New X-Men, de Grant Morrison, Frank Quitely y otros.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

Sin ninguna duda la mayor revolución en la franquicia desde la llegada de Chris Claremont hace casi treinta y cinco años, los New X-Men de Grant Morrison supusieron uno de los primeros pasos de la “nueva” Marvel de Quesada y Jemas para renovar desde los cimientos al vetusto universo de ficción de la editorial. El trabajo del escocés rompió con todo lo anteriormente contado, como no podía ser de otra manera —porque no tenía ni puñetera idea de qué había pasado ni ganas de enterarse—, y supuso el primer intento de hacer tebeos de mutantes de una manera distinta a como los hacía Claremont. Sus sucesores, Fabian Nicieza, Scott Lodbell, Joe Kelly o Steven Seagle, y Claremont de vuelta varios años después, básicamente removieron el puchero, ya un poco podrido, que supo preparar el patriarca en los años setenta junto a, no lo olvidemos nunca, el dibujante John Byrne.

Pero Morrison lo cambió todo. De golpe y porrazo, de un número para otro, la segunda colección de la Patrulla-X, la que se llamó X-Men a secas y que se creó a principios de los noventa para mayor gloria de Jim Lee, ganaba el adjetivo de New, y por una vez, no era un mero truco publicitario. Morrison, enfant terrible, iconoclasta, reconocido consumidor de todo tipo de drogas psicotrópicas, cogió por banda al grupo de mutantes con la idea de que no los reconociera la madre que los parió pero, al mismo tiempo, que cualquier persona pudiera acercarse a él y sin haber leído ni uno solo de sus cómics previamente pudiera leer la serie y disfrutarla. Para ello lo primero que hizo, y para esto no hacen falta demasiadas luces, fue acercar la serie a la visión que había dado el director Brian Synger en la primera de las películas de X-Men muy poco antes. Lo más obvio, y lo más innecesario también, fue adoptar los trajes de cuero en detrimento de los colorines de toda la vida, algo que duró, comprensiblemente, muy poco. Más inteligente fue adoptar el mayor acierto de la película: convertir la escuela de Xavier en una verdadera escuela, con chavales mutantes aprendiendo a usar sus poderes y esas cosas. Aquella idea se convirtió en el motor de una nueva etapa en toda la franquicia que de algún modo dura hasta ahora y que, entre otras cosas, tuvo como uno de sus aspectos más positivos una colección centrada en los estudiantes que fue de lo mejorcito en series mutantes mientras duró.

Otro acierto de Morrison fue reducir el elenco de personajes a sólo cinco o seis principales formando el grupo: Cíclope, Jean Grey, Emma Frost, la Bestia, el Profesor Xavier, Lobezno… Más un grupito de estudiantes totalmente freak que acabará teniendo mucho peso en la trama. A partir de ese grupo y de ideas básicas en la cosmogonía mutante -el odio de los humanos, la necesidad de ser aceptado, la persecución-Morrison creó un batiburrillo lleno de hallazgos. Se convirtió con su etapa en el guionista que de forma más realista ha imaginado cómo sería el comportamiento de toda una especie si existiera de verdad, cómo sería su organización, su interacción con los humanos, su cultura, o su moda, incluso. El barrio mutante, la secta de los hombres-U —humanos normales que cazan mutantes y por medio de la cirujía se implantan sus órganos especiales—, el tratamiento de los jóvenes mutantes alienados a los que la filosofía pseudopacifista de Xavier no puede ya dar respuestas válidas, son algunos de los elementos más interesantes de la serie, a los que Morrison unió un tono cercano a la ciencia ficción, tanto en temáticas como en estéticas, para conformar un producto extraño pero interesante en su balance final no sólo para el aficionado a los mutantes sino también, y quizás sobre todo, para el aficionado al cómic en general.

