de ser una deconstrucción en clave adulta como Watchmen y todos los cómics que desde entonces tratan de marcar un antes y un después es en realidad una vuelta a los orígenes, a la ingenuidad de la Silver Age, a la imaginación sin límites pero sin todas las chorradas y repeticiones que los malísimos cómics de entonces ofrecían. Por eso tenemos en estos tebeos la típica situación en la que Lois descubre quién es Superman, tenemos al héroe haciéndose pasar por el torpe y apocado Clark Kent, tenemos a la ciudad embotellada de Kandor, y tenemos sobre todo a un colosal Lex Luthor que lejos de la continuidad actual del universo DC, donde ha llegado a ser presidente de los EE UU, es un villano típico pero reimaginado por Morrison de una manera inteligente y novedosa.

La imaginación es justo la clave de estos tebeos: la que desborda Morrison y que le lleva a contar la que de momento es la historia definitiva de Superman. En lugar de debilitarlo como hacen otros guionistas, Morrison dobla la apuesta y lo convierte en poco menos que un dios, infinitamente fuerte e inteligente. Pero aquello que lo hace así acabará con él: Superman se muere. Alrededor de la idea de que tiene que realizar doce trabajos imposibles antes de morir Morrison monta una trama sorprendente, con momentos geniales. Sólo por ver a Superman jugando con su perro por el universo, o el excepcional final del capítulo diez, ya merece la pena leerse este tomo. Incluso aunque no guste el personaje —y a mí en realidad no me gusta nada de nada—, el trabajo de Morrison no deja indiferente. Del dibujante, Quitely, sólo puedo decir que es uno de los mayores talentos que han aparecido en los últimos años en el cómic americano. Sí, sus personajes son “feos”, y es más lento que el caballo del malo, pero tiene un sentido de la narrativa espectacular, en todos los sentidos. Lejos de la escuela hot artist que se impuso en los noventa, es un dibujante que le debe mucho al dinujo europeo, y eso se nota para bien en su capacidad para impactar y ser al mismo tiempo un dibujante pulcro y claro, un lujo en estos tiempos que corren. Y además se compenetra a la perfección con Morrison, que ha encontrado un auténtico tesoro con Quitely —ya han trabajado juntos antes en We3 y New X-Men, con buenos resultados en ambos casos.

Para muchos ha sido la novedad estrella del pasado Salón del Cómic de Barcelona, y es un tebeo cuya compra recomendaría, aunque la edición de Planeta, superior a su media —penosa media— pese a todo, tiene un fallo garrafal al repetir la portada del número dos dos veces comiéndose la del seis —y alguna chapuza de propina con las onomatopeyas un poco complicadas—. Ya parece que lo hacen aposta, la verdad, y uno empieza a plantearse pasar olímpicamente de los editores españoles y comprar directamente por internet los originales, que incluso con gastos de envío tampoco es que salgan más caros que las ediciones “de lujo” que nos calzan Planeta y Panini en cuanto pueden. Aún así, tebeo destacable este All Star Superman. Lo mejor que se ha hecho y se hará con un personaje más sobado de la historia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s