El último gran viaje de Olivier Duveau, de Jali.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

El último gran viaje de Olivier Duveau es un cómic que, como su autor, me llamaba la atención. En su día, cosas del presupuesto, lo tuve que dejar pasar. Hoy, gracias a ese gran invento que es la biblioteca, he podido leerlo.

Y es una lectura deliciosa. Un cuento entre lo infantil y el realismo mágico, con una sensibilidad especial para lo fantástico, para teñir con ello lo real a través del dibujo, elemento principal del tebeo. Jali posee un estilo deudor de muchos —Edward Gorey, Dave McKean—, pero que funciona y es muy atractivo, empezando por el excepcional diseño de la cubierta. En él deposita Jali la mayor parte del peso de la historia, aunque quizás lo más sobresaliente sea la excelente narrativa gráfica. Aunque a veces adopta soluciones un tanto fallidas, en general sale airoso de todos los riesgos que corre con la composición de página: la alternancia de viñetas páginas preciosas y detalladas con otras limpias y casi vacias, las viñetas apaisadas, los juegos con el orden de las mismas en las páginas en las que hay varias… La experimentación no está reñida con la claridad en la exposición, lo cual es de agradecer, pero evidentemente sin ella El último… no sería lo mismo. Jali se divierte. A partir de la historia de un niño criado sin padres y encerrado en una mansión, va trenzando una historia simple y sin complicaciones, pero que captura la atención del lector. Olivier crece, y, como cuando era pequeño, está obsesionado con alcanzar las estrellas, hasta que idea un sistema de transporte que le permite viajar al espacio y que da paso a la parte más fantástica y metafórica de la historia. Jali hace maravillas gráficas con esas estrellas, y se permite algún efecto resultón, como la luna escaneada. Otros no le quedarán tan bien, como, cuando encuentra una Tierra paralela a la nuestra en esa especie de mundo tras el espejo que encuentra al atravesar la luna, utilice una imagen excesivamente pixelada y burda. Son pecados menores ante el despliegue de recursos, entre los que destaca la integración del texto con el dibujo en algunas viñetas, jugando con la colocación de las palabras para conseguir diversos efectos, y la manera en la que se sitúan algunos bocadillos “fuera de cámara” cuando el protagonista no está prestando atención y no escucha del todo lo que le están diciendo. El problema principal, no obstante, es otro: da la sensación de que la reproducción es un tanto defectuosa, como si los dibujos estuvieran borrosos, sucios. Los grises, que Jali usa con inteligencia, se ven deslucidos, como si todo fuera demasiado opaco. Sorprende siendo una edición de Astiberri, pero es así. Por ejemplo, las viñetas en las que Olivier está a oscuras son un tormento para la vista, y dudo mucho que ésta fuera la intención del autor, por lo que tengo que achacarlo a otros factores. Tal vez influye el hecho de que el dibujo lleno de detalles y el trazo fino de Jali pedían un formato mayor, de álbum, y quizás otro papel de mayor calidad. Algunas veces he tenido la sensación de que estoy leyendo un tebeo “reducido”.

Al margen de esto, centrémonos en la historia: simple y sin complicaciones. A través de imágenes visuales evocadoras, alguna más afortunada que otra, Jali nos lleva de la mano haciendo uso de un narrador en tercera que dialoga con el lector haciendo que éste se involucre en el juego que se le propone. En alguna de las acciones de Olivier veo, quizás, la enorme sombra de Luis Durán. Tatuarse todo el cuerpo con estrellas o llenar el suelo de espejos para que se reflejen las del cielo son imágenes profundamente duranescas, pero, también es cierto, ambos autores miran sin disimulo al realismo mágico hispanoamericano. Puede que de ahí vengan las similitudes, pero para mí ha sido imposible que en algunos momentos no me asaltara la sensación de estar ante un Durán menor. Me quedo quizás como idea más poderosa la de tocar con una flauta la música del pentagrama que forman las estrellas al mirarlas a través de los cables de un tendido eléctrico: es francamente buena. Los textos tienen ese punto lírico que requiere el tono fantástico, pero sin excesivas pretensiones, lo cual es de agradecer porque Jali no es un buen escritor, aunque intuyo que es consciente dado que el protagonismo lo tiene, como decía antes, el dibujo. A veces se notan sus limitaciones en el aspecto literario, aunque el tono de cuento narrado oralmente ayuda a que podamos pasarlas por alto y dejarnos llevar. Pero no hay ni una frase que recuerde tras acabar de leer el cómic; todo lo más, el simpático texto con el que, hacia el final del tebeo, nos da Jali una agradable sorpresa que no voy a reventar aquí, de ésas que hacen que nos sintamos como críos, y que nunca se agradecen lo bastante.

Intuyo que la gran obra de Jali está por llegar, y quizás cuando lo haga venga con un guionista que le ayude con los textos. Porque realmente tengo la sensación de que las condiciones del mercado español lleva a muchos a convertirse en autores completos aunque sus habilidades como escritores no estén a la altura del talento para los otros aspectos de la historieta. En todo caso, El último viaje… es un buen tebeo, para dejarse llevar durante un ratito con una sonrisa en la cara. Es sólo que, una vez terminado ese ratito, el análisis posterior revela que podría haber sido todavía mejor. No pasa nada: Jali es muy joven y tiene un talento evidente. Estaré atento.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s