Mucho tuvo que ver en el éxito creativo de la serie la total libertad que le dieron en la editorial a Grant Morrison. El guionista, más comedido, no obstante, que en sus creaciones personales, llevó pese a ello a los X-Men a terrenos pantanosos en los que nunca se habían atrevido a entrar, y que quizás fueron un poco excesivos para el género superheroico, no porque pudiera alguno de sus lectores escandalizarse, sino porque no había lugar. Aún así, como experimento, como excepción, para mí fue una gozada ver a Cíclope poniéndole los cuernos telépaticos a Jean con Emma Frost, a Xavier intentando ahorcar a su gemela en el útero con el cordón umbilical —juro que esta escena no la he soñado: existe—, a decenas de mutantes enganchados a una droga que aumenta sus poderes, a la Bestia declarando públicamente una falsa homosexualidad para cuestionar los roles de género. Fue algo diferente, en lo que, ojo, todavía tenían cabida las peleas de toda la vida: contra los centinelas, contra los ya mencionados hombres-U, contra la Guardia Imperial Shiar.

Uno de los mayores problemas que tuvo la serie es su apartado gráfico. Al dibujante “titular” de la misma, Frank Quitely, no puedo ponerle ningún pero: ya he dicho en alguna ocasión que me parece uno de los mejores talentos que han surgido en el cómic americano en los últimos años, y me encanta, más aún con el gran color que le ponen. Pero su lentitud o inconstancia hicieron necesarios varios sustitutos que no estuvieron a su altura, entre ellos un correcto pero insulso Ethan Van Sciver y un extraño y apresurado Igor Kordey que no pegaba en la serie ni con cola. Para las últimas sagas, ya con Quitely fuera de New X-Men de forma oficial, se contó con el espectacular Phil Jiménez y después con Marc Silvestri, para mí sobrevalorado y claramente peor que cuando dio sus primeros pasos en la serie madre de los mutantes a finales de los ochenta.

El que busque continuidad en New X-Men, o cualquier rastro del pasado, glorioso o no, de la serie, que se olvide. Es evidente que Morrison hacía muuuchos años que no leía un tebeo de mutantes. Las menciones a ese pasado son mínimas, pero cabe preguntarse si el guionista habría podido construir todo lo que construyó si hubiera conocido mejor ese pasado, si hubiera querido ser fiel a él y ser parte de una tradición y no su aniquilador. Probablemente no. Y es cierto que por eso en algunos momentos cae en errores que a lectores viejos como yo nos chirrían —esos improbables veintiséis años de Emma Frost— o en tratamiento de personajes poco menos que heréticos —Magneto como un viejo acabado enganchado a la droga—, pero es que estos New X-Men no hay que verlos como una evolución, sino como un experimento, un tebeo personal que, probablemente, habría tenido más sentido, pero menos repercusión, como proyecto especial fuera de continuidad. Y sí, sé que suelo criticar que no se la respete y que los guionistas escriban sin tener en cuenta que su aportación es un ladrillo más, no un nuevo edificio, y que me joden los guionistas estrella que revolucionan por revolucionar —y por no ponerse al día con los números atrasados también, claro—, pero aquí al menos había algo que contar. Morrison tenía un plan y lo llevó a cabo. Como excepción a la regla no estuvo mal. Fue además bastante efímera, pese a que ciertas cosas sí pervivieran: fue irse el escocés y volver a los uniformes de colores y a las aventuras de capas y rayos. ¡Si hasta volvió Claremont a la serie principal! Pero dejó un puñado de episodios con principio y final bastante potables, con ideas propias que se desarrollaban exclusivamente ahí —no en diez spin-off y quince especiales—, con un tratamiento de personajes innovador y fresco, aunque no fueran en realidad los personajes de toda la vida. Historias de gran nivel, pese a cagadas como el episodio contado en primera persona por Xorn, un nuevo personaje que después se descubre que es Magneto disfrazado, con lo que todo el episodio que digo es absurdo y carece de sentido, además de que demostraba que la jugada la pensó Morrison a posteriori. Quizás, el mejor resumen es decir que New X-Men fue un pésimo cómic de mutantes -o no lo fue en absoluto- pero un excelente tebeo de ciencia ficción. O un excelente tebeo, a secas, que no es poco.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s