Twitter killed the blog star?

Un fantasma recorre internet: el runrrún de que Twitter, Facebook, Tuenti y demás aplicaciones de la web 2.0 están minando, poco a poco, la actividad de los blogs sobre historieta. Supongo que si esto es así será un fenómeno generalizado, claro, pero yo hablo de lo que conozco, que en este caso es lo que se refiere a los tebeos. Y es verdad que en los últimos dos años, más o menos, se nota cierto agotamiento o relajación de blogs clásicos y, sobre todo, la no aparición de blogs nuevos que tomen el relevo. Lo que no tengo claro del todo es que tenga que ver con una migración generalizada a redes sociales.

Yo me metí en internet —“meterse en internet”, como si fuera la heroína— tarde. Quiero decir, que no viví los primeros coletazos del medio, ni los primeros intentos por parte del fandom no ya de organizarse, sino de expresarse, ya fuera con listas de correo, noticias y demás artefactos de los que hablan los más viejos del lugar —viejos no necesariamente por edad—. Empecé con este blog hace casi cinco años, cuando, quizás estaba en su apogeo el invento. No lo sé, no tengo mucha conciencia de cómo estaban las cosas antes de entonces. Pero a lo que voy es que tengo la sensación de llevar con The watcher and the tower muchísimo tiempo. Porque el tiempo en internet no se mueve a la misma velocidad que el mundo real. No voy a entrar a valorar los motivos aquí, pero sobre todo creo que tiene que ver con la facilidad para publicar contenidos; si digo todo lo que tengo que decir muy pronto, muy pronto me quedaré sin nada que decir. Leí ayer en el blog de Bruce que la vida media de un blog es de dos a cuatro años. Es posible. Los hay más longevos, pero por cada uno que pasa de los cuatro hay veinte que mueren antes del año. En este tiempo lo he visto muchas veces. Blogs que nacen con planteamientos interesantes, con entusiasmo, o incluso arrasando, como elefante por cacharrería, de aficionados, críticos o autores que a los dos días dejan de ser actualizados y pasan a engrosar el cementerio de los blogs olvidados.

No tiene nada de malo, no es una crítica, obviamente. Yo me rijo siempre por la máxima de que el blog es de su dueño, y se lo folla cuando quiere. No puedo exigirle nada a quien me da libremente y sin pedirme nada a cambio. Mantener un blog personal siempre es un asunto costoso, tanto en tiempo como en esfuerzo, y no siempre se puede o se quiere pagar ese precio. Tiene que ver con la forma de ser de cada cual, pero también, lógicamente, con los avatares de la vida. No deja de ser una afición más, al menos al principio, y como tal, se resiente cuando la familia o el trabajo exigen más atención. Por eso supongo que es todo un logro lo que consiguen algunos, manteniendo un ritmo de publicación regular durante años sin cansarse demasiado, y por eso es comprensible que algunos acaben desistiendo, muy lógicamente.

Pero esto es desviarse de la cuestión, porque sólo explican algunos casos particulares. Lo que me gustaría saber es si hay alguna tendencia, si de forma general la gente se está pasando a otros medios y qué repercusiones tendrá eso.

Supongo que es lógico creer que el blog está un poco desfasado. Por la velocidad con que se mueven las cosas en la red, es fácil pensar que alguien que se decida a tener su espacio personal en ella no piense ya en el blog como su primera opción. Ahora bien: ¿está la gente desatendiendo o cerrando su blog para moverse a otros campos? No lo creo, la verdad. Estoy convencido de que influyen más otros factores para explicar por qué muchos blogs descienden en su nivel de actividad que que su dueño se pase las horas muertas en Twitter. Yo llevo una temporadita ahí metido, y la verdad es que no tengo la sensación de que me robe excesivo tiempo. Y sobre todo, me doy cuenta de que no tiene nada que ver con un blog, y que por ello no es ni su sucesor natural ni puede cumplir la misma función.

