Madman, de Mike Allred.

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Tenía ciertas ganas de leer algo de Madman, la creación más famosa de Mike Allred y uno de los cómics más mencionados de la escena independiente de EE UU. Recientemente le he podido echar el guante a los dos primeros tomos editados por Planeta hace poco, y la verdad es que ni fu ni fa.

Por partes: es evidente que Allred es un gran dibujante y un buen narrador gráfico. Su estilo, deudor de Jack Kirby pero más estilizado, de trazo grueso y anatomía perfecta, con un colorido plano y de clara ascendencia pop que le da a su dibujo una marca de fábrica perfectamente reconocible. De la misma forma, supo crear un personaje con mucho potencial, y un entorno adecuado para él, empezando por el plantel de secundarios y acabando por todos sus enemigos, a cual más raro. Pero algo falla.

Quizá Allred no sabe desprenderse debidamente de sus influencias y sus historias no acaban de definirse ni en la parodia ni en el homenaje, ni en la relectura posmoderna. A ratos Madman parece un tebeo de hace cuarenta años donde las cosas pasan porque sí y los deus ex machina se suceden sin rubor. Otras, evidencian que Allred no planificaba demasiado, por ejemplo, y cito de memoria, en un momento en el que un enemigo que afecta a los metales ataca a Madman y éste dice “¡Suerte que el doctor Flem cambió la placa metálica de mi cabeza por una de plástico!”… sin que tal cosa, claro, haya sido vista o mencionada antes.

Además, siempre se tiene la impresión de que todos los conceptos creados por Allred podrían explotarse más y mejor. Las relaciones del protagonista con sus amigos y aliados no están lo suficientemente exploradas, al menos no en todos los casos, y, sobre todo, él mismo está constantemente desaprovechado. Dejemos al margen el hecho de que no recuerda su pasado, que no es precisamente original; más allá de esto, es un personaje a priori muy atractivo. Un héroe que siempre que puede sale por piernas, o intenta evitar las peleas como sea, aunque si se le lleva al límite y se le obliga a combatir es capaz de arrancarle un ojo a su rival y zampárselo sin miramientos. ¿Problema? Pues lo que decía: que Allred no explota esto como podría. Salvo en esa ocasión, no vemos a Madman nunca más perdiendo los estribos, ni tampoco se nota especialmente su autoproclamada cobardía, dado que al final casi todos los conflictos se resuelven igual que en cualquier otra serie convencional del género.

Puede que este juicio, no obstante, sea un tanto injusto, dado que lo que he leído es el arranque de la serie. Es posible que entonces Allred aún estuviera ajustando las tuercas y encontrando el enfoque adecuado, no lo sé. Pero de estos dos tomos sólo destacaría la primera miniserie de presentación del personaje en blanco y negro, que funciona bien como historia cerrada y que juega con la baza de presentar por primera vez a unos personajes atractivos. Después, su incapacidad para hacer algo interesante con ellos y la deriva argumental hacen que, francamente, Madman sea una lectura en ocasiones aburrida. En el final del segundo tomo empieza a verse un cambio de tono y de dirección debidos a los cambios que sufre Madman, aunque me temo que sé por dónde van los tiros y la cosa acabará como un batiburrillo ininteligible de misticismos orientalistas y niujeros varios y la tediosa doctrina mormona que ya afea otra obra del autor, Red Rocket Seven. No he conectado, supongo, con el mundo del autor. No me creo lo quiere hacer. Me parece mucho más logrado, como universo retro e ingenuo, el Zot! de Scott McCloud. A Madman no consigo pillarle la gracia, ni el sentido de la maravilla que intenta ofrecer, ni el delirio pop que no me parece tan delirante como podría haber sido. Ni entendí ni me gustaron las apariciones de otros personajes de autores que se arremolinaron en torno al sello Legend de Dark Horse. Ni creo que el tratamiento de los personajes o los diálogos funcionen en ninguno de los posibles niveles de interpretación que tiene la obra: acercamiento maduro y posmoderno o sentido homenaje retro.

Aún con todo, seguiré leyendo Madman. Porque tal vez el potencial que tiene la serie y sobre todo su personaje principal acaben de explotar si Allred da con la clave, y porque en el peor de los casos, uno siempre puede deleitarse con su dibujo, que por cierto, mejora a ojos vista número a número.

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