UCM Cómic: Balance final.

Pues ya está: ya se han acabado las primeras jornadas de cómic de la universidad Complutense, esa “santa” casa en la que uno pasó cinco años hace ya un tiempecito, echando las tardes. Toca hacer balance de cinco días agotadores tras los cuales han acabado saliéndome los tebeos por las orejas, aunque, sí, ha sido un placer personal ver al cómic en la universidad, a gente hablando de él sin complejos, o casi, observar cómo se explicaban obras maestras en pantalla gigante. El mero hecho de que se hayan podido organizar ya es una excelente noticia, porque es de justicia y de sentido común que el cómic se estudie como lo que es: un arte, un medio de comunicación de masas que refleja su tiempo y la sociedad que los consume. Ahora bien, todo esto no evita que si de hacer balance se trata, no todo sean parabienes. Todo es mejorable y los organizadores del evento, que se han pegado un curro impresionante esta semana y supongo que antes, serán los primeros en reconocerlo.

Quizá lo que me ha parecido más problemático es el contraste, en algún caso muy elevado, entre el nivel de profundidad de las ponencias. Hay que ser conscientes de que el público asistente era muy heterogéneo, y que, era evidente, la gran mayoría no podían considerarse aficionados puros y duros. Esto de la normalización hace relativamente fácil que un universitario tipo haya leído dos o tres tebeos en su vida, pero más allá de eso, imagino que mi nivel era alto. Con esto quiero decir que yo no esperaba ponencias que se centraran en algún aspecto concreto de la historieta en cualquiera de sus niveles, y menos teniendo en cuenta que de lo que se trataba era de dar una visión general lo más divulgativa posible de un medio que tiene ya unos ciento veinte años si empezamos a contar desde The Yellow Kid. El problema es que precisamente poniéndome en la piel de alguien que no tenga demasiada idea, he encontrado que muchas ponencias han sido algo completamente inútil para él. Mis críticas van más por ahí que por el hecho de que a mí no me hayan sido excesivamente útiles, porque esto ya lo sabía de antemano.

La excepción fue también el mejor ponente: el señor Toni Guiral. Fue ameno, didáctico y divulgativo. Fue un magnífico orador que, como dije, creo que ha ganado más de uno y más de dos lectores con su primera charla, que fue un repaso a la historia del medio magistral, con los nombres justos e imprescindibles, sin saturar, explicándose, parando donde había que pararse, y sobre todo, transmitiéndonos una pasión por el medio que emocionaba. Su charla sobre Bruguera, que sí me aportó bastantes datos, por cierto, fue por el mismo camino: un repaso a autores, revistas y personajes que resultó tremendamente interesante y que le quitaba el polvo a una parte de la historia de nuestro cómic.

El problema es que muchas otras charlas han sido todo lo contrario. Yo entiendo que es difícil, muy difícil, resumir cien años de historia en dos horas, y que no todo el mundo tiene la experiencia y la capacidad de Guiral. Pero, concretamente, la charla de Pepe Gálvez fue excesiva. Intentar abarcarlo todo lo que único que genera es un discurso sin profundidad analítica, que queda reducido a una carrera contrarreloj para llegar al final de una ristra de imágenes y nombres que no aporta nada al neófito. A mí me costaba seguir a Gálvez, así que me imagino que mucha gente desconectó muy pronto. Y es una pena, porque en realidad era interesante, y de hecho me traje un puñado de nombres apuntados de autores que no conocía ni de oídas, pero podría haber sido infinitamente más útil para todos si se hubiera centrado en un período que él juzgara de especial interés, por ejemplo la fundación de Humanoides Asociados¸ o de Pilote, y reducir lo demás a un esbozo rápido.

