Lecciones de tebeo V: la viñeta de humor gráfico.

En la última entrega de Lecciones de tebeo, al hilo de la transición entre viñetas, sacaba a colación la definición que Scott McCloud daba para la historieta y mencionaba la principal objección que se le ha hecho: que “expulsa” del medio a la viñeta única, principalmente a la que aparece en prensa escrita con asiduidad. En esto precisamente quiero centrarme hoy: ¿la viñeta de humor gráfico es cómic? Tal pregunta, desde el punto de vista del aficionado, no deja de ser algo de escasa importancia, dado que no impide disfrutar de ambos. Ahora bien, desde el punto de vista teórico, la respuesta que se dé a dicha pregunta determinará, como va a verse, la definición de cómic que se maneje, y por tanto no es del todo un debate estéril.

La definición de McCloud que aparece en Entender el cómic (Astiberri, 2005) es la siguiente: “Ilustraciones yuxtapuestas y otras imágenes en secuencia deliberada, con el próposito de transmitir una información y obtener una respuesta estética del lector”. Hace por tanto especial énfasis en dos aspectos que son los que la hacen medianamente original: por un lado, la interactividad con el receptor, y por otro, el que aquí nos interesa, la narratividad. “Secuencia deliberada”, dice McCloud. Además, nótese que utiliza el plural: “ilustraciones”. En una definición tan medida y con tal afán universalista no cabe pensar que McCloud no evite con total intención otra redacción, que podría haber sido, por ejemplo, “ilustración o ilustraciones yuxtapuestas”. Al contrario, hemos de pensar que lo omite deliberadamente, y, por consiguiente, para él son precisas un mínimo de dos ilustraciones para que haya narración y por tanto podamos hablar de cómic.

Pero cuidado: McCloud no habla de viñetas. Ni dice expresamente que una viñeta aparecida en un periódico no sea cómic; es una interpretación, suficientemente fundada pero interpretación al fin y al cabo, que hemos hecho a partir de su definición. Es cierto que su representación gráfica de ésta, su ejemplo de cómic mínimo, está formado por dos viñetas y no una:

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Pero en su repaso a los orígenes del medio, menciona, por ejemplo, la columna de Trajano o el Tapiz de Bayeux, ambas obras que usan la imagen con fines narrativos, pero sin viñetas, lógicamente. Si vamos un poco más allá, nos daremos cuenta de que él mismo, en su capítulo dedicado al tiempo en la historieta, dibuja una viñeta de ejemplo en la que hay una obvia narración y por tanto un tiempo transcurrido.

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¿Qué está sucediendo, entonces? Vamos por partes.

Primero: ¿qué es una viñeta? La mayor parte de los teóricos que se mueven en términos semióticos vienen a dar una definición básica, “unidad mínima de significado del lenguaje de la historieta”. Así lo hace, por ejemplo, Román Gubern en El lenguaje de los cómics (Península, 1972): “[viñeta es] la representación pictográfica del mínimo espacio o/y tiempo significativo, que constituye la unidad de montaje de un cómic”. La Real Academia de la Lengua la define como “cada uno de los recuadros de una serie en la que con dibujos y texto se compone una historieta”. Salvo por la objección de que el texto no es imprescindible, hasta aquí de acuerdo. Pero también ofrece otra acepción: “Dibujo o escena impresa en un libro, periódico, etc., que suele tener carácter humorístico, y que a veces va acompañado de un texto o comentario”. De momento, para la RAE, una cosa es la viñeta de un tebeo y otra la viñeta única. No es que nos valga de mucho viendo las definiciones que da de tebeo y cómic, pero esta doble acepción de “viñeta” nos está mostrando dónde está el debate: ¿Una viñeta de lo que se ha dado en llamar humor gráfico es o no es cómic? Si nos atenemos a la definición de McCloud y a la de Gubern, en principio no. Pero sólo en principio.

