Los muertos vivientes, de Robert Kirkman y Tony Moore.

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Al fin me he animado a empezar a leer Los muertos vivientes de Robert Kirkman, la serie americana que ahora mismo merece más el calificativo un poco absurdo de “serie de moda”. La serie de la que todo el mundo habla, la serie que tiene gran parte de la responsabilidad en el revival zombi que amenaza con sepultarnos a todos… si es que no lo ha hecho ya.

La verdad por delante: odio los zombis. Me aburren. No entiendo qué gracia les ve la gente. No creo que puedan contarse muchas historias con ellos, y me pregunto cuántas veces pueden usarse como metáfora social con éxito, uso que defienden sus incondicionales para justificar su valía. No discuto que los zombis puedan ser una metáfora, claro; lo que pongo en duda es que se utilicen así con más frecuencia que la anecdótica. No le veo sentido alguno a la avalancha de novelas de temática zombi calcadas unas de otras —en algún caso, como el de cierto “escritor” gallego, demasiado calcadas—, o a la moda de coger un título clásico y añadirle zombis, algo que pudo tener gracia la primera vez, pero que ya huele a podrido, y nunca mejor dicho.

Ahora bien, dicho esto, me alegro de haber superado mis prejuicios y darle una oportunidad a Los muertos vivientes. Porque la merece. Y porque, además, sus defensores tenían razón: aquí lo de menos es el bicho.

Los muertos vivientes comienza con un policía, Rick, despertando de un coma en un hospital abandonado. Antes de ser disparado en acto de servicio, el mundo era normal. Ahora, América está desvastada por una plaga inexplicable y todo parece desierto. Sólo hay unos cadáveres andantes que se lo quieren zampar sin aliñar ni nada. En un escenario postapocalíptico típico, Kirkman comienza a trazar una historia en la que lo fundamental está no en la amenaza en sí —no se explica su origen, acertadamente, y espero que no lo haga en los siguientes tomos—, sino en los supervivientes y cómo se enfrentan a la nueva situación. Cómo cambian, cómo se adaptan y cómo se relacionan con sus semejantes. Hay cierta profundización en sus psiques, y, a pesar de que tras la lectura del primer tomo uno piensa que no es para tanto, se intuye que en el futuro esto se trabajará más.

Supongo que Kirkman no inventa demasiado en el subgénero. Hay ciertas soluciones ingeniosas a problemas relacionados con los zombis, en la manera en la que los protagonistas se van apañando. El guionista piensa con lógica. No da verdadero miedo, eso sí, pero tampoco lo pretende. Sí cae en algunos clichés argumentales que hacen que ciertos sucesos sean demasiado previsibles, por ejemplo y sobre todo cómo iba a acabar el amigo poli de Rick, prácticamente desde que éste enseña a disparar a su hijo. Son problemas disculpables, porque Kirkman consigue lo que se propone: interesar al lector por los personajes. Que le preocupe su futuro. Que cuando acabas de leer este primer tomo, tengas ganas de leer el siguiente, lo cual no es ni mucho menos fácil.

Sorprende que Kirkman hiciera un trabajo tan malo en Ultimate X-Men teniendo la habilidad que tiene para dialogar y desarrollar personajes, casi tanto como sorprende el dibujante escogido para este primer arco. Tony Moore tiene un estilo moderno, con mucha influencia del dibujo de superhéroes, pero las mismas carencias que los hot artists de éste suelen mostrar. Poca habilidad para las expresiones faciales, para diferenciar unos personajes de otros. Casi todos parecen adolescentes. Su narrativa no es confusa pero tampoco especialmente clara, y comete errores de racord, probablemente fruto de las prisas —cartucheras que desaparecen de una viñeta a otra, por ejemplo— que podrían haberse evitado. No me parece, en suma, dibujante adecuado para esta serie, aunque no tiene demasiada importancia, dado que fue sustituido muy pronto por Charlie Adlard. Un blanco y negro radical le iría también mejor, creo, que los grises de Moore y Bill Crabtree.

Un cómic, en definitiva, interesante. Y muy entretenido, de los que dejan con ganas de más. Leído este primer tomo, no soy capaz de decir si la serie merece todo el revuelo que ha levantado, pero promete que se quedará cerca, al menos. A pesar de los zombis.

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