Precisamente esto fue lo que hizo, con buen criterio, Marc Bernabé, desde mi punto de vista otro de los mejores conferenciantes de las jornadas. Ayuda el hecho de que habló de algo completamente desconocido para mí, claro, pero creo también que su manera de aproximarse a la historia del manga fue muy certera. Porque no se trata de meter a todos los autores de carrerilla: esto no sirve de nada si la persona que te está escuchando no te atiende, y aunque lo hiciera, es sencillamente imposible retener tantísimos nombres en la cabeza. Bernabé hizo un repaso rápido por los inicios del manga y dedicó unos minutos al final para echar un vistazo al presente, pero se centró en el periodo clave para el manga y en diez, quince autores que fueron protagonistas del mismo. Perfecto.

Pepo Pérez hizo una introducción al lenguaje del cómic un tanto apresurada, porque quizás quiso meter demasiado, pero que creo que cumplió su cometido de mostrar al lego en la materia que hacer un cómic es algo muy complejo y que hay más, mucho más, que unos dibujitos mejor o peor hechos. Algunos de los ejemplos que puso fueron muy básicos, otros fueron menos obvios, y sobre todo incidió en los nuevos estilos del cómic actual. Creo, de nuevo, que su charla fue excesiva para el que no tenía ni idea, pero también es verdad que en su caso no se trataba de que el oyente se quedara con mil nombres, sino con unos conceptos básicos.

Santiago García también estuvo bien. Con un contenido mucho más medido y ajustado al tiempo del que disponía, se acercó a los orígenes y a la historia del tipo de tebeo adulto que más interesa hoy en día, y además lo hizo con rigor y con cierta profundidad, ofreciendo tesis propias y pasando de la mera descripción, cosa que se agradece. Las obras que recorrió fueron pocas comparado con otros ponentes, pero muy, muy escogidas. Son cómics que él sabe que pueden llegar a interesar mucho más al universitario medio que otros, y por tanto hay bastantes más posibilidades de que alguno se empiece a comprar estos tebeos a raíz de la charla.

La ponencia de Absence sobre la censura en el cómic, especialmente el americano, de lo mejorcito también. Entretenida a la par que densa, y disfrutable a varios niveles, dado que el tema es muy, muy jugoso. La de Díaz Canales me dejó un poco frío, quizás porque su tema, la escritura de un guión, lo personalizó demasiado en su propia labor, y, hasta él mismo lo reconoció, hay guionistas mucho mejores. En todo caso le puso voluntad y un tono ligero a su charla que fue de agradecer. La charla de Noel Ceballos sobre adaptaciones de cómic de superhéroes al cine, flojilla. Buen repaso, ligero, quizás porque en realidad no había mucho que contar. Más allá de eso, demasiadas obviedades —las de hace cincuenta años eran más cutres que las de ahora; coño, ya lo veo, no hace falta que nadie me lo diga— y una sobrevaloración que no comparto de las adaptaciones actuales.

De las dos mesas redondas me quedo con la del miércoles, de autores. Dinámica, como debe serlo una mesa redonda, una conversación distendida en la que los participantes hablaron claro y describieron de forma muy realista cómo está el mercado español, transmitiendo ilusión y ganas a la vez que ponían las cosas muy claras respecto a las posibilidades de vivir de la profesión. Sobraron algunos comentarios de Miguel Ángel Martín y de Hernán Migoya, que me temo que se toma excesivamente en serio su papel de enfant terrible del cómic español, y eso que estuvo comedido comparando con según qué declaraciones suyas. La otra, la del viernes, la de divulgadores, me supo a muy, muy poco. Una pena, porque viendo los nombres la cosa podría haber dado más de sí. Pero las presentaciones por parte de los propios participantes fueron excesivamente largas, hasta el punto de comerse por lo menos un tercio del tiempo, y después el moderador no supo hacer que el debate fuera tal y por momentos parecía una sucesión de contestaciones a sus preguntas sin que se estuviera conversando realmente. Además, pasó lo que no debe pasar en una mesa redonda: un participante acaparó un tiempo excesivo y de los otros tres, dos intervinieron muy poco.

