Toy Story 3.

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AVISO: SPOILERS Y GORDOS. SI NO HAS VISTO LA PELÍCULA, HAZTE UN FAVOR Y EN LUGAR DE LEERTE ESTO PÍRATE AL CINE MÁS CERCANO.

Hace unos quince años se estrenó la primera película de animación generada por ordenador: Toy Story. Más allá de esa innovación, lo genial de Toy Story, su mejor hallazgo, fue la idea de contar una historia desde el punto de vista de unos juguetes que, cuando nadie los miraba, cobraban viva. Y ahora, con Toy Story 3, quince años más tarde, se cierra el círculo de manera brillante, llevando esa premisa a su última, lógica y terrible consecuencia.

Toy Story 3 es una película redonda y espectacular, en todos los aspectos. Es impresionante el trabajo que realiza Pixar en un film que, en principio, lo tenía todo para ser poco más que un último intento por exprimir una franquicia rentable. Pero nada más lejos. Toy Story 3 ha sido un sorpresón para mí. Una historia sólida, tan, tan bien contada, que no me da miedo decir que hay en ella más cine que en la gran mayoría de producciones de imagen real que se estrenan cada año. El humor sigue siendo genial, pero está más y mejor medido que en las anteriores entregas. Los juguetes son personajes tan bien definidos, y tienen tanta alma, que es imposible no emocionarse con su historia, o pegar saltos en el asiento con sus aventuras, como si volviéramos, por un momento, a tener diez años.

Porque, para mi generación, es de lo que se trata. Toy Story 3 comienza con una escena sobrecogedora: los juguetes olvidados en un baúl intentando, desesperadamente, atraer la atención de Andy, su dueño, que con dieciocho años ya no está para tirarse en el suelo con ellos. Se enteran entonces de que se marcha a la universidad, lo que significará para ellos ser olvidados en el desván. ¿Comedia? Me temo que no. A mí por lo menos no me lo parece ver a los poquísimos juguetes que quedan en la habitación reunirse, recordar a los que ya no están con ellos, la sombra que cruza la cara del vaquero Buddy al recordar a su novia, la pastorcita, tal vez vendida en algún rastrillo, o, peor, rota y tirada a la basura. Y sin embargo, Buddy, leal tanto a Andy como a sus amigos, es capaz de decir una de las frases más hermosas de toda la película —cito de memoria—: “Somos sus juguetes, tenemos que seguir con él. Un día, con suerte, Andy tendrá hijos. Estaremos ahí cuando nos necesite”. Toda una declaración de intenciones por parte de los artífices de esta historia de aventuras en la que por encima de todo se aborda la tragedia de los juguetes que olvidamos cuando crecemos, la tragedia misma de crecer y dejar atrás la infancia, tratada con tal sensibilidad que impresiona, francamente, que hayan sido capaces de colar en una película comercial y supuestamente infantil semejante reflexión, de las más lúcidas que sobre el tema se han hecho jamás en cualquier medio.

El equilibrio perfecto entre la acción y la reflexión, entre el humor y el drama, convierten Toy Story 3 en una película casi perfecta. Las tramas avanzan con fluidez, sin renunciar a presentarlas con cierta complejidad, y entrelazando perfectamente todos los elementos. Los homenajes y referencias al propio universo de la trilogía son constantes y están tan bien pensandos que no entorpecen la narración: si se reconocen, bien, si no, también. Lo mismo puede decirse para el emocionante y, se intuye, sincero homenaje a los Estudios Ghibli. La evasión de la siniestra guardería gobernada con puño de hierro por el oso abracitos que fue olvidado primero y reemplazado después por su dueña —todo gira, como puede verse, siempre en torno a la misma idea dolorosa— es, además, un ejercicio brillante y perfecto de cine de acción, imaginativo, ingenioso, y excelentemente montado, que deja en evidencia a prácticamente todas las películas de acción que se ha hecho en los últimos tiempos y que remite a clásicos del género como la primera trilogía de Star Wars o Indiana Jones: la misma sensación de peligro y emoción que de niño tuve al ver la escena de Star Wars del triturador de basuras la experimenté ayer en el clímax de esta maravillosa secuencia, a la que sólo puedo ponerle una pega, y es que el momento, genial, por otra parte, en el que los juguetes se preparan para morir dura unos segundos de más que a mí me permitieron volver de golpe, y sin quererlo, a ser un adulto descreído que pudo deducir cómo iba a acabar.

Mención aparte merece el final, completamente desgarrador, pero, al mismo tiempo, feliz, porque se sabe el mejor posible. Si la película había empezado con una soberbia aventura imaginada por Andy que veíamos desde el punto de vista de los juguetes y en su propio mundo, la última escena de Toy Story 3 nos muestra a Andy, que hasta ahora era más una presencia un tanto fugaz, tomando el protagonismo y jugando por última vez con sus muñecos, legándoselos a una niña que a partir de ahora será la encargada de hacerles vivir aventuras. Una de esas secuencias que recuerdan el poder del cine, que además parte el alma cuando Andy se despide de Buddy, su mejor amigo. Andy, que hasta ese último momento había sido un personaje ambiguo, que no terminaba de saberse si quería conservar o no sus juguetes de corazón, vuelve a ser un niño antes de entrar definitivamente en la vida adulta, en la que, ahora lo sabemos, siempre tendrá el recuerdo de sus juguetes, esos Buddy, Buzz, Señor Patata, Rex o Jessie de los que decir que son “humanos” es casi insultarlos.

Para mí, una obra maestra que se ve llorando y riendo, un clásico instantáneo del cine, a secas, no del cine infantil. Porque, como he leído ya en algún sitio, Toy Story 3 es en realidad una película para mayores que pueden disfrutar los niños. Y es cierto. Tenía mis dudas, pero a juzgar por el silencio sepulcral que mantenían en el cine los niños —pocos; fui adrede a las tres de la tarde para evitar la masificación—, estaban completamente entregados. Me gustaría saber, eso sí, qué significa esta película crepuscular para un chaval de la edad de Andy, que viera Toy Story con cuatro o cinco años. Probablemente le hiciera reflexionar, por primera vez en su vida, acerca del inexorable paso del tiempo y todo lo que conlleva.

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One thought on “Toy Story 3.

  1. Coincido contigo la película de Toy Story 3 es una obra maestra, y tienes razón es un filme para mayores que pueden disfrutar los niños. Me encantó tu reseña de la película.

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