El proyecto Marvels, de Ed Brubaker y Steve Epting.

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Si puede definirse con una sola palabra al para mí mejor guionista del momento en esto de los superhéroes, Ed Brubaker, ésta sería “sólido”. Brubaker no da puntada sin hilo. Siempre, incluso en sus tebeos más impersonales y claramente alimenticios, da la sensación de que todo está controlado, de que desde un primer momento tiene un plan general del argumento que quiere desarrollar. Eso, claro, no está al alcance de todos. Hace falta tomarse suficientemente en serio tu trabajo, y si toca hacer superhéroes, si quieres hacerlos —que hoy en día no es como en los sesenta, y hay suficientes opciones como para que ningún autor, si no es demasiado codicioso, se las apañe sin tener que recurrir a las majors—, pues se hacen bien, con profesionalidad. Sin destruir porque sí lo que ha hecho el que venía detrás de ti.

Ni más ni menos es lo que ofrece el guionista en El proyecto Marvels. No será recordada esta miniserie, ni mucho menos, como uno de sus mejores trabajos. No se trata de eso. Es simplemente un cómic bien hecho, de los pocos que aún puede comprarse en grapa, mes a mes y disfrutarlo, con una idea bien definida y una ejecución igual de buena. Partiendo de la excelente Marvels de Kurt Busiek y Alex Ross y añadiendo a su scope un toque de “oscuridad”, de género negro, de guerra sucia, Brubaker nos cuenta la historia de los primeros superhéroes enmascarados. El parecido con Marvels hay que buscarlo más en la voz del narrador —en ambos tebeos es de primera persona— y en el tono general que en la premisa que manejó Busiek en su miniserie de acercarse a los superhéroes desde el punto de vista del hombre corriente, ya que aquí el hilo conductor para el lector será el Ángel Vengador, un héroe olvidado que asiste a la aparición de los pesos pesados de la editorial entonces: el Capitán América, Namor y la Antorcha Humana. A través de su investigación asistiremos a esos primeros tiempos en los que todo era más violento y duro, antes de que lo políticamente correcto inundara todo y sobre todo, antes de que el doctor Wertham pusiera patas arriba el mundo del comic-book. Aquí los héroes matan, y son matados, como vemos que le sucede a alguno de esos luchadores contra el crimen de tercera fila que aparecen fiambres en un callejón, sin que nadie los llore.

Y ya que se pone, de paso Brubaker —nunca me ha gustado eso de “Bru”, que él y yo nunca hemos comido judías juntos, que decía un profesor mío del colegio cuando le tratábamos de tú— enlaza esta historia con su etapa en Capitán América y así, por ejemplo, ya nos cuenta el origen de Bucky actualizado.

Lo más brillante, sin duda, es la manera en la que Brubaker conecta el principio de la historia con su final y, al mismo tiempo, con la Silver Age: a través de Dos Pistolas Kid, héroe del Oeste que, ya anciano, le cede sus revólveres al Ángel y le cuenta todas las maravillas que vio en su estancia en el futuro, donde, acompañado del Capitán América, entrega esos mismos revólveres al nieto del héroe olvidado. Argumentalmente impecable; por cosas como ésta estoy convencido de que Brubaker es cien veces mejor escritor que Bendis o Millar. Además, la labor de Steve Epting es notable: es increíble cómo ha mejorado este artista desde que empezó en la editorial. Puede que su estilo actual, realista y oscuro, no sea mi opción favorita para los superhéroes “canónicos”, pero en series como ésta o Capitán América, creo que encaja a la perfección. Y está casi tan bien compenetrado con Brubaker como Sean Phillips.

No hay mucho más, tampoco, pero es suficiente para pasar un buen rato y recordar una época de la la editorial que todos tenemos un poco olvidada. Quizás pueda achacársele a El proyecto Marvels que en su capítulo final se pierde en demasiados frentes y se olvida del protagonismo —relativo, en cualquier caso— del Ángel Vengador, pero en todo caso, lectura recomendable para los que, como yo, de vez en cuando sienten la necesidad de leer algo nuevo de superhéroes pero están cansados de las líneas principales de una Marvel que ya parece que sólo sabe avanzar a golpe de fuegos artificiales.

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