Lo peor de las jornadas se quedó para el viernes. La mesa redonda desangelada ya mencionada y tras ella una charla de un profesor de la facultad, Paco Reyes, acerca de cómic Marvel, que fue, lamentablemente, la más floja de todas las jornadas. No es ya que no fuera experto o estudioso del tema, es que no pasa de ser un viejo lector que tirando de nostalgia y guiado por su (mala) memoria hizo un recorrido incoherente y falto de toda perspectiva historica por la historia de la editorial… parando justo cuando él dejó de comprarlos. No es muy serio que digamos. Demasiado tiempo dedicado a la Marvel que aún no era Marvel —a la época anterior a 1963, me refiero— y muy poco a lo más interesante de la editorial. Eligió además hacer su repaso atendiendo a personajes y no a editoriales, en lo que a su publicación en España se refiere, y por tanto dio muchos saltos atrás y adelante en el tiempo, sin centrarse en nada y sin dejar que se viera cuál era su discurso. No tenía ninguno, me temo. No había argumentos, sólo una mera descripción de personajes, “éste es tal, éste es pascual, éste vuela, éste es muy malo…”. Acumuló un par de decenas de errores de bulto que hicieron patente que más allá de la búsqueda de imágenes y alguna fecha, no había documentación real. No puedes, por ejemplo, asombrarte de algo tan sencillo como que Forum cambiara la cabecera del título de Spiderman en sus primeros tiempos, y preguntarte por el motivo, cuando es algo tan tonto como que en esa colección se publicaba material de todas las series americanas. Esto es algo documentado y al alcance de cualquiera en varios índices disponibles en internet, y si se ha de dar una charla sobre la publicación de Marvel en España y se quiere mencionar esto, me parece que lo serio y lo honrado es buscarlo. Alguna vez Reyes comentó que le parecía increíble estar hablando de superhéroes en el salón de actos de la facultad, y tal vez ése fue el mayor problema: como muchos lectores de su quinta, arrastran cierto complejo y en el fondo no ven mucho más allá en esos cómics que las hostias y los trajes de colores. Una pena, porque Marvel como casi todo en esta vida ofrece mucho juego, y Reyes no estaba capacitado para plantear las preguntas adecuadas: ¿qué supuso la aparición de Marvel? ¿Por qué era diferente a lo anterior? ¿A quién iban dirigidos sus tebeos, qué impacto tuvieron, qué valores reflejan? Un mínimo análisis que no puede hacer cualquier lector, y menos si hace siglos que no coge un tebeo. Eso sí, no le niego a Reyes su buena voluntad y el curro para buscar imágenes, pero no estuvo a la altura. Y da rabia porque tanto Pepo Pérez como Santiago García podrían haber dado una charla mucho más profunda, analizando aspectos socioculturales y editoriales y no sólo poderes y nombres, que además sirviera para que los asistentes se dieran cuenta de que, como documento histórico, como objeto de análisis, los superhéroes son tan válidos como la “novela gráfica” más seria.

