Y otra vez con la novela gráfica.

Y probablemente la última en mucho tiempo, que el tema ya me empieza a cansar, la verdad. Llevamos años dándole vueltas a los mismos conceptos y el debate, simplemente, se acaba repitiendo cíclicamente. Creo sinceramente que hay gente que no está dispuesta a bajarse de la burra, que no escucha. Que tiene una idea preconcebida —no muy diferente de la que tenía yo hace años— que no está dispuesta a abandonar, que desecha como una paparrucha el libro de Santiago García sin haberlo leído, que califica como pedantes y snobs a todos los que hablan de él sin atender a sus argumentos. Ciertas discusiones en torno a la cuestión en las últimas semanas, y la lectura esta mañana de la entrevista a Eddie Campbell que enlazo un poco más abajo, me han decidido a dedicarle un último texto a la novela gráfica en el que exponer mis conclusiones sobre ella y contestar a ciertas cosas que he ido leyendo, sin personalizar, que está muy feo.

1. El término “novela gráfica” es un mal término. Yo creo que sobre eso no hay demasiada duda. Sus detractores atacan a sus supuestos defensores poniendo de manifiesto sus contradicciones… Pero ni siquiera García, ahora mismo, debido a su libro, el pimpampúm más claro para los aficionados reacios a aceptar el término, lo defiende como tal. Es malo porque crea confusión: no siempre equivale a lo que en literatura llamamos novela, ya que bajo su paraguas uno se encuentra con ensayos —Alicia en Sunderland, Entender el cómic—, libros de viajes —Cuaderno de viaje, de Craig Thompson— o trabajos de periodismo —los de Joe Sacco—. Y es verdad que suena algo acomplejado; puede entenderse que se recurre al término “novela” para elevar al cómic a la categoría de la literatura… donde lleva mucho estando sin necesidad de ello. De acuerdo, pero no creo que Will Eisner sufriera ningún complejo cuando presentó su Contrato con Dios —que son relatos cortos, en realidad— como una “novela gráfica” a editoriales de literatura. Lo que había era visión comercial, pragmatismo puro y duro. Tenía la necesidad de remarcar las diferencias existentes entre su obra y lo que en el mercado americano se entendía por cómic —y las había, de formato, pero también temáticas— para poder colar su producto, que por cierto tenía pinta de libro, en el mercado cultural “normal”. Sí, podría haber intentando convencer de la dignidad del medio que amaba a los editores sin necesidad de desmarcarse de él, pero no le habrían hecho ni puto caso, francamente. Así que nadie dice que sea una buena definición… Decimos que se ha impuesto. Punto.

2. Sorprende bastante que muchos se agarren con casi fanatismo a los términos de “cómic” y “tebeo”, como si el medio se hubiera llamado así toda la vida. Entiendo que cada cual se sienta más cómodo con las palabras que ha usado siempre —yo mismo no uso prácticamente nunca el término de “novela gráfica”—, pero hay que tener un poco más de amplitud de miras. Cuando leo “lo de la novela gráfica es una gilipollez. Se llama cómic o tebeo, y punto”, no puedo evitar recordar que “cómic” es un vocablo bastante joven en castellano, que además se introduce, precisamente, para dar prestigio al medio y diferenciar ciertas obras de lo que hasta entonces se conocía como tebeo, que era para niños: es decir, si éstos que ahora se pegan con su madre para defender la pureza de “cómic” hubieran nacido treinta años antes, dirían exactamente lo mismo que dicen ahora sobre “novela gráfica”, supongo. Por otra parte, si se trata de buscar un término adecuado, tampoco es que cómic lo sea demasiado, por motivos obvios: no todos son cómicos. ¿Tebeo? Es una metonimia poco afortunada. ¿Historieta? Historias pequeñas, sin importancia, despreciables. El medio, mal que les pese a algunos, no tiene un nombre “natural”. No nació con ninguno. Ha tenido muchos, tanto generales, como parciales, referidos solamente a un tipo de obras: el comix, por ejemplo. Y ahora, toca la novela gráfica, qué le vamos a hacer. También detecto cierta hipocresía cuando se ataca o desprecia a los autores actuales que aceptan la etiqueta y sin embargo parece que no pase nada, o que incluso estuvo bien hecho, cuando en su día Will Eisner o Richard Corben usaron el término, o que se acepte que Marvel tuviera una línea de Graphic Novels que, precisamente, tenía por objetivo justo lo que se critica hoy en día: prestigiar el material que contenían, no muy diferente, al menos en muchos casos, del de los comic-books corrientes, con una mera etiqueta.