Twitter es una cafetería o un bar virtual, del que entras y sales continuamente. Te unes a una conversación, o empiezas una, a veces en tono serio, a veces de coña, pero siempre con la limitación de los ciento cuarenta caracteres que impiden tratar las cosas con más profundidad. Compartes un enlace, haces un comentario al paso, y ya. Es entretenido, pero es otra cosa. Porque siempre tienes la seguridad de que aquí, como en el bar, las palabras se las lleva el viento. Por su propio formato, una conversación en Twitter es casi imposible de reconstruir a posteriori. Es charla informal, sin más, con todo lo bueno y lo malo que tiene. A este blog creo que sólo le ha afectado en que ciertos posts breves, con algún enlace y alguna reflexión por mi parte, han desaparecido para irse allí, donde creo que está su medio natural. Ya no tengo necesidad de usar un medio “imperecedero” como éste para compartir ese tipo de cosas. Prefiero dejarlo exclusivamente para mis textos, salvo alguna excepción. Porque un blog está para eso, creo. Cada cual elige cómo gestiona su blog y qué tipo de material sube a él, pero para mí es una herramienta para organizar y dejar siempre a disposición de los demás una serie de textos, que tendrán la extensión y el talante que a mí me dé la gana. No puede hacerse una reseña en Twitter, simplemente.

Por eso considero los blogs y páginas —cualquier formato que permita profundidad y extensión— más que necesarios, imprescindibles en un momento en el que las publicaciones especializadas en papel escasean. Imprescindibles para articular un aparato crítico y desarrollarlo, aunque sea con la anarquía y descoordinación que rige internet. Porque es verdad que no es exactamente lo mismo una revista que un blog, claro. Un post en un blog no pasa controles editoriales, ni tiene, como sí lo tienen las revistas académicas, revisión de pares. Es el lector el que discrimina y aprende de qué blogueros se fía y de cuáles no. Pero eso tiene su gracia, también.

Yo he aprendido muchísimo leyendo sobre cómics en internet. En blogs, sobre todo, sí. Pero el blog, como formato, se enfrenta a una paradoja: antes era percibido como un medio inmediato, fugaz, mientras que ahora, en contraposición a la red social, es visto como el medio reposado, de publicación meditada. Nunca fue fugaz del todo y por supuesto ahora tampoco es siempre fruto de la meditación, pero sí requiere un estado mental diferente al de Twitter, por ejemplo. Uno en el que no siempre se está.

En todo caso, es cierto que hace tiempo que no aparece un blog sobre tebeos que pegue fuerte —o a mí se me ha pasado, por supuesto; los únicos que me vienen a la cabeza son reconversiones o derivaciones de otros— o que aguante mucho tiempo en activo, mientras que blogs excelentes han cerrado, o han sido puestos en barbecho, o han visto cómo su ritmo de publicación descendía drásticamente. Por los motivos que sean en cada caso, insisto, que no creo que tenga directamente la culpa la web 2.0.

Pero la sensación que tengo es que estamos viviendo el ocaso de los blogs de cómic poco después de su edad de oro: cosas de la red, ya digo. Twitter, Facebook o lo que quieran no pueden ser jamás su sustituto, porque su utilidad es otra. Eso es lo que me preocupa: que desaparezcan sin más, sin dar lugar a algo nuevo donde poder seguir encontrando lo que encuentro ahora. Tal vez el futuro sea organizarse en páginas comunitarias, como de hecho ya pasa desde hace tiempo. Es una fórmula que sacrifica el individualismo romántico que supone el blog personal, pero que a cambio permite que nadie sea imprescindible y las firmas puedan entrar y salir manteniendo un ritmo regular. Trasladar la estructura y funcionamiento de una revista al medio digital también ha dado, y puede dar, buenos resultados. Es siempre complicado si partimos de la base de que aquí todo se hace por amor al arte.

Ya se irá viendo. Esto no pasa de ser una reflexión de tarde de domingo, no pretendo tener la solución, ni tan siquiera una alternativa. Yo disfruto mi blog y seguiré con él hasta que deje de hacerlo, escribiendo tanto como me pida el cuerpo y pueda, sin preocuparme mucho de lo demás, como supongo que hace todo el mundo. Pero hay cosas que, como lector, echaré de menos.

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