Asterios Polyp, de David Mazzuccelli.

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He tardado en atreverme a escribir sobre Asterios Polyp, porque ha sido un tebeo que me ha dejado bastante descolocado. La última obra de David Mazzucchelli, sin duda uno de los mejores dibujantes en activo del cómic americano, me ha tenido un mes largo dándole vueltas y releyendo para intentar decidir, y no es coña, si me gustaba o no. Por lo que he podido leer en la red, hay más de uno un tanto desilusionado, o por lo menos con cierta sensación de decepción, porque, aunque ha gustado, pocos han encontrado en él la obra maestra que ansiaban.

Y no creo, la verdad, que el problema haya sido las expectativas que los lectores nos hicimos. Creo evidente que Mazzucchelli, autor de poca producción y proyectos muy escogidos, volvía al cómic con la intención de realizar una obra de peso, su aportación a todo esto que se está cociendo en los últimos años en torno al cómic “de autor” y a la explotación de los recursos de la historieta, cuyo estandarte es, claro, Chris Ware. Asterios Polyp se me antoja el intento por parte de un maestro de la vieja escuela de colocarse a la vanguardia del medio, de escribir la gran novela gráfica americana, para entendernos. Y esa intención, plenamente consciente, impregna cada una de las páginas de este libro, hecho con meticulosidad y, sí, pretenciosidad: el “más difícil todavía”. Pocas veces me he encontrado con un cómic tan ambicioso, tan “soberbio”: Mazzucchelli parece querer mostrar todo lo que es capaz de hacer, que no es poco, claro, y por eso se le perdona, hasta cierto punto, esa soberbia y ese afán de crear la obra maestra definitiva que yo le veo, lo cual no significa que en determinados momentos esa sensación no juegue en su contra, porque, queramos o no, es imposible no exigir muchísimo más a este autor y a un tebeo de tan altas pretensiones que a un joven que empieza en este medio a dar sus primeros pasos.

Empecemos por la historia: la de Asterios Polyp, brillante arquitecto que nunca ha visto hecho realidad ninguno de sus proyectos, exitoso profesor y hombre, digamos, peculiar. Es un buen personaje, atractivo y suficientemente excéntrico como para mantener la ateción del lector. Es capaz de gestos de altruísmo y ternura, pero al mismo tiempo puede ser un bastardo insensible al que no puedes evitar odiar por anular y menospreciar, sin ni siquiera darse cuenta, a su esposa Hana. No es casual, claro: si algo está siempre presente en Asterios Polyp es el concepto de dualidad. Lo apolíneo y dionisiaco, la razón y la emoción, el hombre y la mujer. No es original, ni lo pretende. Tampoco lo es el relato de su viaje espiritual, el retorno a casa, real y metafórico, que lleva a cabo el protagonista a partir de un hecho fortuito, el incendio del edificio de apartamentos donde vivía, y que le lleva a la América rural, donde se encontrará a sí mismo y conseguirá transformarse para ser mejor persona. Todo impregnado siempre de esa idea de lo dual, sobre todo expresada mediante el diálogo imaginario con su hermano gemelo, muerto en el útero, Ignazio —nada que ver, que sepamos, con el objeto de amor de Krazy—, pero también a través de la intercalación de escenas del pasado y del presente del protagonista, que van cerrando poco a poco el círculo de la narración hasta el final de la historia.

El problema es que casi siempre da la sensación de que podría desarrollarse todo esto algo más, que podría haberse planteado la historia desde un enfoque más original o por lo menos más complejo, acorde con el aparato formal del cómic, del que ahora mismo hablaré. Falta, por decirlo de alguna manera, un buen “cemento” que diera cohesión a lo que se cuenta, que entretejiera mejor no sólo las dos historias principales, el pasado y el presente, sino también toda la serie de historias alegóricas u oníricas que va introduciendo Mazzucchelli. Y falta además mayor profundidad e incluso originalidad en las cuestiones filósoficas y metafísicas que se van planteando a lo largo de la historia. Y, en general, y me ha costado detectarlo, falta “gancho”, vínculo emocional con el lector. Todo es excesivamente frío, lo cual, dada la personalidad de Asterios Polyp, me da que es algo buscado conscientemente, pero que no sé hasta qué punto es adecuado para una historia de estas características. Pero Asterios Polyp no emociona, no. Cuando el protagonista pierde un ojo, nos da igual. No hay conexión a ese nivel, es todo excesivamente intelectual. No ayudan tampoco los personajes secundarios, en general demasiado planos y, en ocasiones, caricaturescos —sobre todo el revolucionario Gerry y el artista que trabaja con Hana, Willy Illimerum— para el tono general del relato. Ni ayuda que en ocasiones Mazzucchelli se pase remarcando sus símbolos hasta lo obvio e innecesario. ¿De verdad hace falta llamar Ithaca al lugar donde vive Hana para subrayar el paralelismo con la historia clásica de viaje del héroe que por otro lado está bastante clara? ¿O, para enfatizar la idea de la dualidad en Asterios, llenar su habitación de niño de hasta cinco referencias a la misma?