3. Que haya una doble acepción de “novela gráfica”, formato y movimiento, para entendernos, no la invalida. En los idiomas hay una cosa que se llama polisemia, y en el arte hay muchos ejemplos de cómo la misma palabra puede designar realidades diferentes en distintas épocas. Agarrarse a que “novela gráfica” es en su origen una etiqueta de formato para decir que sólo puede ser eso y nada más, es ser, siendo benévolo, tremendamente irracional. Sería como decir que como en origen “coche” designaba al carromato de tracción animal, nos negamos a llamar así al automóvil. Las palabras cambian de significado, y, como es el caso, pueden adquirir nuevos. Así que sí, cuando en los ochenta Marvel editó sus primeras Graphic Novels, era en esencia un formato. Mayor tamaño, mejor papel, editado además fuera de la colección regular. Esta acepción ha sobrevivido hasta ahora, y por eso nos podemos encontrar la novela gráfica de Crepúsculo en las tiendas, o seis números de X-Men editados en tapa dura y con el término en la cubierta. Pero eso no impide que paralelamente haya surgido, no de la nada, sino de la evolución del medio, una nueva manera de hacer cómic, a la que se ha dado en llamar novela gráfica.

4. Negar que exista esa nueva manera de hacer cómic me parece, a estas alturas, de ser bastante cerrado, la verdad. Se pueden poner todos los matices que se quieran, se puede abrir o cerrar más la categoría, pero a mí me parece evidente que hay, especialmente en el cómic americano pero en realidad en todo el mundo, una serie de autores cuyo trabajo hace veinte años no es que no hubiera sido posible, es que habría pasado completamente desapercibido. La palabra clave aquí es libertad creativa: la que tienen Chris Ware, Seth, Chester Brown, Joe Sacco y tantos otros para realizar la obra que quieren, con la extensión que necesiten, sin límites de formato ni temáticos. Y sí, yo creo que se puede hablar de una corriente —o corrientes— formada por estos autores, corriente que hunde sus raíces en el underground y más atrás. García lo cuenta genial en su libro; conviene dejarse los prejuicios en casa y leerlo. Yo aprendí mucho, de verdad. Y, de nuevo, asegurar que todo esto es “más de lo mismo”, o que siempre se ha experimentado en el cómic, es no querer ver la realidad. Nadie está negando que hayan existido autores que experimentaran, por favor. Si las raíces del medio son pura experimentación. Pero el triunfo del formato comic-book y las historias de género impusieron unas limitaciones graves, al tiempo que las grandes editoriales que las producían monopolizaban el mercado. Básicamente, hasta la emergencia del underground, no era posible hacer tebeos fuera del sistema de las majors, que impusieron, a partir de los sesenta, un modelo absurdo y completamente anómalo basado en los superhéroes exclusivamente. Dicho de otro modo: que sí, que es verdad lo que se dice, que Steranko experimentaba, que Kirby experimentaba, que Miller también. Pero lo hacían dentro de lo que les permitían un editor y un modelo de negocio, por no hablar de un Comic Code que presuponía —acertadamente, porque era verdad— que el medio era para niños siempre. Steranko NO pudo hacer lo que le dio la gana en Nick Fury. Ware en su ACME Novelty Library controla todos los pasos del proceso creativo y toma todas las decisiones al respeto. En Marvel muchas veces los dibujantes no podían ni escoger a sus entintadores y coloristas. Steranko experimentaba con el montaje y la narrativa: si se le hubiera ocurrido contar cómo el padre de Furia le pegaba de pequeño y por eso el director de SHIELD se enganchó a los puros, no le habrían dejado. Y si hubiera querido contar una historia en la que Furia mata a Spiderman, por poner un ejemplo, y lo suplanta, tampoco. Para empezar porque los personajes no eran suyos. A partir de ahí, me parece absurdo el debate de la libertad creativa dentro de una gran industria.

