Viturtiazo.

Tengo a Alejandro Martínez Viturtia por un hombre cabal. Un editor mañoso y con mucha mano izquierda. Me encantaba la elegancia con la que, en su sección mensual cuando aún publicaba Planeta los tebeos de Marvel, contestaba a las críticas negativas, tuviera o no razón. Se sacó de la manga la Biblioteca Marvel, y aunque su labor en Panini es más irregular y, creo, con más errores, sigue haciendo su labor con cierta competencia que no es fácil encontrar en el sector. Sin embargo, de vez en cuando le ha perdido la boca y se ha salido de su papel de hombre tranquilo. Lo hizo con el famoso “vosotros tenéis mucho tiempo libre”, y lo vuelve a hacer ahora con este artículo, que sólo puedo bautizar con el término que acuñó, si no recuerdo mal, ADLO!: Viturtiazo.

Por eso esta vez no me sorprende, por mucho que considere dicho artículo muy desafortunado. Primero por lo inoportuno de la ocasión. No es de recibo que una web que cumple diez años —ahí es nada: eso es internet es casi como decir cincuenta— te pida un articulito, les digas que sí, y luego aproveches la coyuntura para dar un tirón de orejas a los blogs que tratan sobre cómics, sabiendo que, para bien o para mal, Zona Negativa es uno de sus estandartes. No era oportuno, había otros momentos y sobre todo otros lugares: Virtutia podría haber aprovechado la página web de la editorial para la que trabaja, como en su día hizo su compañero José Luis Córdoba.

Y segundo, porque en realidad la principal queja del editor, a saber, que en internet la gente tiende a hablar sin tener ni puta idea, es algo inherente a la propia naturaleza de la red. Es su principal problema, y probablemente, algo inevitable. A mí nadie me impide, por ejemplo, abrir un blog sobre medicina y empezar a decir disparates. Por eso considero que es tan importante que se empiece ya a enseñar a la gente, especialmente a los jóvenes, a saber discernir, a separar el ruido de la información. Sin ir más lejos, en los colegios. Pero claro, si esto no se hace con la información escrita, mucho menos va a hacerse con la que se encuentra en internet.

No es justo tampoco quedarme con lo que me interesa de su artículo: es verdad que antes de nada reconoce la importante labor que tienen los blogs, y no hay motivos para pensar que lo dice con la boca pequeña o por compromiso. Además, es que es totalmente cierto que realizan un trabajo de promoción importante en un mundillo en el que, es cierto, no todo comprador se mueve en internet, pero sí una parte nada desdeñable, y más cuando hablamos de cifras de ventas tan bajas. Claro está, para las editoriales es un arma de doble filo. Obliga a Viturtia y a sus colegas de profesión a hacer mejor su trabajo. Porque ahora sus cagadas son vox populi el mismo día en el que se hacen. Ejemplos hemos tenido de sobra últimamente, aunque los dos que me vienen a la cabeza son de la competencia de Viturtia: la penosa edición de Bizarro Comics y el error de la cubierta repetida en All Star Superman. Sería inútil negar que la amplia difusión de ambas afectó a sus ventas, y más aún cuando la respuesta de David Hernando, editor de la línea DC Comics de Planeta, fue básicamente encogerse de hombros. De la misma manera, cuando en un blog —no en el mío, claro, pero sí en La Cárcel de Papel o en la propia Zona Negativa— se hace una reseña positiva o negativa de una obra, tiene su influencia, mucha o poca.

Y yo entiendo que esto inquiete a las editoriales. Es completamente normal. Es algo que no pueden controlar, una variable que hace su trabajo menos cómodo. Pero la actitud que han tenido hasta ahora con internet ha sido muy similar a la de la industria discográfica: como no lo entiendo, como no sé usar la herramienta en mi beneficio, me enfado y no respiro. Y entonces es cuando dice Viturtia que es inadmisible que la gente escriba sin saber lo que dice.

Conste que estoy de acuerdo con su apreciación de que hay que separar opinión de datos. Eso es elemental y creo que la gente que tiene dos dedos de frente lo entiende perfectamente. Pero cuidado, porque Viturtia pide un imposible: una de las pocas cosas que aprendí en la universidad fue que la objetividad es una entelequia. Que no existe, vaya. Que por mucho que él se empeñe, y por mucho rigor y método que queramos tener —y que debemos tener—, al final sus criterios no por más fundados son objetivos. Cuando Virtutia decide no editar una serie porque cree que no se va a vender, o cuando decide cascarle un formato de lujo a una sólo porque tiene dibujante español, está tomando decisiones que son subjetivas, no la verdad con mayúsculas. Se queja también de que esas confusiones a la hora de elaborar un artículo pueden ser recogidas por otros blogueros y sobre todo por medios generalistas que convertirán un dato basado en suposiciones o en rumores en una certeza. Y aquí es donde Viturtia yerra el tiro. ¿Se puede pedir más rigor al que tiene un blog y cae en lo que critica? Sí. Pero mucha más ha de pedirse al medio de comunicación de masas que no sabe diferenciar la información de calidad de lo que no lo es, y que, por cierto, se basta y se sobra para cometer cagada tras cagada cada vez que mentan la historieta, atribuyendo la paternidad de Superman a Stan Lee y cosas por el estilo. Ellos son los primeros que deben aprender a usar internet, y sobre todo, a respetar los derechos sobre los textos y citar la fuente, porque muchas veces copian y pegan sin ningún tipo de rubor contenidos que no los ha inspirado el espíritu santo -y lo sé porque me ha pasado, no con un texto de este blog, pero sí con uno publicado en mikeoldfieldblog.com.

