Global Frequency, de Warren Ellis y otros.

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Al hilo del post que le dediqué hace unos días a Transmetropolitan, reviso hoy otra serie de Warren Ellis: Global Frequency.

Global Frequency fue una serie limitada de doce números en los que el protagonismo recaía en una organización mundial que a través de sus mil y un miembros se enfrentaba a todo tipo de amenazas para la población, especialmente las terroristas. Es una serie en la que, aunque no puede encuadrarse estrictamente en la ciencia ficción, el elemento tecnológico está muy presente. Ellis es un fanático del tema y utiliza lo que sabe para crear tecnologías “plausibles”, sólo un par de pasos por delante de que lo tenemos hoy. Así, encontramos virus informáticos que infectan personas, humanos modificados cibernéticamente, practicantes de algo llamado bioretroalimentación… Cada historia parte de una idea más o menos original y plantea una estructura cerrada, de manera que lo que tenemos cuando acaba la serie es una colección de doce historias autoconclusivas, que suponen, además, una excelente lección de cómo hacer relato corto en cómic. Con tan sólo veinticuatro páginas, donde otros guionistas del mainstream americano nos cuentan cómo un personaje se ata el cordón de la bota, Ellis desarrolla una estructura clásica de presentación, nudo y desenlace —siempre en la última página, en tres viñetas— en veintidós páginas, haciendo gala de una capacidad de síntesis admirable en estos tiempos que corren. La presentación de personajes es impecable: con cuatro rasgos, con un par de diálogos —uno de los puntos fuertes de la serie— conocemos de ellos todo lo que necesitamos y así, uno de los posibles problemas que puede tener una serie sin protagonistas fijos, que no se identifique el lector con ellos, queda subsanado a la perfección. Sólo son constantes dos secundarios: Miranda Zero, la líder de la organización, y Aleph, la encargada de las comunicaciones. Nunca, además, se pierde de vista el contexto histórico: se nota mucho que es una serie post 11-S —fue publicada entre 2002 y 2003.

Pero, además de la perfecta estructura de cada capítulo, yo siempre destaco el ritmo narrativo: vertiginoso. Ellis, inteligentemente, casi siempre se apoya en la existencia de un límite, de una “cuenta atrás” que hace que haya mucha más emoción. Además, el hecho de que los personajes sean episódicos, supone que nunca se sabe si morirán o no al final de las historias, que, haya más o menos acción, se devoran en un suspiro.

Cada una de ellas, además, está dibujada por un artista diferente, bastante bien escogido según el tono de la historia, en general, y de buen nivel, salvo alguna excepción que se debe más a mi gusto personal que a la calidad del dibujante. Por ejemplo, nunca me han gustado Glenn Fabry, autor del número 2, o Steve Dillon, del número tres, pero no puedo negar que son autores de cartel. Por el contrario, el trabajo de Chris Sprouse —número ocho—, Roy A. Martínez —número cuatro—, Gene Ha —número doce— y sobre todo un gran John J. Muth —número cinco— me parece acertadísimo. Hay también una colaboración de David Lloyd, el dibujante de V de Vendetta¸ que sin ser nada destacable sorprende por lo diferente que resulta su estilo comparándolo con la obra en la que colaboró con Alan Moore.

En definitiva, una serie bastante recomendable, uno de los mejores trabajos de Warren Ellis, aunque no tenga con ella la ambición que se nota en Transmetropolitan o Planetary. Cada una de sus historias va de lo entretenido a lo memorable. Mis favoritas, Cielo Grande, la del número cinco dibujada por Muth, donde se nos plantea una atractiva visión de la magia, Aleph, número nueve, donde sabemos algo más de la encargada de las comunicaciones de Global Frequency y se ve obligada por un ataque a su central a tomar el protagonismo, y por último el número doce, Arpón, bellamente dibujado por Ha, en el que todos los efectivos de la organización colaboran para evitar que un arma de destrucción masiva impacte en la Tierra. Destacables son también las portadas de Brian Hood y los colores de David Baron, que se ajusta como un guante al estilo de cada uno de los dibujantes implicados. Una pena que el proyecto no tuviera continuidad con nuevas series limitadas, aunque nunca es tarde, y a buen seguro Ellis no se ha olvidado de Global Frequency, a pesar de que me da la sensación de que el público sí lo haya hecho.

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