El evento final, la… no sé como llamarla… la “aparición” de Nacho Vigalondo, me dejó perplejo. Tanto que aún no sé cómo valorarla. Tenía mis prejuicios: no veía qué pintaba un director de cine en unas jornadas universitarias sobre cómic, ni qué podía aportar como aficionado de a pie. Lo que sucedió fue que Vigalondo muy inteligentemente lo primero que dijo cuando empezó a hablar fue precisamente que no sabía qué pintaba ahí, ni qué hacía al lado de tanto experto, y que su visión iba a ser la de simple fan flipado. A partir de ahí, me puede parecer mejor o peor que se le haya invitado, pero nada que objetar a su papel. Habló de Mark Millar con pasión, con demasiada, en realidad, cometió errores varios, comprensibles, e hizo gala de la endogamia habitual del aficionado al subgénero de superhéroes que lo llevó, como tan frecuentemente ocurre, a sobrevalorar los méritos de Millar y atribuirle hallazgos que no son suyos, o no sólo suyos. La mayoría de elementos que se encuentran en el guionista escocés ya estaban ahí. Su mérito fue, probablemente, aglutinarlos de una manera novedosa en sus dos o tres mejores obras, antes de empezar a reírse del personal con paridas como Civil War u Old Man Logan, a las que Vigalondo, que divagó en exceso y se perdió en anécdotas y coñas repetititvas, no llegó a acercarse porque se le acabó el tiempo. Entiendo que la organización necesitaba un “gancho”, un nombre conocido que llamara la atención de la gente, y precisamente Vigalondo es bastante reverenciado entre estudiantes de Periodismo o Audiovisuales. Respeto eso, como respeto el criterio por el cual decidieron acabar las jornadas con un acto más festivo y desenfadado, o el hecho de que el salón de actos estuviera más lleno que nunca. Es normal. Pero… me quedó cierta sensación agridulce. Entre Vigalondo y la charla anterior, la de Reyes, no sé si dio la impresión de que, primero, el cómic de superhéroes es para friquis y no merece consideración seria ni ponentes serios, y segundo, si no se desmontaría un poco todo lo que había intentando construir esta semana: la idea, la conciencia, de que el cómic es un medio en el que cabe de todo, que se puede estudiar, que se puede analizar y que no tiene por qué ser cosa de pajilleros vírgenes con sobrepeso. De alguna forma, Vigalondo era un poco lo contrario: identificó totalmente “cómic” con “cómic de superhéroes”, mola que se intente parecer al cine, mola que se le ponga la cara de Samuel L. Jackson a Nick Fury, mola mazo el trailer de Kick-Ass… Fue la visión de un fanboy típico —aunque al menos lo era de verdad y no por pose: el tío llegó a pagar cuatrocientos dólares en una subasta benéfica para merendar con Millar— que tal vez me sobraba un poco como colofón de unas jornadas universitarias.

En todo caso quiero pensar que la visión que se queda es la de Guiral y el resto de personas que demostraron que la historieta se puede y se debe estudiar con rigor y con método, y también, claro que sí, con pasión. Porque lo mejor de estas jornadas ha sido, además del gustazo de ver el cómic en la universidad, escuchar a tantas personas que realmente aman esto de las viñetas, a los que se les nota un algo especial cuando hablan de tebeos. A mí, tengo que decirlo, Guiral de verdad me emocionó. Ya sabía de su labor, inmensa, pero nunca había tenido la suerte de escucharlo en directo, y fue genial. Me hizo no sólo disfrutar con sus charlas, sino también renovar mis ganas de estudiar el medio, de escribir sobre él y de conocerlo cada vez más.

E, insisto, en general me ha resultado de provecho haber asistido y no me arrepiento. Me apena haber tenido que faltar por tema de trabajo a las ponencias de Juanjo Saéz y sobre todo del gran Max, aunque espero poder verlas en la red tarde o temprano. Y, claro, tengo un buen montón de datos y nombres de autores para ordenarlos y poco a poco ir consultando internet y llenando huecos en mi conocimiento del medio, que cada vez, y qué bueno es esto, me doy más cuenta de que está muy lejos de ser completo.

Sólo queda, pese a todos los peros, dar las gracias a la organización porque esto, de verdad, tiene mucho valor en una universidad tan tradicional como la Complutense. Ahora, a por otras UCM Comic, a subir el listón, a concretar cada vez más el nivel de análisis, a por unas, por qué no, en la facultad de Geografía e Historia, donde se empiece, por fin, a convencer a todos los académicos de que el cómic es imprescindible para entender la sociedad de masas. Que esto sirva para algo más que conseguir 3’5 créditos de libre configuración y pasarlo bien una semana. Que se hagan tesis y trabajos sobre cómic, que se divulge, que se conozca, que se recupere todo ese material olvidado de nuestro país y de otros. Y sobre todo, que se lean muchos, muchos tebeos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s