Otra cuestión muy diferente es la forma de Asterios Polyp: apabullante. Es un compendio de todo lo que puede hacerse en la historieta a nivel formal. Hay cosas simplemente impresionantes, soluciones narrativas y recursos de todo tipo explorados por un autor que no sólo tiene una técnica sublime sino también un gusto exquisito. Su trazo roza la perfección, con ese estilo tan depurado, cercano muchas veces al cartoon clásico, y tan alejado del que exhibía en Born Again o Year One. Ese trazo es además un elemento narrativo más, no una mera solución estética: los personajes están definidos y caracterizados por cómo son dibujados, por ejemplo. Muchas veces el dibujo se vuelve una metáfora del carácter de los personajes. Las formas del analítico Asterios se vuelven geométricas, la emocional Hana se convierte en una maraña de líneas rojas que se opone o se funde con Asterios en función de las necesidades de la escena. Lo mismo puede decirse del color, aplicado con muchísima inteligencia y, de nuevo, una intención claramente funcional y alejada del color “realista”. Las partes del presente tienen una paleta de amarillos, las del pasado, una de azules. Cuando, hacia el final, Asterios cierre el círculo al ir a encontrarse con su pasado, Mazzucchelli realizará una magnífica transición de una paleta a otra en un par de páginas que es una verdadera delicia. El magenta simboliza lo femenino, y a Hana, concretamente. No hay apenas negro en toda la obra.

Otro aspecto destacado en la composición de página, en permanente cambio. Mazzucchelli se ha divertido de lo lindo con ella, y no la deja quieta dos páginas seguidas. Fluye constantemente según las necesidades de cada secuencia, experimentando con todas las posibilidades que ofrece en cuanto a ritmo y disposición de los diferentes elementos. Tampoco voy a ahondar en esto porque me llevaría veinte páginas, pero sí diré que merece un estudio en profundidad en este aspecto, por lo menos para analizar los diferentes modelos narrativos que utiliza y las soluciones de otros autores que reclama: Will Eisner, Scott McCloud, Frank King, y muchos otros que se me escaparán.

Destacaré, por último, el uso de las diferentes tipografías y la forma de los bocadillos, que Mazzucchelli intenta que se ajusten a la personalidad de cada personaje, el uso de los bocadillos de pensamiento con dibujos en lugar de palabras, y una de las cosas que más me llamaron la atención: la manera en la que juega con los bocadillos para lograr los mismos efectos que conseguiría con voces reales que se oyeran en una película: superpone unos a otros para indicar que los personajes se interrumpen y, sobre todo, hay una secuencia en la que Hana y Asterios se empiezan a atropellar y a hablar a la vez y los rabitos de sus bocadillos se van entrelanzando, hasta que dicen una palabra al mismo tiempo y las formas de los mismos se superponen y las letras usan una nueva tipografía.

En suma, el que le gusten este tipo de cosas no se va a aburrir con Asterios Polyp, porque es formalmente sobresaliente. Es verdad que no inventa nada, y que no llega a los niveles del Ware que tanto le influye, pero es igualmente fascinante. Eso sí, puede llegar a saturar un poco la manera en la que continuamente remarca esos recursos formales, contínuamente puestos bajo los focos, en el primer plano; Asterios Polyp es una especie de “anti Maus“, en este sentido, si convenimos que Maus es el mejor ejemplo de edificio formal complejo pero “invisible” al lector, latiendo por debajo, soportando la historia. En el cómic de Mazzucchelli, se trata justo de lo contrario: se trata de que todo se vea bien, que no pase desapercibida ni una sola de las piruetas del autor. Se enfatiza lo formal constantemente, lo cual, a priori, no tiene por qué ser negativo, pero, en este caso, ayuda aún más a percibir la historia como algo floja.

Porque los aspectos argumentales están claramente en un segundo plano, y se nota, y al final ése es el problema. Todo está deslabazado. No es que Mazzucchelli “no cuente nada”, sí que lo hace… Pero es insuficiente, demasiado simple. El qué no está nunca a la altura del cómo, y por eso, irremediablemente, tenemos que hablar de una obra fallida, creo. Lo cual no significa que no me haya gustado o que no me parezca un cómic brillante. Pero, precisamente por eso, es una lástima que no sea redondo, que la historia de Asterios Polyp no sea tan interesantes como formalmente lo son las páginas de pequeñas viñetas en las que de forma fragmentada se nos muestra la vida cotidiana de Hana, o la secuencia en la que se recrea el mito de Orfeo. Aún así, es un tebeo totalmente recomendable para cualquiera al que le interese esa faceta de la historieta, se disfruta de verdad. Fue sin lugar a dudas uno de los mejores cómics del año pasado. Pero deja, lástima, un regustillo amargo, porque podríamos estar ante una obra verdaderamente grande. Ah, por cierto: un diez a la edición de Sins Entido, perfecta.

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