La crítica de tebeos.

La crítica. La crítica nos plantea muchas preguntas. Perdón por el arranque reprontista, pero no se me ocurría mejor manera de empezar este artículo… Ya en serio: ¿hay crítica de cómics en España? ¿Qué es ser crítico de cómics? ¿Dónde reparten los carnés de crítico profesional?

Un crítico, en cualquier disciplina, es alguien que ha demostrado un amplio conocimiento en el campo en el que realiza su labor crítica y al que además se le supone un criterio, un enfoque de la cuestión original y propio, de forma que sus juicios pueden considerarse de interés para el público general. Por supuesto, no es tan sencillo. Hay críticos buenos y críticos malos, críticos que responden al estereotipo de artista frustrado que vomita su resentimiento contra los que sí han triunfado por el mero placer de hacerlo, y otros que realmente aman aquello sobre lo que escriben. Y, evidentemente, cada uno de nosotros puede sentir mayor afinidad con uno o con otro en función de nuestros gustos y preferencias. O no sentir afinidad con ninguno en absoluto.

Se tiende, creo, a despreciar al crítico, de un modo muy parecido a cuando se dice de los psicólogos que “lo somos todos”, porque consiste en “escuchar los problemas de los demás”. Críticos, entonces, también lo somos todos porque se trata de “expresar una opinión” y “todos tenemos opinión”. Sólo que uno: hay que saber expresarla; y dos: todo el mundo no tiene una opinión.

Conozco, todos conocemos, a muchas personas que al margen de que tengan un criterio más o menos formado, unos gustos más o menos amplios, e incluso más o menos cultura, no pasan, al hablar de una película, un libro, o un tebeo, de decir que “está entretenido”, “está bien” o “me ha gustado mucho”. Como opiniones son respetables, pero no valen nada, no sirven de nada a los demás. Es como no tenerla, en realidad. Y en realidad tampoco vale de mucho decir que “la fotografía me ha parecido soberbia” o que la última página “me ha humedecido los ojos”. Porque la cuestión está, decía, en poder y saber razonarlo.

La crítica, o la buena crítica, debe no sólo comentar los aspectos formales y conceptuales de una obra, sino valorarla. Valorar su impacto, su importancia en el momento en el que aparece y en qué tradiciones está inserta, buscar analogías con otras obras y autores, qué aporta nuevo. Y por qué, claro. Explicarlo. Si se sabe hacer de forma amena mejor que mejor. Y desde luego hay que saber escribir medianamente bien: pensamos con palabras y nos comunicamos a través de ellas. No hablemos de objetividad, a estas alturas. Toda crítica es subjetiva, sí. Pero el rigor existe, o ha de existir. El método, y la coherencia con él y con los criterios propios. No vale todo, o no debería.

Ahora bien: ¿esto es suficiente para considerar a alguien crítico? Me explico. Llevo con este blog cerca de cuatro años, en los que he escrito bastante. Reseñas de cómic concretamente rondarán las ciento cincuenta. Me esfuerzo, desde el principio, primero por mejorar mi manera de escribir y buscar una voz, o voces, propias, y después por ir más allá del “me ha gustado mucho”. Cada post tiene su registro, eso es cierto. A veces escribo, o lo intento, con un estilo más suelto y suelo escribir opiniones más personales, otras me pongo más o menos académico y escribo de una forma más seria, que no neutra —o eso creo—, y otras son reseñas que intentan ser sintéticas y valorar, justamente, aquello que decía que debería valorar una crítica. Si no tengo nada interesante que decir de una obra, simplemente no escribo sobre ella. Eso no significa necesariamente que no me haya gustado, claro, pero creo que es indispensable aportar algo. Con los años, creo que he ido consiguiendo precisamente eso: un ojo crítico, más o menos acertado, eso es lo de menos, que me permite explicar por qué algo me ha gustado, encontrar sus claves y sobre todo darme cuenta de cosas que antes no veía. A eso, como a todo, se aprende. Evidentemente, mis conocimientos son muy limitados. Tengo infinitas lagunas que me esfuerzo por solucionar día a día, leyendo todo lo que puedo y estudiando, aprendiendo de los que saben más que yo. Pero sinceramente creo que tengo algo parecido a un criterio y que justifico lo que escribo en mayor o menor medida, que explico los motivos de mis “me gusta” y “no me gusta”. Especialmente cuando una obra, y más todavía si es una bien considerada, no me agrada, intento que quede claro por qué, ver qué falla, dónde están los errores que yo creo que tiene.

