Terra Obscura, de Alan Moore, Peter Hogan y Yannick Paquette.

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Cuando Alan Moore se lió la manta a la cabeza y decidió volver al mainstream con su sello editorial American Best’s Comics, una de las mejores series que parió fue Tom Strong, una pequeña maravilla con la que Moore se lo pasó en grande creando todo un universo a medio camino entre el pulp y los superhéroes modernos. En ese mismo punto se encuentra Terra Obscura, tomo recientemente editado por Norma que recopila la primera serie limitada aparecida en EE UU hace ya bastantes años.

Esta propuesta recupera el mundo que Moore creó, con su habitual facilidad, en una saga de un par de números de Tom Strong. En ella el guionista demostró lo que ya sabíamos: que las ideas le rezuman por las orejas. En unas cuarenta y ocho páginas fue capaz de crear suficiente material como para llenar una línea editorial del tamaño de Marvel o DC. No es de extrañar, por tanto, que le apeteciera sacarle un poco de jugo a aquel universo y a sus personajes. El problema es que para esta serie limitada Moore se limita a una labor de coargumentista y deja el peso del guión en manos de Peter Hogan. Uno intuye que la labor de Moore sería más de supervisor más o menos estricto y aportador de una línea general, porque, siendo sincero, su mano no se nota mucho más allá de eso. Sin embargo, los personajes y su premisa es tan interesante que sirve casi por sí sola para mantener cierto interés durante toda la lectura del tomo.

La trama, salvando las distancias, tiene cierto paralelismo con algún aspecto de la de Watchmen: un asesinato sin resolver, una amenaza misteriosa, un enemigo en la sombra que acaba siendo uno de los héroes… Sorprendentemente, Hogan no explota el mayor atractivo que el universo creado por Moore tiene: sus héroes fueron capturados y mantenidos en animación suspendida durante treinta años y, al despertar, se encontraron con un mundo completamente diferente. Supongo que jugar la baza de los héroes anacrónicos fuera de sitio habría sido ya excesivamente referencial con respecto a Watchmen, y por eso parece que Hogan, tras esbozar alguna idea interesante en los dos primeros números referidas a los intentos de los héroes por adaptarse al mundo moderno, opta por ceñirse a la trama detectivesca que lleva a los protagonistas al enfrentamiento final. Tom Strange, el Superman de este panteón, aparece sólo hacia el final, que es sin duda lo peor de la historia. Un clímax desangelado y muy, muy precipitado, en el que se asiste, por enésima vez, a un darle la vuelta de tuerca al género y hacer que los superhéroes arreglen el conflicto negociando en lugar de a hostias. Demasiado visto a estas alturas. Aún así, hay que reconocer que he leído Terra Obscura con cierto agrado, ya que en su falta de originalidad al menos encierra una historia sólida que, si bien no sorprende, entretiene. Es cierto que más de una vez y más de dos uno se lamenta de que no fuera el propio Moore el que firmara el guión, sobre todo porque incluso con la misma trama sé que habría guardado algún as en la manga que colarnos en el final, pero también porque Hogan está muy lejos de la brillantez de los diálogos de Moore.

El dibujante Yannick Paquette pese a su apellido no es demasiado malo —perdón, perdón; no he podido evitarlo—. Del montón, a lo sumo. Le falta personalidad y la influencia de Adam Hughes o Terry Dodson es excesiva, pero al menos narra con dinamismo y cierta claridad. Es, eso sí, uno de esos dibujantes que sólo parece disfrutar de su trabajo cuando dibuja féminas: uno se acaba hartando un poco de tanta pose forzada, de la falta de naturalidad en las posturas de las mujeres, que están todas buenísimas y se pasan el día partiéndose la espalda para sacar tetas y poniendo el culo en pompa. Marea. Y luego desatiende otros aspectos del dibujo no tan vistosos pero en los que de verdad se nota quién es un buen profesional; hay dos focas en una viñeta completamente aberrantes que con un simple vistazo a google imágenes nos habría ahorrado.

Un buen tebeo, honrado, que da una historia competente que no toma por imbécil al lector, como sucede con gran parte de las actuales del género. Un rato de entretenimiento sin pretensiones sin sobresaltos o destellos de genio. Dudo mucho que compre el siguiente.

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