Pequeño Vampir, de Joann Sfar.

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Se dice, y con razón, que hacen falta tebeos infantiles. De la misma forma que los críos pueden encontrar música, cine o literatura hechas para ellos, parece de cajón que sería bueno, para ellos y para el medio, que tuvieran cómics. Antes el problema era el contrario: todo cómic era para niños o percibido como tal por los adultos. Ahora, las circunstancias del mercado han dado un giro importante a esta cuestión y resulta que es más que complicado encontrar un cómic adecuado a ciertas edades.

Por eso me sorprende la poca atención que obtiene la faceta de Joann Sfar como autor de historias para niños. Nos pasamos la vida pidiendo cómics infantiles y resulta que cuando aparecen, y encima buenos, casi nadie se da cuenta. Es el caso de Pequeño Vampir, una serie deliciosa de la que en su momento vieron la luz dos álbumes de la mano de Alfaguara y nunca más se supo. Hasta este mes, en el que la editorial Océnano Travesía ha retomado su publicación. Imagino que por no ser una editorial de cómics esta noticia se le ha escapado a los canales habituales de la red, pero creo que merece la pena llamar la atención sobre ella.

Porque sería un error clasificar Pequeño Vampir como serie menor dentro de la inmensa producción sfariana. Yo no voy a compararla con El gato del rabino o Klezmer, sencillamente porque son incomparables. Pero, como producto destinado a los críos, esta serie me parece una verdadera maravilla, llena de inteligencia y humor. Ya pudimos ver una excelente muestra de cómo escribe Sfar para los niños y en qué alta estima los tiene en El señor cocodrilo está muerto de hambre, el año pasado, y puede decirse que la serie va en esa línea: aventuras delirantes, en este caso protagonizadas por el pequeño vampiro, su amigo humano Miguel —el propio Sfar de pequeño—, y todo un reparto de monstruos tiernos y aterradores a la vez. Y mucho humor perverso, pocas concesiones a los padres mojigatos y su insultante facilidad de siempre para presentar y mezclar todo tipo de temas con total naturalidad. Sfar conoce un secreto: los niños son muy, muy listos. Nos volvemos gilipollas después, cuando nos sale el acné. Y como sabe que está escribiendo para una audiencia exquisita, se esmera y afina muchísimo para mostrar el universo infantil en todo su esplendor. Vampir y Miguel —y los monstruos, que son niños grandes— se comportan como verdaderos niños, algo que no está al alcance de cualquier creador, y viven sus aventuras al tiempo que aprenden a vivir. Sin lecciones, sin moralina, simplemente a través de los hechos.

Amor, amistad, emociones, y mucho, mucho humor. Son álbumes que se leen con una sonrisa perpetua y no pocas carcajadas, a veces provocadas por situaciones algo bestias, otras por cosas más amables… Pero siempre el toque Sfar, su sensibilidad de siempre y ese optimismo, esa vitalidad que te chuta en vena con cada tebeo.

Océano Travesía ha iniciado la publicación de la serie con los dos primeros álbumes, de los cuales el primero, Pequeño Vampir va al colegio, ya fue publicado por Alfaguara. El segundo, Pequeño Vampir hace kun-fu, está inédito, dado que Alfaguara se lo saltó y publicó directamente el tercero, para abandonar ahí la publicación de la serie —como me hicieron notar recientemente, no sería extraño que Alfaguara considerara que el segundo álbum era excesivamente bestia para los niños y por eso lo obvió—. La edición de Océano Travesía tiene dos problemas: el primero, para mí bastante menor, es que la traducción es al español mexicano, dado que la editorial madre es de México. Es bastante neutra, dentro de lo que cabe, sin americanismos y únicamente con algunas peculiaridades que en nada entorpecen el disfrute de la lectura. El segundo es más grave: como sucede demasiado a menudo cuando editoriales de literatura publican algún cómic, la rotulación es terrible, con una tipografía completamente opuesta a la caligrafía característica de Sfar. Pero trago con gusto con ella a cambio de poder leer la serie, que yo de francés cero. Espero de verdad que sigan publicando Pequeño Vampir hasta completar los siete álbumes que hasta la fecha ha realizado Sfar. Y ya que estamos, a ver si cae también Gran Vampir, porque es otra maravilla.

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