Nextwave, de Warren Ellis y Stuart Immonen.

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Warren Ellis siempre ha sido un guionista que me ha interesado bastante. Su mejor obra desde mi punto de vista siempre será Transmetropolitan, pero tiene otras muy interesantes, como Planetary -qué ganas de leer su final, después de mil años-, The Authority —de donde beben absolutamente todos los guionistas que ahora van de guays y de renovadores del género— o la infravalorada Global Frequency. Incluso cuando se pone gamberro e intrascendente me gusta mucho más que los expertos en ser gamberros e instrancendentes, tanto que ya no saben ser de otra manera, Frank Miller, Garth Ennis o Mark Millar.

En este grupo de obras gamberras y al fin y al cabo secundarias puede incluirse este Nextwave, que he releído recientemente. Acompañado de Stuart Immonen en el dibujo, que le ríe la gracia y ensaya un estilo muy diferente de sus anteriores trabajos, más dinámico y suelto, Ellis perpetra una serie limitada —aunque creo que en un principio iba a ser abierta— en la que, básicamente, hace lo que le da la gana. Junta a un puñado de personajes, alguno “conocido”, y lo pongo con comillas porque ni Bum Bum, ni el Hombre Máquina, ni Fotón se parecen excesivamente a los de toda la vida más allá del nombre, y crea un grupo de superhéroes al servicio de una organización secreta que busca eliminar ciertas amenazas sueltas en suelo americano. A partirde ahí, el desmadre más absoluto. El argumento de toda la serie se reduce a que Nextwave se vuelve contra sus jefes al descubrir que tienen intenciones poco claras: la excusa perfecta para que el guionista meta en el cóctel infinitas situaciones salidas de madre y sin ningún tipo de sentido: una nave de última tecnología que se maneja con un timón de barco, koalas asesinos, robots de aire japonés, flashbacks apócrifos, Fin Fang Foom vencido al provocarle ardor de estómago, los Celestiales diciéndole al Hombre Máquina que es un capullo… Cualquier cosa, ya digo, un completo dislate que, sin embargo, funciona y cumple su cometido: ser una diversión intrascendente que se olvide a los cinco minutos, a excepción de alguna frase memorable, de ésas que Ellis, gran dialoguista, pare sin esfuerzo.

La cosa quedó tan bruta que Marvel se apresuró a decir que la serie estaba fuera de continuidad, e incluso poco tiempo después Dan Slott dejó caer en su Hulka que los protagonistas de Nextwave eran dobles de otra dimensión. Y desde luego, no es una serie de superhéroes que vaya a gustar a los amantes de los clásicos. Es una gamberrada cafre, que se burla de forma no demasiado cruel de los convencionalismos de los superhéroes en la que Ellis va forzando la credibilidad del lector cada vez más hasta que directamente se caga en ella en el desenlace, con el Dinosaurio Diábolico en batín. Y el caso es que lo sabemos, pero nos reímos igual.

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