He done her wrong, de Milt Gross.

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Hundiéndose en las brumas del pasado, Manuel Caldas rescata otro clásico para que lo disfrutemos en el presente. En esta ocasión, uno totalmente inesperado: He done her wrong, de Milt Gross. Considerada como una precursora del cómic para adultos, ha supuesto una sorpresa increíble para mí. No me esperaba algo tan bueno, francamente.

Esperaba un tebeo con valor histórico, y me he encontrado con uno que efectivamente lo tiene, pero que a la vez tiene una sólida entidad artística, es divertido y, en lo formal, increíblemente contemporáneo. El argumento de He done her wrong es lo de menos; tiene algo de Charles Dickens, algo del folletín, algo de esas novelas coloniales que tratan sobre la frontera de la civilización. Pero la gracia está en el tono humorístico y sobre todo en cómo lo presenta Gross. Primero llama la atención que no use ni una sola palabra, más allá de algún cartel que aparece en la calle. Como consecuencia lógica de esto, se obliga a sí mismo a exprimir todas las posibilidades narrativas del dibujo para que la historia se entienda de manera perfecta. Y lo consigue, por supuesto. Con un dibujo increíblemente suelto y vívido, muy influído por el dibujo satírico de prensa, Gross experimenta con el trazo y compone con total libertad unas páginas-viñeta fantásticas, y en algunas realmente deja con la boca abierta al lector porque hace cosas totalmente inesperadas. Con un humor basado en el slapstick y en el equívoco, la historia tiene un ritmo vibrante y los disparates se suceden sin pausa, para llegar a un final feliz moral pero con su punto de mala leche en el destino del villano. Todo sazonado, insisto, con soluciones narrativas muy actuales, tanto que si me dicen que este cómic es del año pasado en lugar que de 1930, me lo creo totalmente.

Una verdadera delicia en una edición de Caldas, que no alcanza las cotas de otras ocasiones por lo que respecta, sobre todo, a la reducción del tamaño de página, aunque otros aspectos sí estén tan cuidados como siempre. No obstante supone, efectivamente, un hito de la historieta de lectura obligada para todos los aficionados. No es sólo que no tenga palabras, es que te deja sin ellas.

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