At the edge of time, de Blind Guardian.

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Cuatro años han necesitado Blind Guardian para volver al mercado con un nuevo trabajo: At the Edge of Time. Demasiado tiempo y demasiadas expectativas para un disco que queda lejos de cumplirlas. Quizás, lo sé, el problema sea mío. Blind Guardian, junto a Therion, son las únicas bandas que sigo de un género que ya no me interesa en absoluto. Hace mucho tiempo que acabé saturado de heavy metal. Pero a Blind Guardian… no puedo desterrarlos. Primero, porque muchos de sus discos me siguen pareciendo soberbios. Segundo, aunque me joda admitirlo, por la nostalgia. Comprar religiosamente cada nuevo álbum es casi como un tributo a los servicios prestados. Lo mismo que hago con Mike Oldfield, sólo que con Blind Guardian al menos no tengo la sensación de que se estén riendo de mí.

Porque lo que no puede negarse es que se lo curran. Se intuye mucho trabajo e ilusión en cada tema, eso es innegable. Pero ya no me enganchan. ¿Me habré hecho mayor? Pues no lo sé. Bueno, sí lo sé. Lo que en realidad no sé es si es la causa de que este disco me deje tan frío, o de verdad es peor. Creo que sí, la verdad. Que objetivamente está muy lejos de Imaginations from the Other Side o Nightfall in Middle Earth. Que se deshinchan, que pierden fuelle y garra, y eso es algo que no puede consentirse en el heavy metal.

Intentan evolucionar. Es cierto que esta música es bastante más compleja que el heavy estándar. Pero también lo es en que casi no hay recorrido entre éste y el anterior disco, A Twist in the Myth. Esperar cuatro años para encontrar más de lo mismo no es precisamente el subidón, por mucho que uno racionalmente note, ya digo, que es un disco muy trabajado. Hansi Kürsch intenta volver “progresivo” al grupo, con más cambios, con desarrollos innovadores. Pero no sé. No me funciona. Se pasa con las voces, creo. Hay temas en los que se flipa demasiado con todas sus capas de voces y la música está en un segundísimo plano. Y luego todo el conjunto suena antipático. Demasiado alto. No sé si será por eso que llaman “la guerra del volumen”, que tiene pinta de que sí, pero este sonido me satura. Todo suena igual de alto, todos los instrumentos se empastan, es imposible distinguirlos, saber exactamente qué suena en cada momento. Hay momentos decididamente cacofónicos, de ruido. A veces sientes ganas de quitar la música por ese sonido sin matices, sin texturas, que suena a tocho, en el que los graves y los agudos suena a la misma altura, en la que la batería es sepultada, en la que es imposible, directamente, escuchar el bajo. El por qué músicos con tan buen gusto, como siempre han demostrado, se dejan producir así, es un misterio para mí. Pero la diferencia de sonido es obvia, especialmente en temas como Road of No Release o Control the Divine. Parece ser que declaró Kürsch que este disco era para escucharlo cuidadosamente, no como música de fondo: precisamente entonces es cuando no tiene sentido alguno esta producción que enruidece el resultado final e invita a dejar de prestarle esa atención que reclama.

La consecuencia es que ellos solitos se cargan todos los arreglos meticulosos que habían introducido en los temas: los instrumentos atípicos que suenan —violín, flautas, arreglos orquestales— pasan completamente desapercibidos casi siempre. No es el único problema. Es que me he aburrido escuchando el disco. Vale que a estas alturas ya no me impresionen las referencias literarias de Blind Guardian como cuando tenía diecisiete años, pero… dedicarle un tema a The Wheel of Time a estas alturas de la vida, no sé… No me cuadra. Valkyries es más de lo mismo, un tema muy aburrido. War of Thrones, algo mejor, pero poco más.

Me gustan Tanelorn (Into the Void) y Ride into the Obsession, que recuperan, algo, la caña de sus primeros tiempos de doble bombo. Y sobre todo, me gusta Curse My Name, el tema “medieval” que meten por decreto en cada álbum, y que, aunque está muy, muy lejos de esa pequeña joya que fue A Past and Future Secret, tiene su aquél. Y su letra es la única que me dice algo, por poco que sea. Lo demás… Pues lo que decía. Se entiende que ellos a estas alturas de su carrera necesiten desmarcarse un poco de ciertas tendencias y hacer lo que les apetezca. Se entiende también que el problema de la producción, que se carga el sonido completamente, puede no ser enteramente culpa suya. Pero falta alma.

Y no porque sea del todo malo. Es la pena: se intuye mucho trabajo y talento, pero mal enfocados. No hace tanto desde que parieron And Then There Was Silence; podrían hacer una música mejor. Pero, en realidad, da igual. Sé que mientras sigan sacando discos, ahí estaré. Con cierto sabor agridulce, pero estaré. Blind Guardian son como esos viejos amigos con los que las cosas ya no son como en los buenos tiempos, a los que casi sientes ya como extraños, pero con los que te resistes a cortar amarras, precisamente por esos viejos tiempos. Y porque nunca sabe uno cuando se lo pasará bien con ellos, siquiera un ratillo.

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