Nómada, de Fabián Nicieza y otros.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

En aquel erial creativo que fue Marvel entre 1991 y 1998, más o menos, hay, aunque sea por mera estadística, varias series rescatables que, por asociación con su época, permanecen injustamente olvidadas. Ni son muchas ni son precisamente fundamentales dentro del género, pero hay un puñado que al menos merecen ser reivindicadas y conocidas. Una de ellas, y una de mis series favoritas de siempre, fue Nómada.

Escrita por Fabián Nicieza, entonces un habitual de la editorial que llegó a escribir como quince series a la vez —la mayoría malísimas, claro— y que también se encargó de una serie limitada previa sobre el personaje, Nómada fue un proyecto “de autor”, con un tono adulto y oscuro y un interés por tratar temas controvertidos y poco usuales en un tebeo de superhéroes. En otras palabras: puro tono Vertigo en una colección de Marvel.

El protagonista, aparentemente un imitador más del Castigador de los muchos que habría en la década, en realidad no podía estar más lejos. Era Jack Monroe, antiguo Bucky, compañero del Capitán América de los años cincuenta, un extremista político obsesionado con la amenaza roja. Pero en manos de Nicieza, se convierte en una especie de versión cínica e izquierdosa del Capitán América original, que recorre el país intentando encontrar su propia versión del sueño americano. Lo hace convertido en un vigilante, que dicen los yanquis, usando la palabra en español para definir a alguien que se toma la justicia por su mano y ayuda a aquellos que la justicia oficial ignora. Con un bebé al hombro, en homenaje a Lobo solitario y su cachorro —bastante poco sutil, todo sea dicho—, apoyado por una red de secundarios compuesta por putas, desarrapados y otros inadaptados sociales, Monroe vive “aventuras” por lo general muy alejadas del estándar superheroico y más centradas en problemas sociales, que se abordaban siempre desde un punto de vista bastante incómodo, dentro de los límites que permitía la editorial y el Comic Code Authority. Drogas, los derechos de los indios, maltrato animal, el auge de la ultraderecha, el racismo… Precisamente cuando los cómics de la editorial se alejaban cada vez más de la propia época, Nicieza hizo crónica de su tiempo al llevar al Nómada a Los Ángeles en plenos disturbios reales. Ponía el dedo en la llaga como no lo puso jamás otro tebeo Marvel de la década.

El mensaje no dejaba de ser un tanto reaccionario: el desencantado Nómada se tomaba la justicia por su mano porque el gobierno y las autoridades estaban corruptas o eran incapaces de hacer verdadera justicia. Sin embargo, al contrario que el Castigador, Nómada en un principio se negaba a matar —llevaba una recortada, pero siempre descargada o cargada con fogueo—. Gracias al recurso algo facilón del narrador en primera persona, el lector simpatizaba de inmediato con este greñudo de gabardina de cuero, un poco mentalmente inestable, pero bienintencionado. Nicieza, narrador limitado, hizo aquí su mejor trabajo sin duda alguna, y de hecho no hace demasiado fue preguntado al respecto y él mismo mencionó Nómada como el tebeo del que estaba más orgulloso de toda su carrera. Ya digo que a veces la cosa era demasiado simplista, y el protagonista demasiado estereotipado, pero al menos tuvo la valentía de tratar ciertos temas que nadie trataba, incluso se atrevió con uno de los grandes tabúes de los noventa: el sida. En la saga Oculto a la vista, punto álgido de la serie, Nómada tenía que enfrentarse a la posibilidad de que su bebé o él mismo estuvieran infectados. La serie perdió fuelle hacia el precipitado final, motivado por las malas ventas. Los últimos dibujantes son horribles y no están a la altura de los más que decentes Clarke Hawkbaker o Pat Olliffe, y Nómada acaba trabajando para el gobierno que le había estado persiguiendo toda la serie y masacrando a todo un pueblo de neonazis. Se aleja demasiado de ese intento de denuncia social que era desde el principio. Igualmente, la serie sufre con los obligados crossovers de la época, primero uno con La guerra del infinito que lo enfrentó a un doble de Gambito que no pegaba ni con cola y luego otro larguísimo con Daredevil y el Castigador. Pero aún con eso, el balance final de la serie, con episodios como el mencionado de los disturbios en Los Ángeles, la saga de Oculto a la vista o el enfrentamiento con el USAgente —versión fascistoide del Capitán América y por tanto extremo opuesto del Nómada—, es muy bueno, y más si tenemos en cuenta el contexto editorial. Fue una colección diferente, que iba a su bola y que supuso un pedazo de realidad en una Marvel perdida en fantasías adolescentes de mujeres con piernas kilométricas y armas descomunales, un intento de hacer algo medianamente adulto que no por fallido hacia su final fue menos sincero e interesante.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s