Silvio José emperador, de Paco Alcázar.

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Silvio José Emperador ha sido mi primer contacto con Paco Alcázar. Hasta ahora, sabía que era un autor humorístico y poco más. No estaba preparado ni de lejos para encontrarme con algo como este tebeo alucinante.

Alucinante no por bueno, que también, sino en su sentido más estricto: el universo que construye Alcázar alrededor de Silvio José es un lugar de delirios e irrealidades difícilmente conciliables con nuestras reglas, y de ahí su magnetismo y su buen funcionamiento como obra humorística.

Alcázar sabe ir más allá de la inspiración, quizás demasiado obvia, de Silvio José, el insoportable Ignatius de La conjura de los necios, y crea un mundo despiadado, lleno de personajes neuróticos, enfermos mentales, salchichas Chisparritas, juegos de guerra en el ordenador y freaks en el sentido más puro del término, que protagonizan historias de una página, siempre seis viñetas, llenas de un humor negro y desesperanzador. No es de extrañar que el psicólogo sea un secundario recurrente en estas páginas, porque todos los personajes sin excepción están como cabras, tanto que Silvio José no se lleva la palma, aunque esté para que lo encierren. Su propio padre, esclavizado por completo, es un hombre inseguro y apocado; su madre, que aparece en un par de historias, es una loca que atraviesa un torbellino de “fases”, como ella las llama, que dan lugar a algunos de los momentos más hilarantes del tebeo; Cubero, el profesor de autoescuela y poeta infantil, es uno de los elementos más conseguidos, pero sin duda mi favorito es Federico, el mejor amigo de Silvio José y la mayor víctima de este universo: víctima del propio Silvio, de su padre, de su madrastra, una estríper de diecinueve años, y sobre todo de su Geyperman de la suerte, un muñeco al que lleva a todas partes y cuyos consejos dirigen su vida. Aquí se encierra, además, la mayor genialidad de Alcázar: Federico es el único que no está loco, porque el Geyperman realmente piensa y habla por sí mismo.

Silvio José Emperador es, además de un cómic muy divertido, una sátira magnífica de todas nuestras enfermedades sociales: la incomunicación, la dificultad para relacionarse, el estrés, el miedo a los demás, la depresión. Todos los personajes necesitan desesperadamente algo y son tremendamente egoístas y crueles para conseguirlo, excepto, ironía, Silvio José, que tan sólo quiere seguir manteniendo su estatu quo y es cruel y egoísta simplemente porque sí. Todo presentado con una puesta en escena que recalca la psicosis: grandes bocadillos que se comen el espacio de las viñetas, primeros planos o planos medios, siempre el mismo enfoque, casi siempre espacios cerrados como escenario… Y las figuras humanas de Alcázar, siempre feas y gordas, refuerzan todavía más el esperpéntico mundo de Silvio José.

En definitiva, ha sido una gran toma de contacto con Paco Alcázar, al que seguiré la pista muy de cerca en el futuro. Silvio José Emperador es un inquietante reflejo de lo peor de todos nosotros al que siempre está bien mirar de vez en cuando.

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