De ventas y anuncios.

Recientemente el editor jefe de Glénat, Joan Navarro ha colgado en su blog, Viñetas —un espacio que a la chita callando se está convirtiendo en una base de datos de tebeos y otras cosas impresionante— cifras de ventas de sus dos productos más vendidos tanto en tomo manga como en álbum durante el pasado año. Entre lo primeros sigue en cabeza Naruto, cuyo número 40 vendió 14.786 ejemplares —más preciso no puede ser Navarro—. En cuanto a álbumes, La nuevas aventuras de Esther vendió 8.577 ejemplares. No son demasiados datos, pero con ellos podemos sacar varias conclusiones. La primera es que se mantiene la tendencia con respecto a 2008, en el que los más vendidos de la editorial fueron también Naruto y Esther —aunque creo recordar que un tomo de la reedición, no de la serie nueva—. La segunda es que estas cifras, para los productos más vendidos de la que es una de las tres o cuatro editoriales de cómic más potentes de España, son pobres. Vamos, pobres; cualquier editor de tebeos vendía a su abuela por alcanzarlas, pero si comparamos con las cifras de los libros más vendidos del año pasado, hay un abismo. Quitando los tres de siempre —Mortadelo, Asterix y Tintín—, Naruto probablemente sea el cómic que más vende en este país -con énfasis en el “probablemente”, que luego se enfada Viturtia-, y no llega a quince mil ejemplares. Compárese con el libro más vendido. O preguntémonos cuántos libros al año se publican que pasen de los diez mil ejemplares vendidos y comparemos de nuevo con los tebeos. Ésa es la madre del cordero. Veinte pelotazos más o menos fuertes en un mercado por tres o cuatro en el otro, y con decenas de miles de ejemplares de diferencia. Todas las editoriales, hasta las “potentes”, trabajando como pequeñas editoriales del libro. Ése es el problema. Señores, por favor: ABRAN MERCADO. Que sé que es difícil, que cuesta dinero, pero es que es esencial. Se ha demostrado que se pueden hacer tebeos que interesen al público, y encima buenos: Arrugas, El arte de volar. Si el tebeo infantil barato y en quiosco está perdido, que se concentren al menos en llegar al público que más consume: la franja entre los veinticinco y los treinta y cinco años. Que se enteren de que hay tebeos para ellos. Estos días nos han bombardeado con anuncios de los coleccionables de El Jabato y Esther y su mundo. Tendrán éxito seguro, igual que lo tuvo el coleccionable de clásicos de Bruguera. Pons se preguntaba en su blog hace unos días si es tan inconcebible realizar este esfuerzo publicitario y económico con otros cómics; yo lo que creo es que la televisión ya no es el medio de comunicación donde el cómic deba estar presente. La gente joven cada vez vemos menos televisión. Sólo hace falta echar un vistazo a la programación de los canales abiertos para ver que los programadores han entendido hace mucho que su público mayoritario es otro. Yo cuando sigo una serie me la bajo. Ya no estamos dispuestos a ver las cosas cuando y como quiere un señor que afirma saber cuándo me viene mejor a mí. Un anuncio de televisión sobre un cómic tendría efecto, qué duda cabe, pero no creo que a estas alturas compense dicho efecto el enorme gasto que supone. Salvo en casos como éste de Esther, donde el público objetivo tiene otra edad. Pero para mí es evidente que el espacio publicitario al que las editoriales deben apuntar es internet. Donde pasamos cada vez más tiempo a lo largo del día, y donde más posibilidades hay de que veamos algo que nos llame la atención. No hablo de la publicidad gratuita que se hace en blogs cuando se reseña un cómic, sino de publicidad de la de toda la vida: ¿cuánto vale un banner en messenger? ¿y en las páginas de El País o El Mundo? Voy más allá: ¿se le está sacando todo el jugo que se le puede sacar a esto de la web 2.0 de cara a la promoción? Pues en esto está, creo, la clave para romper este círculo vicioso por el cual un tebeo no se promociona porque no se vende y no se vende porque no se promociona. La tele es inasequible, de acuerdo: pues vamos a por internet, que encima va a dar mejores resultados. Que no se puede ser tan pasivo cuando estás intentando ganar dinero; que los best-sellers prácticamente siempre no nacen: se hacen.

Y vaya mazacote que me ha salido, joder.

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