Cómic: Marvel Team-up, de Bill Mantlo, Sal Buscema, Chris Claremont, John Byrne y otros.

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Fue el primer spin-off de The Amazing Spider-man, por entonces la colección de más éxito de Marvel Comics; la primera vez que los mandamases de la compañía tomaban conciencia del poder comercial de Spiderman y se lanzaban a convertirlo en una franquicia. Atrás quedó un frustrado intento de magazine en blanco y negro que no terminó de cuajar, y donde allí falló, Marvel ahora acertaba al establecer una sencilla premisa para este Marvel Team-up: en cada número, un héroe formaría equipo con Spiderman para enfrentarse a una amenaza. La serie empezó en 1972 y aguantó hasta bien entrados los ochenta, con unos nada despreciables ciento cincuenta números. En sus primeros tiempos veríamos al otro héroe adolescente por antonomasia de Marvel, la Antorcha Humana, usurparle el puesto a Spiderman en contadas ocasiones, pero pronto queda claro que la presencia del trepamuros como coprotagonista garantizaba unas ventas mínimas y además permitía darle a la serie una unidad que le benefició.

A pesar de contar con primeras espadas de la editorial tanto en guion —Len Wein, Roy Thomas, Gerry Conway— como en dibujo —Gil Kane, Ross Andru— sus primeros números no pasan de la anécdota, de la novedad de juntar a dos héroes y ver qué pasa. Las historias siempre responden al mismo patrón: Spiderman y otro personaje se encuentran, hay un malentendido, luchan durante unas pocas viñetas, aclaran sus posturas, y luego forman equipo para derrotar al villano. Era un tebeo en general malo, hecho para el fanboy que veía colmadas sus ansias de ver enfrentados a los héroes de la editorial y comprobar cuál era más fuerte… sólo que la sangre nunca llegaba al río, y los enfrentamientos eran completamente forzados e increíbles.

Fuera de la continuidad de la serie madre en tanto que oficialmente no era un cómic de Spiderman —al menos en sus inicios—, Marvel Team-up ofrecía historias episódicas que podían ser leídas casi en cualquier orden, o incluso saltarse episodios y leer sólo aquellos que por sus protagonistas más interesaran. Por ese mismo motivo se benefició muy poco del rico trasfondo de Amazing que por entonces ya estaba tejiendo, con los mimbres de Stan Lee, el joven Conway, que se encargó con el automático puesto de una decena larga de episodios de Marvel Team-up muy olvidables.

Debatiéndose entre su condición de mero producto comercial y el talento de los creadores que pasaron por ella, Marvel Team-up vivió sus mejores momentos con Bill Mantlo primero y después con Chris Claremont, que empezaron a contar historias largas que se continuaban durante varios números e intentando justificar lo injustificable: la presencia, siempre, de un héroe invitado que ayudaba a Spiderman, a la que al menos buscaban un porqué más allá del tirón comercial de dicho invitado. En pocas ocasiones, sorprendentemente, se aprovechó la colección en un modo que en principio parecía obvio, la presentación de nuevos personajes que con el gancho de Spiderman pudieran darse a conocer entre el público. Sí sirve la serie como muestrario de las tendencias estéticas y temáticas que fue atravesando la editorial durante los años setenta, y que marcaron los héroes invitados. Se pasó de los miembros de los Cuatro Fantásticos, el Capitán América, Hércules o Iron Man, al Hijo de Satán, el Motorista Fantasma, el Hombre Cosa o Deathlock, reflejando las modas efímeras que imperaron en Marvel durante aquella época, para pasar en los ochenta a los mutantes, entonces ya catapultados a la fama.

Queda como la mejor saga contada en Marvel Team-up aquella de los viajes en el tiempo que escribió Bill Mantlo con Sal Buscema al dibujo, en la que Spiderman viajaba al pasado acompañado de la Visión y la Bruja Escarlata para presenciar los juicios de Salem, al futuro de Killraven y al de Deathlock. La inmediatamente posterior etapa de Chris Claremont, trayendo y llevando tramas entre todas sus series a placer y con un primerizo John Byrne dibujando, tuvo buenos momentos, aunque siempre fue notoria la condición de serie menor para ambos. Tras Claremont, se hace patente que la fórmula se agota en manos menos capaces; lo habría hecho igualmente en las suyas. Porque todo tiene un límite, y cuando un tebeo se sustenta en el reclamo publicitario y no en la calidad de sus historias, tarde o temprano cae. Por entonces ya había otra nueva colección del trepamuros, The Spectacular Spider-man, una serie más “de verdad”, con una seriedad de la que careció siempre Marvel Team-up y totalmente integrada en la continuidad del personaje, lo que hacía aún más redundante la existencia del Team-up. Languideció durante varios años más, en una eterna huida hacia delante con historias episódicas contadas por autores de segunda fila que daban la impresión de que la serie era una sucesión continua de fill-ins. En su última etapa el muy capaz J.M. DeMatteis le devolvió cierta dignidad con historias sin pretensiones, con un tono mucho más infantil que el de las otras dos series de Spiderman, pero al menos entretenidas y medianamente originales para lo que habían sido los estándares de la colección, que cerrará en su número 150 con una historia escrita por Louise Simonson con la Patrulla-X como coprotagonista.

El cierre de Marvel Team-up supuso la inmediata aparición de Web of Spider-man, aún más redundante y menos diferenciada de las dos más veteranas. Para muchos, la aparición de Marvel Team-up supuso el principio del fin del personaje, el inicio de la sobreexplotación comercial y de la necesidad de cuidar la imagen de marca de la editorial en perjuicio de la creatividad y de su evolución como personaje. Pero aunque es evidente que la multitud de series —ha llegado a tener seis colecciones mensuales más una trimestral, durante los noventa— y las múltiples manos de guionistas implicados acarreó a la larga una falta total de dirección y abundantes contradicciones y errores de continuidad, también es cierto que esas colecciones secundarias han albergado buenas historias, aunque sean pocas. No es el caso de prácticamente ninguna de las aparecidas bajo la cabecera de Marvel Team-up, pese a lo cual, su evidente interés como termómetro de las modas imperantes en Marvel, tanto en personajes como en dibujantes, la hace rescatable. En España, por cierto, es fácil hacerse con ella gracias a la reedición de Panini, aceptable, pese al incomprensible cambio de formato a los pocos números de empezar. Tampoco es que importe demasiado, pero vamos, otra de esas cosas que criticamos cuatro gatos porque nos aburrimos mucho, ya saben.

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