Criminal, de Ed Brubaker y Sean Phillips.

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Ed Brubaker es el último gran guionista que ha aparecido en el mercado americano mainstream, quizás junto a Dan Slott. Alejado del arquetipo de guionista-estrella-que-hace-lo-que-le-sale-de-la-polla-porque-es-muy-cool —B.M. Bendis, Mark Millar, Jeph Loeb—, Brubaker ha dado ya un puñado de obras en los últimos años a tener muy en cuenta. A la espera de leer sus Daredevil y Capitán América, y exceptuando el gran bluf que fue su etapa en Uncanny X-Men —donde no pegaba ni con cola y aburría a las ovejas, el hombre—, me quedo con Sleeper y, sobre todo, con este Criminal.

Publicada por Marvel bajo su sello Icon, en el que se supone que hay mayor libertad creativa al retener los autores los derechos sobre sus series y personajes, Criminal es una colección estructurada en arcos argumentales de diversa extensión sin personajes fijos en la que Brubaker da rienda suelta a su afición al género negro, y eso es lo que es la serie: género negro en estado puro, con todas sus convenciones y todos sus clichés. Y no sé por qué a mí, que nunca me ha atraído el género, me ha enganchado desde el principio la manera de contar estas historias que tiene Brubaker, con sus hombres duros al otro lado de la ley, sus polis corruptos, sus granujas callejeros y sus mujeres fatales, con su narrador en primera persona, como mandan los cánones. Brubaker apenas innova en el género, aunque sí en un medio en el que las historias negras habían desaparecido totalmente en favor de los superhéroes. Por eso, paradójicamente, el género negro más típico puede ser, y ha sido, un soplo de aire fresco en el mercado.

Trabajando codo con codo con el excelente Sean Phillips, con el que ha llegado a un punto en el que se compenetra tan bien que parecen realmente un autor completo, Brubaker tiene una habilidad increíble para crear personajes con cuatro trazos —tarea facilitada por el hecho de que todos tienden a ser lugares comunes que nuestro bagaje cultural puede identificar rápidamente— y moverlos con total naturalidad. Quizás eso es lo que más admiro de este hombre: la sensación que da de tener todo atado y bien atado, de saber siempre exactamente qué está haciendo y hacia dónde van la historia y los personajes, de una forma en la que salvando las distancias, sólo había visto en Alan Moore. Gracias a eso, y al talento de Phillips, su narración es ágil y adictiva. Engancha como pocos tebeos actuales puede enganchar, y lo hace, oh sorpresa, con cómics mensuales de veinticuatro páginas en los que al contrario que en las series estrella de Marvel, pasan cosas y todo. Aquí se publica en tomos —bien editados, pero muy caros—, pero los episodios tienen una densidad que hacía mucho tiempo que no se veía.

Todo esto, unido a los giros de guion y las sorpresas que siempre oculta cada arco, y que en manos de guionistas menos hábiles serían inverosímiles, es lo que hace que Criminal sea una de las series más interesantes de la actualidad, y una de la que espero con más ganas. De momento cada arco argumental mejora al anterior, y los autores no dan señales de agotamiento, por lo que parece que hay Criminal para rato. Qué ironía, que la mejor serie de Marvel de la actualidad no pertenezca al agonizante universo Marvel, que ya no conoce ni la madre que lo parió. Qué le vamos a hacer.

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