El manga… ¿se hunde?

En estos últimos días ha publicado Marc Bernabé en su excelente blog Mangaland un estudio del mercado del manga que viene haciendo todos los años, en el que, lo pueden ver aquí, se evidencia un recorte brutal en el número de novedades que se han publicado durante 2010. Y yo, como lector muy ocasional de manga y cualquier cosa menos experto en el mismo, no me resisto a dar mi versión de los hechos. ¿Qué está pasando aquí? ¿Al final tenía razón José Luis Córdoba y el manga es “sólo una moda”? ¿Es el fin de una era? Ni de coña.

Primero: el mismo Bernabé avisa que faltan muchísimos datos para realizar un estudio fiable. No hay cifras de venta ni de facturación, y con el único dato de los tomos publicados, no se puede extraer casi ninguna conclusión. ¿Por qué? Obviamente, porque nadie nos puede asegurar que se haya ganado mucho menos dinero que en 2009. La lógica hace pensar que sí, pero los mercados no siempre funcionan con lógica… En todo caso dudo que el volumen de facturación haya bajado en la misma proporción que los mangas publicados, porque, supongo, las colecciones eliminadas eran las menos vendidas. Y había muchas que vendían muy, muy poco. Pero los mangas que vendían mucho siguen haciéndolo, claro. Y tengamos en cuenta que, precisamente, si se eliminan las colecciones menos vendidas, por tanto las que arrojan pérdidas, es precisamente para que aumenten los beneficios y al mismo tiempo disminuyan los gastos. Aún así, si nos guiamos por los comentario de Joan Navarro, la cosa está peor. Pero no creo que sea un cataclismo. A ver, hagamos algo de historia, sin consultar nada, a vuelapluma —lo digo por si meto la gamba:

El manga, salvo un par de cosas sueltas, desembarca en España a principios de los 90 con series como Dragon Ball, El Puño de la Estrella del Norte, 3X3 Ojos y por supuesto Akira. Fue un auténtico shock en el mercado, un revulsivo necesario en un escenario en el que las revistas habían desaparecido y Marvel se erigía como un enorme leviatán sin oposición. Zinco había dejado o estaba a punto de dejar de publicar cómics y Norma publicaba sobre todo europeo. El manga sirvió, como todos los booms, para atraer nuevos compradores de cómics y aumentar los horizontes del medio. Es verdad que muchos compradores de manga son y eran totalmente impermeables al cómic de cualquier otra nacionalidad, pero eso es algo que también ha pasado siempre con ciertos sectores de lectores de cómic europeo o de superhéroes. Sea como fuere, la cuestión es que empezaron a publicarse bastantes mangas. Yo en aquella época muchísimo de ellos, pero recuerdo como los más populares, por ejemplo, los que firmaba Katsura —tremendo bluf, en mi opinión—, Grey, Los caballeros del Zodiaco, Kamui… Y decenas más. Y acabó pasando, a otro nivel, lo que está pasando ahora. Las editoriales empezaron a pensar que todo el monte es orégano y sacaban cosas sin ton ni son con la seguridad de que se venderían como churros. Hasta que dejaron de hacerlo, claro. Y pasó que Dragon Ball seguía vendiendo una carretada al mes, pero otras series tenían que cerrar porque no alcanzaban unos mínimos. Hay que tener en cuenta también un factor que ahora no existe: el terriblemente erróneo formato que eligieron la mayoría de editores, que temían alejarse de lo que el mercado conocía y adaptaron los mangas a cuadernillos de cuarenta y ocho páginas y tamaño comic-book, un disparate teniendo en cuenta lo pausada que suele ser la narrativa japonesa. Te leías un tebeo y no pasaba absolutamente nada, y al mes siguiente, casi tampoco. Los mangas abrumadoramente populares aguantaban porque la gente los compraba igual, pero el resto fue poco a poco esfumándose. Y el número de novedades se fue reduciendo paulatinamente, coincidiendo, y no por casualidad, con un rebrote de los superhéroes.

Pasa más o menos una década, y entonces llega Glénat y publica Rurouni Kenshin. Y he aquí el segundo boom del manga en España. Una nueva generación de lectores comienza a consumir en masa toda una serie de colecciones que, frecuentemente, estaban apoyadas por series de animación que se emitían paralelamente. Es la edad de oro del shonen y el shojo. Cuando Kenshin bajó, apareció Naruto, después, Bleach. El manga consiguió tener siempre un fenómeno de ventas brutal que se colocaba a la cabeza de las ventas globales de cómic en España y que venía respaldado por un puñado de otras también muy vendidas. Y que trajo, como ya pasó anteriormente, una oleada salvaje de series mediocres, cuando no mierda pura. Es algo completamente lógico, sólo que en esta ocasión, los editores se controlaron muy mal y no supieron dosificar las novedades, creo. Yo recuerdo que hace dos años no paraba de ver cómo en mi librería habitual cada vez tenían que dedicarle más espacio a las novedades de manga, y echarles un vistazo pensando no sólo que no conocía ni a la mitad de autores —cosa normal en mí—, sino que qué carajo era todo eso.

