Capitán América, de Ed Brubaker, Steve Epting y Michael Lark.

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Al fin he leído el primer arco argumental de la etapa, aclamada etapa, de Ed Brubaker en Capitán América: Soldado de invierno. Y tras la lectura —en inglés, más que nada porque estoy empezando a ser consecuente con mis críticas a las ediciones españolas, sus errores y sus precios—, pese a que me ha invadido cierta sensación de “no es para tanto”, más causa de las excelentes críticas que recibía la serie que de ella misma, hay que decir que, sí, es un enorme tebeo de género. De largo, lo mejorcito de la Marvel del momento, aujnque este arco tiene ya unos añitos. No es una obra maestra. No es, ni siquiera, algo a la altura de los mejores cómics de la historia editorial de Marvel. Pero es un tebeo bien hecho. Muy bien hecho. Y un tebeo, además, que da un paso adelante en el tratamiento del Capitán América y de los superhéroes en general, demostrando que hay otras vías para ello al margen de la de Bendis y compañía, que la única alternativa a éste no es el inmovilismo. Son cómics con una adultez bien entendida, que se fundamentan en los dos puntos fuertes de Brubaker como guionista, a saber, su habilidad para construir personajes sólidos y creíbles a través de diálogos y textos de apoyo y la destreza que demuestra desarrollando las tramas de sus historias. Es una auténtica gozada dejarse llevar por un escritor que da siempre la impresión de tenerlo todo bajo control, que sabe dosificar la información y controla a la perfección los ritmos de la narración, que domina el continuará como pocos, que sorprende con giros de guion arriesgados pero, siempre, plausibles. Por eso quizás no me ha impactado tanto este arco argumental: es evidente que pierde interés al conocer deantemano esas sorpresas, en este caso, la identidad del Soldado de Invierno, como perderá la saga en la que el Capitán muere.

Es también, lo decía antes, un cómic en el que se da un paso adelante en el género. Un tebeo moderno, hijo de su época —post 11S—, con una violencia más realista, que se centra además mucho más en la faceta de soldado de Steve Rogers que en la de superhéroe. Por eso Brubaker incide en su vinculación a SHIELD y lo enfrenta a terroristas y paramilitares varios antes que con supervillanos, aunque alguno haya. Demuestra el guionista que conoce a los personajes y sus historias medianamente bien. Cuando leo a Sharon Carter, a Nick Furia o al Halcón, me los creo. Son ellos, pese a que el sello de Brubaker les dé un nuevo enfoque. Igual sucede con el Capitán América. Es verdad que es un poco más durillo y sus métodos más expeditivos -también es que empieza el arco argumental con cierto cabreo encima-, pero sigue siendo él mismo. Y esto no deja de tener su mérito, porque el Capitán es un personaje muy difícil de escribir. No es, lo siento por sus detractores, un facha. Tampoco es un boy scout ingenuo y cursi. Es un patriota, vale. Pero más allá de eso, es un hombre inasequible al desaliento de moral y valores inquebrantables. Es también un hombre duro, de otra época. Un tío que ha vivido la Segunda Guerra Mundial y que por ello, ha visto de todo. Y más allá de eso, es un símbolo, una inspiración. Y en eso se empieza a centrar Brubaker en su etapa, en el valor icónico del Capitán América y como encaja en una realidad sucia que necesita de otras armas igualmente sucias: el Soldado de Invierno, que en realidad es, creo que a estas alturas todo el mundo lo sabe, el antiguo compañero del Capitán: Bucky. De piedra se tuvieron que quedar los lectores americanos cuando se enteraron. Yo, claro, pierdo esa sorpresa, pero igualmente asisto al juego de malabares y la reinterpretación de Brubaker del pasado del Capitán y Bucky, donde el chaval se ocupa del trabajo sucio que un símbolo como su compañero no puede hacer. ¿Forzado? Claro. Muy forzado. Pero plausible. Y ésa es la clave: Brubaker conoce la historia, por eso funciona a poco que el lector ponga un mínimo de su parte, mínimo que es muy fácil poner ante una historia tan buena. Y es que, igual que Carlos Giménez decía que para ser contracultural hay que tener cultura, para deconstruir superhéroes hay que saber de superhéroes. Por eso Brubaker triunfa donde fracasan Bendis —salvo tal vez, y con ciertas reservas, en su Daredevil— o Mark Millar. Porque innova y es iconoclasta —y no tanto, en realidad— desde el conocimiento, si no enciclópedico, sí lo suficientemente amplio como para no caer en errores de continuidad o, peor, repetir esquemas pasados más sobados que la pipa de un indio como si se hubiera inventado la sopa de ajo. Por eso Brubaker coge elementos de aquí y de allá para hacer algo nuevo, respetuoso pero no moroso con el pasado. Por su etapa vemos pasar al Halcón, antiguo compañero del Capitán en los setenta, el Cubo Cósmico, su archienemigo Cráneo Rojo —¡aliado con los rojos! ¿Se habrá liado por culpa del nombre que lleva?—, al mencionado Bucky, para construir, flanqueado por el buen hacer de los dibujantes Steve Epting y Michael Lark, una trama sólida llena de momentos espectaculares, por ejemplo los múltiples flashbacks que salpican la historia o el capítulo dedicado a la muerte del Nómada, que me tocó especialmente por el cariño que le tenía al personaje. Sobran quizás tantas peleas redundantes, por demasiado similares —más o menos una vez por comic-book el Capitán se pega con unos esbirros armados que disparan inútilmente sobre su escudo y después son eficientemente apalizados—, y al algún momento le falta algo de intensidad, algo, sí, del melodrama típico del género, sobre todo el clímax, el encuentro entre Bucky y el Capitán. Se debe esto, en realidad, al hecho de que en realidad el Capitán América de Brubaker no es una serie superheroica al uso, sino más bien una de intriga, acción y política, como lo ha sido de hecho en sus mejores etapas.

En todo caso, Capitán América ha conseguido lo que tiene que conseguir un tebeo de sus características: enganchar, que tenga muchas ganas de seguir leyendo una etapa que, si bien no responde a mi ideal de cómic de superhéroes, es una lectura entretenida y muy bien escrita, algo lejos de sus mejores obras, Criminal y Sleeper, pero muy por encima de otros trabajos en Marvel claramente más alimenticios y menos atrevidos. No puedo esperar, por ejemplo, a comprobar cómo escribe Brubaker al Capitán durante la Civil War. Puede ser muy interesante…

PS: Por cierto, los dos tomos USA me han costado sólo un poco más de lo que va a costar aquí cada uno de ellos. Menos mal que el señor Córdoba ya nos explicó que los tebeos en España son baratos, que si no pensaría mal.

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