Una vez tenemos más o menos clara la definición de viñeta, veamos el siguiente ejemplo extraído de Barrio 2, de Carlos Giménez (Glénat, 2005):

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¿Qué sucede en esta página? No hay viñetas. Pero vemos a los personajes en diferentes momentos sucesivos: obviamente hay narración y por tanto nadie diría que esto no es un tebeo. No es el único ejemplo; técnicas similares pueden encontrarse en la obra de Will Eisner e incluso en Príncipe Valiente, de Hal Foster (Planeta, 2006):

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Podría argumentarse que estas páginas son parte de un todo en el que sí hay viñetas, pero estoy seguro de que si se presentara una historia corta de una sola página montada como cualquiera de las dos imágenes anteriores, el cien por cien de los preguntados convendrían en llamarla cómic. ¿Por qué? Porque hay narración. Así pues, lo primero que esto supone es que se precisa una revisión del concepto de viñeta. O establecemos que el cuadro de líneas, rectas o no, es sólo la forma más común de viñeta o su expresión visual más extendida, o empezamos a llamar a la unidad mínima de significado de otra forma. Yo soy partidario de la primera opción, aunque sólo sea por no complicar el asunto aún más. Existe una viñeta “física” que se percibe con la vista y que puede identificarse sin problema en un tebeo, y que yo llamaré viñeta gráfica, pero tras ella existe una viñeta “conceptual”, que no siempre tiene por qué verse y que encierra una acción, una imagen o cualquier otro elemento que sí podamos llamar unidad mínima de significado, y que denominaré viñeta real. La cuestión es que el convencionialismo en el montaje que universalmente está aceptado en la historieta ha hecho que identifiquemos la viñeta real con la gráfica siempre, y es aquí donde tenemos que revisar los límites de las definiciones que manejamos. Porque si se puede, en el primer ejemplo, hacer lo siguiente…

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… dibujando viñetas gráficas que equivalen a cada una de las reales, del mismo modo se podría elegir una viñeta gráfica cualquiera, por ejemplo ésta de JLA/Vengadores de Kurt Busiek y George Pérez (Cómics Forum, 2004) y hacer lo mismo:

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Podría alegarse que esto es arbitrario; Pérez ha querido dibujar una viñeta. Y ahí está la clave: dibujar. Atendiendo a la forma sólo hay una viñeta; atendiendo al significado y a la información contenida, hay siete viñetas reales, que además están relacionadas entre sí por transiciones de tipo cinco, aspecto-a-aspecto, en la clasificación de McCloud. Cada una de esas viñetas reales pueden presentarse por separado a un lector, y éste entenderá la información que contienen sin necesidad de ver el resto de viñetas reales, de la misma forma en la que en una oración compleja puede extraerse información parcial de cada una de sus proposiciones, sin que eso entre en contradicción con el hecho de que la oración completa ofrece una información que no es sólo la suma de las partes.

Con todo esto, por tanto, considero suficientemente explicada mi tesis del principio, algo fundamental para seguir avanzando en mi razonamiento: la viñeta, entendida como el cuadro que encierra una acción o acciones concretas —viñeta gráfica—, NO es la unidad mínima de significado del cómic. Sólo lo es cuando dicha viñeta gráfica coincide con la viñeta real —que sí es en todos los casos una unidad mínima de significado—, como sucede en ésta, extraída de la misma obra de Busiek y Pérez:

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En esta viñeta página o splash-page sólo tenemos una acción y la información que se transmite forma un todo indivisible, y por tanto se puede aceptar que, efectivamente, estamos ante una unidad mínima de significado.

Volvamos a McCloud: él hace básicamente lo que yo acabo de hacer con su viñeta “narrativa” que exponía al inicio de este artículo, y, en sus propias palabras, añade “unas cuantas ‘calles’ para aclarar la secuencia”:

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Por tanto, no es del todo cierto que para McCloud una sola viñeta no sea cómic; al menos ésta para él sí lo es, antes y después de añadirle las calles. Lo que sucede es que él no profundiza en el concepto de viñeta ni lo asocia de forma suficientemente clara con su definición y sus “ilustraciones yuxtapuestas”, y aquí creo que comete un error. El concepto “ilustración” sugiere un todo indivisible y unitario, por lo tanto, antes de añadirle las calles, tanto a su ejemplo como al que yo he utilizado de JLA/Vengadores, si se pregunta a cualquier lector que cuántas ilustraciones ve ahí, con toda probabilidad la respuesta será que una. Y si sólo hay una, no puede haber yuxtaposición ni por tanto historieta. Ahora bien, si la pregunta es ¿cuántas acciones, cuántas imágenes, cuántas unidades mínimas de significado —viñetas reales— hay aquí? La respuesta será muy diferente. La mera división de una ilustración como éstas en sus unidades mínimas de significado mediante calles no debe marcar la diferencia entre lo que es cómic y lo que no lo es, porque no está operando ningún tipo de alquimia extraña que transforme un medio —la ilustración— en otro —la historieta—. Si las páginas de Giménez y Foster que utilizaba como ejemplos son cómic, entonces la viñeta de McCloud también lo es, y lo es previamente a su “cortado”; la única diferencia es el tipo de transición visual que se establece entre sus viñetas reales, que siempre han estado ahí. Si se traslada -si es que no lo ha estado siempre- la definición de cómic y narración a lo conceptual no cabe utilizar un recurso visual como es la calle como elemento diferenciador y excluyente de lo que es cómic o no. Y procede menos aún al comprobar que, de hecho, ésta ha sido desde siempre un elemento del montaje con el que jugar y experimentar. Es fácil encontrar secuencias en las que las calles forman una plantilla que se superpone a una única imagen que ve su continuidad alterada, pero no rota. Valgan de ejemplo estas viñetas de George Sprott 1894-1975 de Seth (Mondadori, 2009).