5. Aquí nadie está hablando de calidades. Cuando uno lee ciertas opiniones de detractores de este nuevo cómic, parece que efectivamente quienes lo disfrutamos despreciamos todo lo anterior y proclamamos que la peor novela gráfica es superior al mejor comic-book. Pero jamás he escuchado a nadie decir tal cosa. Nadie puede pensar semejante disparate si conoce un poco la historia del medio. Lo puede decir el neófito, aquel lector ocasional que ahora se interesa porque, precisamente, le atraen estos nuevos tebeos. Pero no el experto. El propio Campbell en la entrevista lo dice con otras palabras. Reconocer que todo este movimiento o movimientos existen NO implica el desprecio a todo lo demás. Ha habido obras maestras en todas las épocas, por supuesto. También en el comic-book de superhéroes. Los autores que se adscriben al nuevo cómic suelen conocer con profundidad el pasado del medio, no sólo las tiras de prensa que reivindican dibujantes como Ware o Seth, sino los propios superhéroes. En Francia, lo mismo puede decirse con Trondheim, Blain o David B., todos amantes de la BD comercial de aventuras y/o humor, como demuestran muchas de sus obras. Nadie quiere quemar todo lo anterior, nadie pretende que hasta la obra más mediocre huele a rosas si se ha hecho con libertad creativa. Repito: no se trata, jamás se ha tratado, de calidad, sino de libertad.

6. No se puede estar en misa y repicando. No se puede pedir dignidad para el cómic y reivindicar su condición de arte y al mismo tiempo despreciar todo lo que se salga de los géneros que hasta ahora han sido mayoritarios. No se puede, dicho de otro modo, querer que todo el mundo, por huevos, reconozca las virtudes de The Ultimates y gracias a eso nos diga que sí, que teníamos razón, que el cómic es arte con mayúsculas. Por razones demasiado complejas para analizarlas aquí y ahora, el tebeo ha tenido un desarrollo completamente anómalo como medio. Especialmente el americano, ha vivido dominado por un solo género y por unas convenciones editoriales que el aficionado hardcore ha aceptado como inevitables y como el estado “natural” de las cosas. Y el “de fuera”, como el “de dentro”, ha terminado por identificar género con medio. Ahí está la perversión. Imaginemos la misma situación en literatura; imaginemos que la única literatura fuera la fantástica y la de ciencia-ficción, que todo estuviera dominado por franquicias cuyos personajes no pertenecen a sus autores. Ese sinsentido es el que venimos viviendo desde los años sesenta en el mercado americano de comic-books. Esto se viene corrigiendo desde los últimos, pongamos, treinta años. Si el cómic está ahora abandonando el gueto no ha sido por aferrarse a los superhéroes, sino por ampliar estilos y temáticas para llegar a todo tipo de sensibilidades diferentes. Y respeto al lector que sólo quiere géneros, como respeto al lector de literatura que sólo lee Dragonlance. Pero no respeto la intransigencia o la ignorancia. Entiendo que a alguien no le gusten determinados tipos de historias o estilos de dibujo alejados del academicismo. No entiendo que ese gusto quiera elevarse a verdad universal y a partir de él se quiera definir lo que el cómic DEBE ser. Porque el cómic puede ser infinitas cosas.