Y así llegamos a 2010. Bernabé habla, muy acertadamente, de burbuja del manga en los últimos años. Esto, y no otra cosa, es lo que yo creo que ha pasado. Se han apuntado, tanto él como muchos otros, diferentes causas para este descenso: la crisis, o la propia idiosincrasia de los lectores de manga. Que si son niñatos, que si son inconstantes, que si prefieren gastarse el dinero en ramen antes que comprarse series… No hay que hacer mucho caso, la verdad, porque la mayoría de estos comentarios responden al rollo de siempre: el cómic de verdad es el mío, los que no leen lo mío son unos advenedizos o siguen una moda, los lectores de verdad somos los mayores de treinta que nos dejamos trescientos euros al mes. Alguno hay que casi parece que se alegra de que el manga caiga, porque se siente reforzado, y que ya vela armas esperando la derrota del Gran Satán, la novela gráfica.

Por partes: es muy posible que sea cierto que la media de edad de los lectores de manga es menor que la de lectores de cómic en general, pero a mí me parece acojonante la capacidad de generalizar y extraer conclusiones definitivas e inapelables de datos completamente inexistentes. Sencillamente, no sabemos cuál es la composición por edad de los lectores de manga. Sí, todos podemos hacernos una idea observando nuestras librerías o los salones del manga, pero no es suficiente. No todos los lectores de manga son púberes mantenidos por sus padres. Y si son mayoría, o un mayor porcentaje comparando con el cómic americano, ¡pues mejor! ¿Cómo puede plantearse esto como algo negativo? De estos chavales, algunos seguirán comprando cuando crezcan, y otros no. Como en cualquier otro mercado, vaya. Pero de momento están aquí y, en mayor o menor medida, están comprando, que es de lo que se trata. Luego está la cuestión de que el manga lleva asociadas una serie de cosas que según algunos lo eclipsa y hace que pase a un segundo plano. Y esto, si atendemos a lo que sucede en los salones es así: disfraces, series de animación, juegos extraños, comida, música… Y si eso, algún manga por ahí perdido. Pero la pregunta es si todo esto al final perjudica o beneficia al manga. Porque yo no tengo tan claro que sea malo para sus ventas. Porque produce una retroalimentación, un entorno en el que se potencia el consumismo, eso es innegable. Preguntémonos no cuántas ventas le quita el merchandising al cómic japonés, sino cuántas le da, cuánta gente no compraría manga si no fuera por todo lo que le rodea. Especulaciones, ya digo. Y, por otra parte, hay que decir que hay más veinteañeros y treintañeros comprando manga de lo que la gente piensa, lo que pasa es que hacen menos ruido, son menos sociales y el sentido del ridículo que da la edad hace que no den el cante en los salones. Pero echen cuentas: la gente que se enganchó con, pongamos, quince años a Naruto cuando empezaba anda ya por los veintidós o veintitrés años. Y los de Rurouni Kenshin ni les cuento, por no hablar de la generación Dragon Ball. Y es que, además, por mucho que ahora se haya extendido la idea de que el manga es para adolescentes, en su momento mi impresión es que series como Akira, El puño de la Estrella del Norte o Crying Freeman se vendía como cómics para adultos, e incluso, juraría, así se explicitaba en sus cubiertas, aunque fuera, probablemente, una forma de cubrirse las espaldas frente a unos medios de comunicación que encontraron en el manga una mina de noticias chorras.

Así que sí, es evidente que todos los factores que puedan apuntarse, o casi todos, tienen su importancia: la crisis, la poca edad de los compradores que hace que dependan de la salud económica de sus padres para seguir con su afición, la posibilidad de leerlos gratis —¡ojo! Se carga contra la piratería, pero pocos mencionan la creciente presencia del manga, y el cómic en general, en bibliotecas públicas—, incluso la baja calidad de buena parte de la oferta… Pero a mí me parece de cajón que el principal motivo de este supuesto descalabro es, simplemente, que el mercado estaba hinchado a lo bestia. Y si la mayoría en 2008 ó 2009 mirábamos las estanterías de las tiendas y pensábamos que tal cantidad de novedades no había mercado que las soportara, no sé a qué viene sorprenderse ahora o sacar lecturas desmadradas cuando el mercado se autorregula.