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Si Seth hubiera optado por eliminar las calles y fundir todos los cartuchos de texto en uno, tendríamos, formalmente, una única viñeta, y por tanto la percepción de la misma por parte del lector variaría radicalmente. Pero, de nuevo, como creo que ha quedado sobradamente demostrado, conceptualmente no hay diferencia alguna. Es historieta en ambos casos, con o sin calles.

Centrémonos al fin en las viñetas de prensa. Históricamente, es cierto que ha habido siempre una barrera entre el cómic y “el humor gráfico”, por cuestiones de prestigio, principalmente. En España nadie habría dicho nunca que El Perich, Chumi Chúmez o Forges hacen tebeo; son humoristas gráficos, calificativo de mayor seriedad por estar además vinculado no sólo a la prensa escrita sino también a la crónica política y social de la actualidad. Lo mismo puede decirse de los más reputados viñetistas de la prensa americana, siempre separados de la sección de “tiras de prensa”, que son otra cosa. Sin embargo, en los últimos años han ido apareciendo en la prensa española autores de “humor gráfico” que provienen del cómic y compaginan su trabajo en este medio con el trabajo en prensa, sin contradicción alguna y por tanto sin prejuicios ni dilemas terminológicos. Es el caso de Bernardo Vergara, Mel, Mauro Entrialgo o Manel Fontdevila. Pero, independientemente de concepciones previas por parte del público o incluso de los autores, lo que aquí analizo es si hay o no motivos para incluir o excluir estas viñetas de humor del medio de la historieta.

Lo primero de lo que hemos de ser conscientes es que, sean o no una misma cosa, cómic y humor gráfico comparten toda una serie de herramientas en común, y todo su lenguaje, de hecho. En ambas se encuentran bocadillos, onomatopeyas, y llegado el caso, recursos visuales tales como líneas cinéticas, exageración de rasgos con fines caricaturescos y otros. Pero eso no es suficiente. Particularmente, doy por bueno el criterio de la narratividad para definir el cómic, y por lo tanto, a esto se tiene que ceñir el análisis de una viñeta de prensa, pero no desde las posiciones tradicionales desde las que se aborda éste, sino desde las planteadas aquí mismo.

Si se empiezan a examinar algunos ejemplos prácticos, nos encontramos con varios tipos de viñetas. En alguno, no habrá duda. En ésta aparecida en el Houston Chronicle, obra de Nick Anderson -y hallada en el blog El Viñetódromo-…

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… no hay debate posible, dado que en realidad lo que tenemos son cuatro viñetas. Es cómic, por tanto.

Ahora bien, examinemos otra viñeta, esta vez de Fontdevila, aparecida en Público:

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No hay viñetas físicas, pero está claro que esto no se diferencia demasiado del ejemplo de Giménez. Hay varias acciones, y por tanto varias unidades mínimas de significado: varias viñetas reales.

Pero ¿qué sucede en la siguiente viñeta?

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Una sola escena: ya empieza a ser más complicado. Aquellos que consideren que el humor gráfico no es cómic probablemente no tengan duda, dado que sólo hay una escena y por tanto no hay yuxtaposición… ¿o sí? ¿Qué pasa si hago lo siguiente?:

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De golpe, tenemos dos viñetas, narración, y por tanto historieta. Bien: pues si existe ahora, también existía antes. He aplicado, simplemente, la misma solución que aplicaba McCloud en su viñeta ejemplar, para hacer visible la yuxtaposición que ya existía en la imagen. Un personaje habla y el otro le contesta: eso es narración. Transcurre un tiempo en la viñeta desde que se inicia la acción con la frase de Rajoy hasta que se cierra con la de Zapatero. Hay dos viñetas reales, y por tanto estamos ante cómic, sin ningún género de dudas. Y, por extensión, cualquier viñeta de humor gráfico donde aparezca un diálogo también lo es, porque existe narración.