7. Hay conceptos que hoy en día no son ciertos. Uno es que los cómics de superhéroes y otros géneros son populares, mientras que las “novelas gráficas” son elitistas, para minorías, para pedantes, vamos. Sólo es necesario echar un vistazo a las cifras de ventas para darse cuenta de que los superhéroes de Marvel, DC e imitadoras cada vez venden menos. Que el cómic de grapa más vendido en un país de más de trescientos millones de habitantes venda en torno a los cien mil ejemplares está indicando que mainstream, lo que se dice mainstream, ya no es. Y si por producto elitista entendemos uno que no es para todo el mundo, que exige conocimientos previos, estar iniciado para poder entenderlo, me temo que los cómics de Marvel responden a esa definición mucho mejor que Persépolis. También se acusa a las “novelas gráficas” de responder a una simple moda, de ser meras maniobras comerciales. Respecto a lo primero, es posible que así sea. ¿Y? En el mundo de la cultura siempre ha habido modas. Si no queremos ser despectivos usamos la palabra “corriente”. Así se escribe la historia del arte, o de la literatura: aparecen uno, dos autores, que impactan en su momento y crean escuela. Es algo completamente normal. Decir que es algo pasajero es aventurado, pero aunque así fuera, de nuevo, la historia del arte está llena de movimientos fugaces que dejaron obras excelentes. Y en cuanto a los segundo, me parece fruto del desconocimiento. No digo que ahora ciertas obras no tengan más fácil ser publicadas porque hay un mercado para ellas, pero dudo mucho que cómics que son fruto del trabajo personal de un autor, en muchos casos trabajo de años, pueda calificarse como simple truco comercial. Y mucho menos si se hace frente al cómic de superhéroes, que sería, para muchos, el producto honrado, popular, espontáneo. Pero yo me temo que la Civil War es una maniobra comercial bastante más calculada y dirigida que Gorazde: Zona protegida. Y es verdad que puede llevarse cierto tipo de dibujo aparentemente poco elaborado y alejado de cánones, pero eso, de nuevo, es algo completamente lógico. Pasa continuamente: Akira Toriyama marcó tendencia en el shonen de acción, Jim Lee y Rob Liefeld cambiaron totalmente el cómic de superhéroes a principios de los noventa. Ahora hay una corriente, bastante hetereogénea, dicho sea de paso —Sfar y David B., por citar dos de los más machacados por su estilo de dibujo, se parecen lo que un huevo a una castaña—, que está generando seguidores. ¿Qué problema hay? No están asfixiando el medio, sigue habiendo tebeos de superhéroes, mangas shonen y shojo… Sigue habiendo de todo, y de todo tipo de estilos. 8. Por último, lo diré otra vez: ni me gusta el término ni la utilizo. Yo uso “tebeo” y “cómic” como sinónimos, y a veces “historieta” para referirme al medio. A todos les puedo encontrar pegas, pero los uso porque son los que tenemos. Lo mismo está pasando con “novela gráfica”. ¿Qué es para mí? Pues yo estoy de acuerdo con Campbell: es una sensibilidad. Una intención. Es hacer cómic adulto con total libertad creativa y sin límites de formato o de temática. Para mí ya no es un formato. Los tebeos de Blain entran de lleno en mi definición aunque se publiquen en un formato de álbum. Puede haber “novela gráfica” en formato de cuadernillos de veinticuatro páginas, en libro de quinientas, en álbum de cuarenta y ocho, en formato digital, y hasta en un post-it, si se quiere. Luego, como esto no son matemáticas, nos podemos encontrar con todas las excepciones y obras difíciles de clasificar que se quieran. Por eso yo, prefiero hablar de cómic adulto, sin más, para ser más inclusivo. Pero cómic adulto no como se entiende en la línea Vertigo, por ejemplo —cuya mayor parte de su producción yo no la considero para verdaderos adultos, sino para adolescentes—, sino adulto como medio, y adultos como autores. Adulto porque ya no hay complejos ni ataduras, porque se asume que el medio ha llegado a un estado de madurez en el que todo tiene cabida. Las categorías más estrictas prefiero, de momento, dejarlas abiertas. Es pronto para ello. Sí creo que con el tiempo, se estudiarán generaciones y grupos de autores con características comunes: por ejemplo, el trío de autores de Drawn & Quaterly que forman Seth, Chester Brown y Joe Matt, o los fundadores de La Asociación en Francia.

9. Y por último, ahora de verdad, yo no jerarquizo. Este cómic adulto no me parece per se mejor que cualquier obra anterior. Ni de lejos. Hay de todo, como es obvio. O como debería serlo. Me siguen apasionando los superhéroes, aunque crea que hoy el género agoniza. Los estudios, los analizo, y el día de mañana intentaré investigarlos dentro de la universidad. Y me encantan muchas obras que se han dado en llamar “novelas gráficas”. Algunos de los mejores cómics que he leído asumen la etiqueta. Otros, por supuesto, me gustan poco o no me gustan nada. No todo lo que se denomine “novela gráfica” huele a rosas, porque, como decía, no es cuestión de calidad. Hoy mismo he leído Percy Gloom¸ que no me ha parecido gran cosa. Hickville me pareció ramplona, Ombligo sin fondo me dejó totalmente frío. Y me gustan muchos mangas, y mucho cómic europeo, y muchas tiras de prensa. Porque al final de lo que se trata es de que me gustan los buenos tebeos, los llamemos como los llamemos. Y si alguien, porque no le gusta el nombre del plato, se niega a probarlo, allá él. Yo por mi parte ya he dicho todo lo que tenía que decir de un tema que, de verdad, está más que superado.

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