Todo esto ¿me convierte en crítico? Pues supongo que no. A mí jamás se me ocurriría presentarme en ningún sitio como “crítico de cómics”. Soy un aficionado con un blog y una incontinencia verbal bíblica. Tengo, como decía, mi propio criterio, pero nada más. De lo único que me enorgullezco es de mi curiosidad. Pero, entonces, ¿qué hace falta para ser crítico? ¿Por qué esta contradicción? Creo que intento hacer lo que yo considero que es la crítica, pero no me considero crítico. ¿Por qué? Y más aún: ¿por qué le pasa eso a casi todos los blogueros, incluso a los que llevan siglos escribiendo y divulgando sobre tebeos?

Es posible que haya cierto temor a reclamar un espacio, el de la crítica de cómic, que está prácticamente vacío y al que se le presupone una responsabilidad sin la que respiramos más tranquilos. Estamos más cómodos dando por sentado que nuestras opiniones son sólo unas más, tan válidas como las de cualquiera, que el rigor se da voluntariamente pero no es exigible porque no somos nadie. Quizás aquí se confunden términos. Cuando alguien exige a un bloguero que hable de tal o cual obra, o lo recrimina porque fiándose de su opinión se ha comprado algo que no le ha gustado, se cae en un error obvio. Pero si esto se hiciera con un crítico, también se caería: el crítico no está obligado más que a contemplar una ética y a ser coherente consigo mismo. Pero entonces estamos en las mismas: hay muchos que lo hacen en internet. Pero no se consideran críticos.

Hay también otra cuestión presente en esto. Se tiende a pensar que crítico sólo lo es el “profesional”. Y por profesional, normalmente, se entiende o bien el que ejerce una actividad como profesión, o sea, cobrando, o bien el que ha estudiado y está titulado para ejercerla. Ahora bien, ¿dónde se estudia para ser crítico de cómics? Un crítico literario aún puede haber estudiado una filología, pero el de tebeos lo tiene más bien difícil. Queda por tanto como única opción para ser considerado un crítico de verdad cobrar por ello, pero es un argumento tramposo. Muchas de las revistas de cómic que hay o ha habido en España son fanzines que no pagan las colaboraciones. ¿Es más crítico el que publica en un periódico de tirada nacional o local y cobra por ello que el que lo hace gratis en una publicación especializada? Más aún: si alguien que escribe sobre cómic lo hace en un periódico y al mismo tiempo mantiene un blog, ¿sólo es crítico cuando escribe en el primero?

Evidentemente creo que el rigor y la seriedad que un crítico debe tener no tiene nada que ver con el dinero que se cobra. Podemos, tal vez, tener críticos por consenso: crítico es aquél al que los demás consideran crítico. Alguien que se ha ganado con su buen hacer el reconocimiento y cuyas opiniones se tienen en cuenta porque ha demostrado que son interesantes y fundadas. Es, grosso modo, como creo que está funcionando la crítica aquí, salvo alguna excepción que sí es “profesional”. Pero persiste una indeterminación que tarde o temprano tendrá que resolverse.

La crítica de calidad es necesaria para cualquier arte. Es muestra de salud y ayuda mucho a todos los niveles. Ayuda, además, a que se fundamente una actividad académica igualmente imprescindible. Pero no nos confundamos, ni atribuyamos al crítico funciones que no tiene, y menos en el mundo actual. No son infalibles, sus opiniones no son dogma de fe. Ergo no es necesario que tengan un carné de crítico para ejercer, o estar apuntados en el colegio profesional. Queda mucho por hacer, pero creo que en España hay crítica de tebeos, y en algunos casos, buena crítica de tebeos. Los medios actuales en los que podemos expresarnos fomentan la indeterminación, eso es cierto. No queda claro dónde y cuándo se hace crítica y dónde y cuándo simplemente se está manifestando una opinión sin elaborar por el mero gusto de hacerlo. Más que nunca, el lector tiene que discriminar los textos y encontrar por sí mismo la crítica de calidad. Pero ha pasado hace mucho el tiempo en el que aparecer publicado en papel impreso en tal o cual revista es sinónimo de calidad y tener un blog síntoma de amateurismo. Depende del caso, y del autor. La frontera entre aficionado inquieto y crítico puede haber desaparecido, claro, pero eso no tiene que verse como algo negativo o problemático. Es así como funciona el mundo hoy. Es una coartada conveniente para editor y autor acudir al elitismo añejo para desacreditar una crítica aludiendo que ésta no proviene de un “profesional”; más difícil e incómodo sería atender a la calidad de esa crítica y rebatir sus argumentos sin más.

Así que sí: hay varios blogueros a los que llamaría críticos. O si no gusta la palabra, que es lo de menos, gente que sabe mucho, lo sabe explicar perfectamente y tiene unos criterios madurados en la reflexión a través de muchos años de escribir sobre tebeos. Y gente además que asume siempre un rigor, y que diferencia perfectamente la opinión personal de la reflexión y lo sabe hacer notar a su lector. No digo que no quede mucho por hacer, pero me parece un gran principio.

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