La dificultad de clasificación radica, sin embargo, en otro tipo de viñetas, donde no es tan fácil establecer si hay narratividad o en cambio estamos ante una escena estática. Por ejemplo, en la siguiente de Fontdevila…

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… ¿es o no cómic? En principio, si se ha establecido que una viñeta que contenga diálogo siempre lo es, puede parecer un tanto arbitrario negarle la misma condición a una con un monólogo. Y sin embargo, si comparamos ésta con la anterior, es inevitable ver diferencias. Es evidente que en ambas transcurre el tiempo, pero en la última no resulta tan sencillo dividir las viñetas reales en viñetas visuales mediante una calle. Por supuesto, que sea difícil o incluso imposible hacerlo no significa que no existan, pero en ello estará la clave para saber si hay narración. Desde cierta posición puede entenderse que siempre que hay texto hay narración de un tipo u otro, pero desde otra, puede entenderse ese texto como integrado dentro de una escena única, cuyos elementos son indivisibles.

Yendo más allá, se encuentran toda una serie de viñetas sobre las que yo no albergo dudas: no son historieta. El motivo es, de nuevo, que no hay narratividad alguna en ellas. Porque si esta viñeta de El Roto aparecida en El País es historieta…

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… entonces esto…

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… y esto…

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…también lo serán.

En contra de este argumento puede alegarse un argumento que muchos teóricos incluyen en su propia definición: la cuestión de la reproducción del cómic como elemento definidor del mismo. Si se entiende que es indisociable de la definición del medio el hecho de que esté pensado para ser reproducido masivamente a través de procedimientos mecánicos, entonces puede argumentarse que la viñeta de El Roto es cómic y el cuadro de Goya no lo es. Más aún, esto podría servir para desestimar como historieta otras obras artísticas que, siguiendo los parámetros que yo he dado aquí, podrían ser catalogadas como tales. Por ejemplo, Las meninas o El jardín de las delicias contienen múltiples unidades mínimas de significado y un tipo de narratividad. Desde mi punto de vista son tan historieta, o protohistorieta si se quiere, como la columna de Trajano y el tapiz de Bayoux.

Concluyendo, tenemos varias opciones a la hora de clasificar las viñetas de humor gráfico como historieta o como otro medio. La primera, que sería desechar todas ellas como cómic, por motivos obvios la rechazo: en una gran mayoría encontramos narración. La segunda opción sería quedarnos en una posición intermedia, y reconocer algunas como historieta —en la práctica la mayoría— pero excluir algunas, aquellas que no cumplan con el requisito indispensable de ser narrativas; es decir, aquellas que estén compuestas por una única viñeta real. La tercera opción consistiría en incluir la totalidad de la producción de humor gráfico dentro de la categoría de historieta y aceptar como excepciones plausibles a la norma aquellas viñetas sin narratividad.

Yo me decanto por la segunda opción, como se puede deducir. Mi definición de historieta no incluye las no narrativas, y no tiene sentido considerarlas excepciones, dado que les falta lo esencial. Se trata de manejar una definición no tan restrictiva como la de McCloud —que, como se ha visto, no lo es tanto como puede parecer en un principio— pero tampoco tan inclusiva como para que prácticamente cualquier ilustración pueda considerarse cómic. Aceptar viñetas como la de El Roto dentro de la historieta supone abrir tanto su definición que puede llegar a dejar de tener sentido, por lo que yo prefiero poner ahí el límite. No encuentro ningún problema en que, como me ha sucedido a mí, haya toda una serie de viñetas que ofrezcan dificultades en su clasificación y requieran de cierto análisis y, quizás, debate: estamos trabajando con un arte, no con una ciencia exacta. Que algún elemento se resista a una clasificación clara y rápida no implica que el sistema no funcione.

Así pues, y para terminar, mi definición de historieta sería partiendo y matizando la ofrecida por McCloud para que incluya cómics de una sola viñeta gráfica: Unidades mínimas de significado de naturaleza gráfica yuxtapuestas en secuencia deliberada, con fines narrativos y/o estéticos.

Lecciones de tebeo I.
Lecciones de tebeo II.
Lecciones de tebeo III.
Lecciones de tebeo IV.

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