Cómic: Epicuro el sabio, de William Messner-Loebs y Sam Kieth.

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Antes de Vertigo, a finales de los ochenta, DC Comics tuvo un primer intento de publicar tebeos para adultos de temáticas no estrictamente superheroica: Piranha Comics. Y en cierta medida fue más arriesgado y más consecuente que Vertigo, pese a su fracaso, porque si éste se basaba en una extrapolación de ciertos personajes del universo DC a los que se aplicaría un tono determinado, los cómics aparecidos en Piranha eran la respuesta al incipiente tebeo independiente que por entonces abanderaba Cerebus de Dave Sim. Fueron cómics en los que los autores retenían sus derechos y tenían total libertad en todos los aspectos, incluso a la hora de mostrar escenas sexuales, ya que eran productos para adultos. De las pocas colecciones que surgieron en la breve vida del sello editorial, la que más me interesaba leer siempre fue, junto con el Gregory de Marc Hempel, este Epicuro el sabio.

Escrita por William Messner-Loebs, guionista que se ha prodigado muy poquito, y dibujada por Sam Kieth, uno de los dibujantes más personales y extraños del mainstream americano, conocido sobre todo por una obra extraña llamada The Maxx, interesante pese a ser fallida, Epicuro es una serie corta pero intensa en la que sus autores crean una divertídisma Atenas clásica por la que se pasean personajes tan varipintos como el propio Epicuro, Platón, Sócrates, Pericles, Esopo, Hesíodo, Homero… Una vez superado el intencionado anacronismo, necesario para que todos esos personajes puedan coexistir, lo que me he encontrado leyendo Epicuro es, sorprendentemente, unos inteligentes guiones que demuestran unos aceptables conocimientos de mitología y filosofía griegas, que Messner-Loebs mezcla con buen hacer y sobre todo con mucha ironía. Hay diálogos antólogicos, y la manera en la que es tratado el oficio de filósofo, la forma en la que éstos elucubran sus teorías, son sencillamente geniales. Si se tiene una mínima noción del tema, es inevitable no partirse con los sofistas, los pitagóricos, o con las, lamentablemente, contadas apariciones de un Sócrates espectacular. Inferior, pero también divertido, es el elemento mitológico en el que se acaban enredando Epicuro, Platón, y un infantil Alejandro Magno. Los filósofos acabarán participando de forma paradójica -pues en un principio no creen en ellos- en algunos de los mitos más conocidos: el rapto de Perséfone, el certamen de la manzana, la guerra de Troya. Los dioses y los héroes de la tradición griega se pasearán por Epicuro, siempre deparando alguna sorpresa -ese Hades ceceante, Odiseo retratado como una especie de aborto con patas, la “bella” Helena-. Es cierto que narrativamente hay torpezas. La manera en la que son introducidos algunos personajes o cómo los protagonistas son enredados en la historia mitológica son forzadas casi siempre, pero esto puede perdonarse a favor de lo original de la propuesta y el excelente sentido del humor que demuestran sus autores.

Sam Kieth, por su parte, realiza un trabajo sensacional. Con un dibujante tan personal y antiacadémico -ojo: sólo en la superficie. A poco que se escarbe en el estilo de Kieth, se rastrean fácilmente las influencias de Frank Franzzeta o Bernie Wrightson– siempre es sencillo radicalizar las posturas y amarlo u odiarlo, pero más allá de gustos personales, yo creo que la aportación de Kieth es clave. Su estilo exagerado, excesivo y barroco, que mezcla sin complejos ni mesura el dibujo realista y el caricaturesco, que deforma cuando es necesario y prescinde de cánones, es perfecto para Epicuro sin duda alguna. Si a eso le sumamos la experimentación constante con el montaje de página, que se traduce en una grata sorpresa continua para el lector, sus sensuales y rotundas mujeres -tan alejadas del cánon de la modelo anoréxica o de las femme fatales de un Jim Lee-, el excepcional coloreado de Steve Oliff, que sin herramientas infográficas consigue un color a años luz de lo que se hacía en la época en comic-book, tendremos como resultado un trabajo gráfico que no por poco ortodoxo es menos espectacular o interesante.

El tomo recopilatorio que ha publicado Norma recientemente, gracias al cual he podido leer al fin Epicuro, incluye las cuatro historias que se hicieron sobre el personaje. De ellas, las dos primeras son las mejores con diferencia, pero todas son divertidas, aunque, es cierto, no es un humor que pueda entrarle a todo el mundo. Sin embargo, si lo hace, será a lo bestia: carcajadas garantizadas. Un tebeo, en todo caso, muy recomendable, una propuesta tristemente efímera en un mundo editorial que entonces, como ahora, estaba copado por los superhéroes.

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