Me molesta especialmente el ejemplo, nada casual, que usa Viturtia para ilustrar su tesis: las traídas y llevadas cifras de ventas. Me siento aludido, no sin cierta lamentable vanidad, porque no hace mucho yo mismo hice justo lo que dice que no se puede tolerar: especular sobre ellas y lanzar hipótesis y aproximaciones que después serán tomadas por ciertas. Cuando yo escribí ese artículo, precisamente porque el tema es controvertido, intenté ser todo lo riguroso que me era posible. Tiré de los pocos datos oficiales que había y de todas las cifras aproximadas que se pueden ir recolectando por ahí. Y cuando era un rumor, o una cifra aceptada tácitamente pero no corroborada, lo decía. Cuando hacía una suposición o extrapolaba unas cifras a otros productos, lo advertía. A partir de ahí, si un periódico coge mi artículo y decide publicar uno propio en el que da mis aproximaciones como cifras verdaderas, es su problema, no el mío. Y lo que no puede pretender Viturtia es que no especulemos, que no intentemos aclarar un poco un tema que interesa a muchos, pese a que él, no sin cierto paternalismo, siempre insiste en que al lector no le interesa ese dato. Que no lo necesita. Y bueno, puede tener razón a cierto nivel, pero es como si mañana el gobierno decide que al ciudadano no le interesa la cifra del paro, y decide hacerla secreta. Evidentemente, es un dato que a cada persona no le afecta demasiado, pero todos entendemos que hay ciertas cosas que tenemos derecho a saber. Las cifras de ventas de una empresa privada pueden no estar entre ellas, pero Viturtia debe comprender que haya gente que no seamos ya meros lectores y estemos intentando estudiar, o empezar a estudiar, este medio desde diferentes puntos de vista. El que nos ocupa puede no ser el que a mí más me interese, pero es evidente que para estudiar el cómic español desde un punto de vista sociológico, es imprescindible conocer unos datos que las editoriales se callan. Dicho de otro modo: si yo mañana quiero escribir un libro acerca de cómo han cambiado los gustos del lector español y qué géneros han ganado o perdido interés, no puedo. No tengo datos fiables. Puedo especular, nada más. Y especulamos. Viturtia dice que no debemos, porque inducimos a error. Si no tenemos cifras de venta, no podemos hablar. Las cifras de venta las tiene sólo él. ¿Ven ya por dónde va el tema?

Al final la conclusión es que hay temas de los que sólo puede hablar él. Ejemplifica con las ventas, pero también ha criticado, él y otros editores, que se hable mal de ciertos errores porque según ellos, no conocemos todos los datos. Cuando un tomo tiene un precio desorbitado y se dice, por ejemplo, les parece mal. Pero no sueltan prendan. Sólo hablan para decir que todo va bien. Córdoba dio alguna cifra de venta, pero descontextualizada y sin información adicional que la haga valiosa más allá de la anécdota. Y de paso tiró unas cuantas puyas, ya que estaba. Y sí, es cierto, y deseable, que como dice Viturtia cuando uno escribe un artículo sobre algo, esté documentado sobre ese algo. Pero todo tienes unos límites, y hombre, para darse cuenta que a un tomo se le caen las hojas y contarlo tampoco hace falta un doctorado. Hay cosas para las que hace falta informarse y hay otras que cualquier consumidor puede denunciar. Imagínemos por un momento el cachondeo que sería que, un suponer, me comprara un lector de dvd que resulta estar roto, fuera a la tienda a cambiarlo y el dependiente me soltase: “Pero ¿usted qué sabe de dvds? ¿Se ha documentado usted antes de venir a mi tienda? ¡Pues entonces!”.

No tiene sentido el empecinamiento de los editores en este punto. Si Viturtia como editor y cara pública de una empresa considera que sus intereses están siendo perjudicados por la circulación de un dato falso, su obligación es desmentirlo. Obviamente, no sirve sólo con eso: si mi dato es falso, deme usted el verdadero, y yo le creeré, que para algo tiene la información de primera mano. Lo que no puede hacerse es pedir silencio sobre un tema del que él guarda celoso secretismo. Es evidente que los editores —casi todos; el señor Joan Navarro nunca ha tenido problema alguno en dar cifras de ventas, y no le va mal, por cierto— estarían más tranquilos y dormirían mejor si nadie sacara el tema. Porque su temor, lo reconozcan o no, es que produjeran un efecto llamada a la inversa: es decir, que de saberse las ventas de ciertos títulos, los pocos compradores que tenga desertaran ante la evidencia de que no tardaría en cerrar. No creo que funcione así, francamente. En EE UU se han sabido desde siempre las cifras y no pasa nada. Pero daría igual. La realidad es que en un mundo globalizado en que cualquiera puede saber la facturación de Microsoft, las ventas del último disco de su grupo favorito o cuánto le ha costado al Real Madrid el último pelotero que ha fichado, es imposible saber qué vende Spiderman en España. Y es eso, y no otra cosa, lo que impide la existencia de análisis y estudios rigurosos sobre las tendencias del mercado español, que a lo mejor a él no le interesan, pero a muchos de nosotros sí. Por eso me toca la moral el remate de su artículo: “Pero sí lo que tenemos que pedir es más claridad a la hora de presentar hechos y diferenciarlos de las opiniones. Hasta que eso no sea nos costará no sólo analizar el mercado del cómic sino que nos tomen en serio.” Pues no, lo siento: aquí lo único que hace que nos cueste analizar el mercado, tanto que es directamente imposible, es que no suelten prenda ustedes. Si lo hicieran, se acabarían las especulaciones, las hipótesis y los bulos. Y si no van a hablar, al menos no se quejen de que unos pocos intentemos con toda la honradez de la que somos capaces desenmarañar tanto como se pueda este embrollo. Lo demás son monsergas.

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