Inefables, de Lewis Trondheim.

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Hace un par de días encontré en la sección de atrasados de la librería especializada a la que suelo ir este cómic de Lewis Trondheim, que no conocía. Fue editado en 2003, por lo que imagino que, salvo Mis circunstancias y La Mazmorra, fue de los primeros tebeos de Trondheim que aparecieron por aquí.

Y ha sido una agradable sorpresa, la verdad. Historias breves, de una página, sin pretensiones más allá de contar una historia sorprendente con giro final, a la manera, un poco, de lo que hacía Fontanarrosa con sus cuentos hiperbreves. No siempre le sale bien, pero cuando sí, acierta totalmente.

Historias cortísimas, narradas en tercera persona y sin diálogos, con las herramientas narrativas del cuento tradicional, del que saca Trondheim la indefinición espacio temporal en la que ubica sus historias. Cada una de ellas nos sumerge en un mundo diferente, con sus propias reglas, con sus propios personajes. Pueden ser más o menos humanos —representados aquí con esas patatas con brazos y piernas que luego veríamos en algunas historias de Las increíbles aventuras sin Lapinot—, o tan extraños como una mariquita o un copo de nieve, pero siempre tienen un punto de ingenuidad y, a veces, de ese humor casi negro de Trondheim tan reconocible, incluso aquí.

Treinta páginas, treinta historias. Es una propuesta original y divertida, que se mueve en la frontera con el surrealismo, en ocasiones, y que otras parte de lo anécdotico para alcanzar una dimensión “cósmica” muy llamativa, sobre todo con los giros finales de las últimas viñetas, que, ya digo, cuando sale bien, suponen un ejercicio narrativo brillante. Mis páginas favoritas son la primera, la de los hermanas tacañas, la de la madre que le explicaba todo a su hijo con cuentos fantásticos, y por supuesto la última, desconcertante.

Poco más se puede decir. Que es una pena que este tebeo esté olvidado, porque, aunque está claro que Trondheim tiene cosas mucho mejores, a mí Inefables me ha parecido muy interesante. Y divertido, claro.

Y por cierto, también me ha servido esto para corroborar la subida espectacular de los precios que han sufrido los tebeos, por mucho que haya quien lo niegue: Inefables tiene treinta páginas y costaba 3’50€. Si cogemos un cómic de Astiberri de formato similar —un poco más grande el formato, dieciocho páginas más, a color y cubierta con guardas absolutamente prescindibles, pero mismo papel y tapa blanda del mismo material— como es Yo maté a Adolf Hitler de Jason, publicado en 2008, encontramos que el precio es de 12€. Más del triple. Que cada cual saque sus conclusiones.

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