Tomorrow Stories, de Alan Moore y otros.

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Hace poco pude al fin leer el final de Tomorrow Stories gracias a la edición de Norma. Como el resto de series creadas por Alan Moore dentro de su sello American’s Best Comics, ha costado tenerlas completas en español por el cambio de derechos de Planeta a Norma, que se ha tomado con mucha calma continuar con las series, y además lo ha hecho con ediciones buenas pero caras, supongo que por la tapa dura, que bien podrían haberse ahorrado. Todas las series de American’s Best Comics me parecen excelentes; Tomorrow Stories puede no ser la mejor, pero sin duda es la más original.

Hablar del talento de Alan Moore me parece absurdo. Es el guionista más importante del mercado americano en los últimos veinticinco años, domina perfectamente todas las facetas de la escritura, sus trabajos están unidos por una línea de coherencia que no está reñida con el cambio constante de género, es intelectual y visceral a la vez. Cada uno de sus cómics exprime al máximo las posibilidades del medio: nada de lo que él cuenta con tebeos puede contarse en otro soporte —como demuestran los fiascos que han resultado todas las adaptaciones al cine de su obra, sin excepciones—. Y, no es menos importante, sabe moverse perfectamente en diferentes niveles. Moore, al contrario que la gran mayoría de guionistas, que siempre creen que su último trabajo es el mejor y que hasta su mierda huele a rosas, diferencia perfectamente la categoría de cada una de las series. Hay, por decirlo de otra manera, trabajos mayores y trabajos menores. Hay obras maestras concebidas como tales y a las que le dedica el tiempo que se merecen –From Hell fue el fruto de casi una década de trabajo-, y cómics que lo único que buscan es entretener, sin que eso signifique jamás insultar la inteligencia del lector.

Tomorrow Stories pertenece a este segundo grupo, pero es mucho lo que ofrece en ella Moore. Primero, un entretenimiento impecable, con humores de todos los colores, mala leche e inteligencia. Fue un cajón de sastre donde pudo dar rienda suelta a su lado más cafre. Segundo, una de las mejores muestras de la ilimitada imaginación del autor, de la cantidad ingente de ideas que puede llegar a parir —recordemos, además, que a la vez que guionizaba Tomorrow Stories trabajaba en otras cuatro colecciones—. Recuperando el concepto de antología, de aquellas revistas de los años cincuenta, en los tiempos en los que nadie es capaz de contar una historia en veinticuatro páginas, Moore ofrece nada menos que cuatro. De nivel obviamente variable, pero siempre basadas en alguna idea original e ingeniosa, con una solidez y un contenido difíciles de encontrar en el mainstream. A lo largo de doce números y un par de especiales, Moore se acompañó de cinco dibujantes distintos para plasmar las historias de cinco personajes, enfocados cada uno desde un punto de partida distinto que ayuda a definirlos y diferenciarse entre sí. Moore tiene muy claro qué quiere hacer con cada uno, y, sea más o menos brillante, rara vez no consigue su objetivo. Junto a Ritch Veich —antiguo colaborador suyo en La Cosa del Pantano— hace Greyshirt, un reconocido homenaje a The Spirit de Will Eisner en el que se suceden los experimentos narrativos. Con Jim Baikie, First American, una sátira de los superhéroes pero, sobre todo, de la sociedad y política americanas, sátira que gracias a o por culpa de la globalización nos resulta tan hilarante como a ellos. Cobweb, junto a su mujer, la dibujante Melinda Gebbie, es una parodia de los pulp eróticos más casposos, con la que no siempre es fácil conectar; Jack B. Quick, con dibujos de Kevin Nowlan, es quizás lo mejor de Tomorrow Stories, un delirio tremendamente imaginativo en el que cualquier cosa puede pasar. Por último, Splash Brannigan, con Hilary Barta, que sustituyó a Jack B. Quick durante varios números. Fue una parodia de la industria del cómic americano, y la más floja de todas las series incluidas en la antología.

Ruptura de la cuarta pared, cruces entre personajes, apariciones de famosos… todo era posible en Tomorrow Stories. Fue una pena que fuese la serie más intermitente de todas las que editó Moore bajo el sello de American’s Best Comics. En cuatro años sólo salieron a la luz doce cómics, con una periodicidad inexistente. Sin embargo, son un puñado de historias que van de lo correcto a lo brillante, y que no deberían pasarse por alto. Como decía, un trabajo menor para los estándares de Alan Moore, pero con una calidad que muchos otros guionistas matarían por alcanzar.

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