Porque eso es lo que creo que ha pasado, sin más. En 2008 y 2009 había crisis y había manga escaneado en la red. Y el número de novedades fue mucho más alto. Al estrellarse una y otra vez, las editoriales se han empezado a andar con pies de plomo. Norma, significativamente, como siempre cuidó sus novedades, ha mantenido estos años una línea ascendente lenta pero segura, sin subidas artificiales, y cuando han llegado las vacas flacas, gracias a eso se ha mantenido en buenos niveles. Editorales chungas que sacaban cualquier cosa con ojos gordos en la portada para aprovecharse del boom han desaparecido del mapa, o restringido severamente sus lanzamientos, como Planeta. Lógico y normal. El reajuste del mercado nos ha llevado a números de hace seis años —insisto: sólo en cuanto a volumen de novedades—, lo cual sigue significando una parte muy importante del pastel editorial, creo yo. Y no veamos tampoco el manga como algo aislado: si lo observamos en un contexto más amplio y hablamos de mercado del cómic a secas, es evidente que ese mismo reajuste también se ha producido a nivel general, si bien no tan marcado. Volviendo a Planeta, ha dejado colgadas muchísimas colecciones, no sólo de manga.

Lo que sucede es que otras parcelas del cómic ya han pasado previamente por estos reajustes por tener una vida editorial más longeva en España. Ninguno de los que hacen leña del manga caído y aseguran que esto se veía venir parecen recordar la situción en la que estaba el cómic de superhéroes en 1994, cuando Zinco había desaparecido, Norma aún no tenía los derechos de Vertigo o Forum tras asfixiar el mercado publicando prácticamente todas las series de Marvel disponibles —aunque las guionizara Terry Kavanagh— dio carpetazo a la mitad de su catálogo mensual, incluyendo series como Los Vengadores o Los Cuatro Fantásticos. Y dieciséis años después, aquí siguen nuestros amigos de las capas, mejor o peor, supongo que dependerá de a quién le preguntes, pero vivos y coleando. Lo mismo para el cómic europeo, o el cómic “de autor”: cuántas obras inéditas de los ochenta y noventa no hemos visto publicadas en los últimos cinco años.

Son ciclos, sin más. Pero, por ir acabando, no, no creo que el manga sea una moda. El manga llegó hace veinte años, y fue para quedarse. Ha pasado por muchas fases, y pasará por muchas más. Ganará y perderá terreno, como cualquier otro producto. Y desde luego, no está tan mal como apunta el frío dato del descenso de novedades, que, además, como bien apunta José Torralba en Zona Negativa es insuficiente para ofrecer una teoría definitiva o incontestable que vaya más allá de la interpretación personal. Y por supuesto, no entiendo a quienes dicen que lo que pasa es que el manga es malo o que es “todo lo mismo”: desde mi punto de vista lector ocasional, pienso que hoy en día se publica más variedad que nunca: el shonen y shojo de toda la vida y que copó el mercado del manga durante mucho tiempo, pero también bastante seinen, obras de todas las épocas y de autores fundamentales como Tezuka o Mizuki, obras más personales como las de Taniguchi o Tatsumi, o el terror de los Hino y compañía. Veo una oferta diversificada y sobre todo sólida, asentada. Es muy posible que este “descalabro” sirva a los editores para pensarse mejor los lanzamientos y las estrategias de mercado, y quizás demostrar lo amplio que es el manga, llegando a un público que no sea el otaku cerrado que se sabe de memoria todos los ataques especiales de Naruto —por decir algo— y que ignora sistemáticamente las raíces del manga que dice amar. Ya se está haciendo, creo: un mercado maduro y sólido es aquel en el que hay sitio para Somos chicos de menta y Operación Muerte. Y creo que ahora lo hay. No es perfecto, evidentemente, y yo soy el primero que cree que se avecinan cambios radicales, y que el próximo reajuste pasará indefectiblemente por los formatos digitales, pero a día de hoy, lo que hay está más que bien para los tiempos que corren. Y la caída de novedades, sin ser anecdótica, que no lo es, no debería servir para montarnos demasiadas películas: esperemos acontecimientos y sigamos insistiendo, a ver si alguna vez nos hace caso alguien más que Joan Navarro, sobre la necesidad de que las editoriales ofrezcan datos de venta si queremos que puedan hacerse análisis serios y rigurosos que vayan más allá de la simple extrapolación de la experiencia personal que pretenda hacerse pasar por ley.

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One thought on “El manga… ¿se hunde?

  1. Personalmente durante los últimos años he comprado de todo. Soy de la generación Dragon Ball, y el primer manga que compré fue Alita (Gunm) en tomitos de 48 páginas. Pero ya no compro casi nada de manga; solo compro Billy Bat.

    ¿Por qué? Porque me da miedo comenzar una colección, y eso que hay alguna que me podría interesar, y quedarme a medias por una cancelación prematura. No estoy para invertir dinero en la mitad de una colección. Si me asegurasen que todo colección que comenzase, si pasa de al menos el primer o segundo número en ventas, no seamos exigentes, continuará hasta su final, entonces me atrevería a comprar algo más.

    Y sí, a mi también me pasaba que miraba las estanterías del manga y me perdía entre tanta novedad.

    Saludos,

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